![]() |
||||||
|
pbro. Ricardo Ramos La Parroquia según el Sínodo de Montevideo
INTRODUCCIÓN
Al exponer brevemente algunos de los puntos más importantes en torno a la parroquia, que elaboró el Sínodo Arquidiocesano de Montevideo, quisiera comunicar algo de lo vivido en esta experiencia. El trabajo, especialmente el realizado con el grupo que elaboró el documento -y del cual tuve el inmenso gusto de formar parte- fue de una riqueza inmensa, no sólo en los contenidos, sino en la actitud fraterna de búsqueda, de explicitación sincera de la comunión y del amor por nuestra Iglesia y de servicio incondicional al Reino de Dios. No en vano, y lo destaco desde ya, el perfil fundamental en torno a la "realidad parroquia" se centró en la misión. Esto se evidencia a lo largo de todo el documento, aunque sea explícitamente el tema del segundo núcleo temático; por esto el documento deberá leerse siempre en esta clave. Por un lado, la parroquia como un lugar privilegiado de vivencia concreta de la Iglesia toda (424) 1 , y por otro, "la Iglesia entera es misionera, y cada uno de nosotros, bautizados, tenemos el deber como miembros del Pueblo de Dios, de evangelizar: anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios, catequizando, celebrando los Misterios y a la vez impulsando la promoción humana" (464).
Luego de una breve introducción al tema inspirado especialmente en el documento Eclessia in America, y de un breve desarrollo histórico sobre la parroquia y la animación pastoral en Montevideo desde sus comienzos, se desarrollan los siguientes núcleos temáticos: 1. Parroquia, comunidad de comunidades y servicios. 2. Parroquia, dimensión misionera. 3. Corresponsabilidad en la comunión, en la participación y en la animación evangelizadora. 4. Agentes de pastoral y su formación.
1. Parroquia: comunidad de comunidades
Al comenzar el desarrollo de este núcleo (n. 438) se ponen las bases fundamentales de la propuesta que desarrollará: "La diócesis, sea grande o pequeña, no es un distrito administrativo de una gran organización religiosa llamada Iglesia sino la máxima y suprema concreción de la Iglesia misma. La comunidad local no es una parte de la Iglesia universal: es la Iglesia de Dios toda aconteciendo en un determinado lugar, asumiendo las peculiaridades históricas y la originalidad cultural de la sociedad en la que vive".
Este numeral es capital para todo lo que sigue. En todo el desarrollo de este núcleo se ve un esfuerzo constante por salir de una dinámica o visión sólo "administrativa" de la parroquia, y promover una mirada "humanizadora" de la estructura parroquial y dinamizadora de la vivencia comunitaria. Esto se funda en uno de los aspectos que se ve de la realidad parroquia:
"…Las parroquias, en la medida que están muy centradas en las prestaciones más que en los vínculos, no logran cumplir adecuadamente su dimensión misionera, la reciprocidad entre comunidades, ni llegar a la gente" (447). Como se ve, la revalorización de los vínculos entre las personas, contra una postura de sólo "prestación de servicios" es lo que se subraya fundamentalmente en todo este núcleo, por demás vital para el cumplimiento de la misión. Esto hace que se redefinan algunas cosas como por ejemplo el concepto de territorialidad: "el espacio suficiente para que se establezca ese vínculo verdadero y profundo" (442).
