Ageo y Zacarías:

los profetas de la esperanza y la reconstrucción

 

En el año 520 antes de Cristo, los israelitas habían vuelto del Exilio en Babilonia, pero no habían vuelto todos, y estaban reconstruyendo Jerusalén. En el 538 el rey Ciro, el persa liberó a los israelitas de Babilonia en donde estaban cautivos, y dio permiso para reedificar la ciudad y reconstruir el Templo.

En aquel año Ciro murió y su sucesor el rey Darío, no le dio tanta protección a los israelitas como su antecesor. Las tribus edomitas y los samaritanos hacían la guerra a Israel, y les ponían trabas en la reconstrucción de las murallas y del Templo. Israel no era libre como antes, y aunque el Imperio Persa le había permitido volver a su tierra, Israel se había enfrentado a muchas dificultades para reconstruir sus ciudades y volver a su Patria. Las dificultades eran muchas: 1) No todos los israelitas habían querido volver, muchos tenían sus negocios y sus casas en Babilonia y Persia, y no creían que valiera la pena volver a su Tierra donde sus casas estaban en ruinas, habían pasado 70 años desde su ida a Babilonia y volver suponía empezar de nuevo. 2) Aunque muchos habían vuelto, se les ponían trabas y si bien la ciudad se había reconstruido, no tenían ánimo de hacer lo mismo con el Templo, y por otra parte