La clave interpretativa de este núcleo se expresa adecuadamente en el numeral 441: "En la parroquia se vivencia y celebra la interacción de los cristianos con la realidad humana y social en la que viven y la fraternidad y reciprocidad entre las personas, familias y diversas agrupaciones". Por esto debemos destacar algunas cosas: la interacción recíproca (es decir, ‘afectación’ de ida y vuelta) y la fraternidad. Y es para esto que están las estructuras de comunión y participación de la Arquidiócesis (cfr. 444). Se entiende de esta manera por qué la propuesta de las pequeñas comunidades, ya que son los ámbitos privilegiados para llevar a cabo vínculos verdaderamente fraternos. Para esto la aspiración fundamental del Sínodo es "seguir generando el gusto por la Palabra de Dios así como de la Eucaristía: Palabra de amistad y fuente de amistad respectivamente" (451). Diría que con este numeral se llega al "clímax" de la propuesta fundamental, frente a un mundo y a veces la misma Iglesia, que privilegia y acentúa los vínculos a partir de la sola prestación de servicios (450). De ahí que una de las opciones fundamentales es buscar toda ocasión -también las prestaciones de servicios- para compartir a Cristo: desde el encuentro con las personas que se acercan por un comprobante de Bautismo hasta la acción más organizada de Evangelización. Todo debe ser ocasión de "compartir a Cristo". Es entonces un fuerte llamado a las comunidades a revisar su vivencia eclesial, preguntándose si verdaderamente sus prioridades pasan por las personas y su realidad, "imaginando nuevas formas de la caridad". Es por demás sugerente la propuesta de hacer dicha revisión a partir del libro de los Hechos de los Apóstoles en su capítulo 10 2 : en vistas de un estilo misionero respetuoso de la realidad de los otros y de enriquecimiento mutuo. La clave está en comprender la dimensión misionera de la parroquia en clave de "encuentro", "interacción recíproca", oración, de un salir al encuentro, de abrirnos respetuosamente a los demás contemplando la acción del espíritu que se anticipa a nuestros proyectos.
Las indicaciones concretas de acción están vinculadas a todo lo anterior (459-463), y las resumo brevemente: promover las Pequeñas Comunidades, privilegiar los vínculos humanos verdaderos y profundos, promover celebraciones en grupos homogéneos -además de la Eucaristía- celebraciones de la Palabra, oración-meditación, convivencias y dinámicas que ayuden al conocimiento y amor mutuo; sectorizar adecuadamente la parroquia y la formación de agentes pastorales animadores de las Pequeñas Comunidades, proyectando la Comunidad Parroquial de diferentes modos según la realidad: urbana, rural o semi-rural, asentamientos, etc..
2: Parroquia, dimensión misionera
El Sínodo exhorta claramente a hacer una opción fundamental de pensar la realidad pastoral parroquial desde esta dimensión, la cual debe ser el "eje" desde donde se definan todas las acciones pastorales y los medios organizativos (474).
Una vez confrontados con el relato de He 10, el Sínodo nos invita a "prestar atención a la realidad y al Espíritu Santo que nos irá mostrando desafíos y prioridades que debemos discernir y asumir, tanto como comunidades parroquiales, así como Arquidiócesis" (465). Y no sólo el "qué", también el "cómo": "Aspiramos a una concepción misionera donde se asuma que todos podemos dar pasos en el descubrimiento y el ejercicio de la vocación cristiana. Se trata de caminar con los otros, en un proceso gradual de enriquecimiento mutuo, de mutua evangelización 3 " (471).
El modo o estilo de la misión es fundamental, vinculado especialmente a todo el primer núcleo desarrollado arriba. Y siendo sumamente coherente con todo lo que viene desarrollando, no es de extrañarse que la concepción misionera fundamental que ‘hace’ a la Parroquia sea la siguiente:
"Donde hay un grupo humano está el espíritu de Dios y allí hay que explicitar la Iglesia. La Pequeña Comunidad en el barrio es la Iglesia en medio de la gente, llega allí donde el centro parroquial no incide. Aspiramos a hablar de Jesús, como Jesús, y con propuestas claras. Es necesario proponer elementos de nuestra identidad que funcionen como convicciones fuertes, explicitar lo no negociable, apuntar a lo verdaderamente definitorio del mensaje evangélico" (472-473).
Frente a esto, destaco la advertencia que se hace de no confundir la dimensión misionera de la parroquia con "misiones o gestos concretos de evangelización explícita" (469). Y no la concibe sólo como una dimensión "transversal", sino constitutiva. La parroquia funda su ser desde la misión y desde el envío. De hecho, con esto es con lo que contamos, y de esto damos testimonio. Nuevamente el Sínodo explicita de esto el "modo", fundamental para el testimonio: "Exhortamos… a revitalizar nuestro compromiso con Cristo, su proyecto y su Iglesia, de manera tal que Él sea realmente el Señor de nuestra vida: de todo lo que somos, poseemos, hacemos y anhelamos" (476).
Sin duda que es un llamado radical a actualizar nuestra vocación bautismal (olvidada muchas veces…). En esto se fundan todas las interacciones recíprocas y los vínculos profundos y verdaderos indicados en el numeral anterior. El numeral 476 recién citado lo considero de vital importancia para establecer una verdadera comunión hacia dentro de la misma comunidad parroquial, así como el vínculo con otros grupos de servicios, movimientos o comunidades religiosas (445, 457). Es la manera de poner en común la experiencia vital de los cristianos: el misterio de la Comunión Trinitaria (445).
Las propuestas de acción del
Sínodo son verdaderamente coherentes con todo lo anterior: que los
organismos de Comunión y Participación de la Arquidiócesis funcionen
en todos los ámbitos; revisar los criterios de la economía
arquidiocesana y la distribución equitativa según las necesidades de
las comunidades (He 2,42). Esto último está vinculado al numeral 476
recién citado, respecto al Señorío de Cristo sobre lo que
poseemos; realidad poco manejada en los ámbitos comunitarios o al menos
no siempre bien elaborada o propuesta. El Sínodo indica también
realizar una estudiada sectorización pastoral parroquial y zonal, que
en el grupo sinodal considerábamos como urgente.
3. Corresponsabilidad en la comunión, participación y animación Evangelizadora
Respecto a este núcleo quiero hacer alguna apreciación en relación al título, ya que comúnmente en algunos documentos que se refieren a esta temática se suele titular de esta manera: "estructuras de comunión…". Optamos por sustituir "estructuras" por "corresponsabilidad", como una manera de ser Iglesia donde todos nos sintamos involucrados, especialmente cuando se subraya la "espiritualidad de la Comunión": "Todos los que integramos el Pueblo de Dios, laicos, presbíteros, diáconos y consagrados, estamos llamados a vivir el misterio de Comunión y colaborar en el crecimiento de la Iglesia; para que su servicio al mundo sea cada vez más, signo de la presencia del Señor entre los hombres" (485).
En este núcleo encontramos una breve semblanza y perfil del Párroco (489-491), así como la ratificación de la necesaria presencia del responsable laico -ya sea como una persona o equipo-, del Consejo de Asuntos Económicos de la Parroquia, y de los ministerios o servicios laicales. La aspiración fundamental de este núcleo es que todo bautizado tome conciencia de la misión de evangelizar (496). Toda la corresponsabilidad está orientada a la misión, y en ella encuentran sentido la participación y la animación evangelizadora (496-501). La aspiración fundamental mencionada va acompañada de otras igualmente importantes, que serían algo así como el desarrollo de esta primera y fundamental: tiene que ver con la acción misionera del laico en sus ámbitos propios (497, 501) y con una adecuada coordinación de la Comunidades Religiosas, Movimientos y Colegios con la actividad pastoral parroquial y zonal (499). A su vez, promoviendo una fuerte actitud dialogante y dejando el ámbito de la aspiración para pasar a la acción, el Sínodo sugiere en vistas de la misión: "Establecer el ministerio de la visita organizada a los vecinos, apuntando a la integración parroquial y a la Pequeña Comunidad, valorando la escucha, el compartir, la cercanía; teniendo en cuenta los recursos mediáticos de instituciones barriales; boletines, hojas parroquiales, periódicos barriales, etc." (484). La corresponsabilidad apunta a un mejoramiento de la calidad de la participación expresada en la participación activa en el discernimiento, en las decisiones y responsabilidades en la vida y marcha de la comunidad Una vez renovado el espíritu de corresponsabilidad en los distintos ámbitos de la comunidad, es necesario procurar que los distintos organismos de comunión y participación funcionen verdaderamente, sirviendo para aquello para lo cual están constituidos. Es de destacar la indicación de revisar los criterios de la economía diocesana y la distribución equitativa de los ingresos según las necesidades de las comunidades (He 2,42), volviendo los ojos a la vivencia de las primeras comunidades del libro de los Hechos de los Apóstoles. Por último, la sana y necesaria indicación de revisar el marco normativo de los organismos de comunión y participación del área territorial, así como el Reglamento para el Consejo de Asuntos Económicos Parroquiales. La evangelización, además de proyectos, necesita "medios", por lo que el Sínodo tiene una mirada realista sobre esto. El manejo de los bienes y medios para la misión está en el corazón de la corresponsabilidad, a veces demasiado "espiritual".
4. Agentes de pastoral y su formación
Sin duda, todos estamos de acuerdo en esta necesidad. El Sínodo hace un pequeño y no menos importante vuelco en lo que respecta a la formación. Concretamente, desde una eclesiología de la comunión, considera importante la formación y autoformación permanente y adecuada del laicado (510). Esto que parece un "detalle" o una disquisición mínima no lo es tanto. La propuesta de la autoformación se manejó desde lo que magníficamente dice el Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática Dei Verbum en el numeral 8 respecto a la Tradición. Me permito citar aquí todo el texto, aunque sea un poquito largo: "(La Tradición)… que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo; puesto que va creciendo la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que la meditan en su corazón (cfr. Lc 2,19;51); ya por la inteligencia íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad. (…) la presencia vivificante de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante."
La vivencia de Cristo transmitida por la Iglesia supone y cuenta con la "contemplación y estudio de los creyentes, que la meditan en su corazón", por esto entendimos que la formación debe recobrar este espíritu, no como algo sólo que "me dan", sino también como algo que cada uno está llamado a aportar, cultivar, con el estudio y la propia contemplación de los misterios de Cristo en su vida. El deseo de la formación surge de la propia experiencia que Cristo Vivo hace en el corazón de sus amigos, y que hacen nacer el anhelo ferviente de conocerlo aún más y de darlo a conocer aún más. En este sentido se entiende
el párrafo siguiente:
"La experiencia que Dios hace en los laicos y agentes pastorales, despierta en ellos el anhelo de conocer al mismo Dios que los ama en su misma situación secular, por esto buscarán todos los medios posibles que les permitirán iluminar y transformar las realidades del mundo en las que están insertos" (511).
De esta forma se valoran entonces los distintos servicios y ministerios que el Espíritu de Dios suscita en las comunidades, subrayando la dimensión teológico-pastoral que tiene:
"Sin abusar y generalizar el uso de la denominación ministerios y servicios, pensamos que la explicitación ministerial tiene dos objetivos: a) La persona y la comunidad asume un mandato explícito del Señor. b) Es el recuerdo permanente a la comunidad de que es el Señor que nos ha elegido -y no nosotros- y encargado dar mucho fruto (Jn 15,16)" (514).
Por lo dicho, el Sínodo trata de promover nuevamente la corresponsabilidad, a la vez que la apertura incondicional al Espíritu de Cristo que anima a su Iglesia, atendiendo a las necesidades reales que surgen a partir de la exigencia de la Evangelización, desde el testimonio de amor entendido como servicio (cfr. 513). Llegados aquí, se podría decir que la ministerialidad o el servicio supone un territorio, un ámbito específico donde concretar los vínculos fraternos y de interacción recíproca enunciados anteriormente. A esta interacción quieren servir, y por esto se especificaron cuatro ámbitos privilegiados en coherencia con los numerales anteriores: 1. Ministros o servidores de la Palabra. 2. Ministros o servidores de la Liturgia. 3. Ministros o servidores de la Caridad. 4. Ministros o servidores de la Coordinación. Cada uno tiene ministerios muy específicos que no detallaré aquí. Por último, quiero subrayar la riqueza de este numeral, resaltar el fuerte llamado a la corresponsabilidad que nos hace con los dones con que abundantemente Dios nos enriquece a todos.
Resumiendo
Para finalizar, quisiera exhortar nada más a dejar resonar algunas palabras fundamentales de este documento que considero sumamente fermental y motivador: vínculos fraternos, amistad, interacción recíproca, corresponsabilidad, apertura, encuentro, acogida, vecinos, misión. Pbro. Ricardo Ramos Blassi
|
||||||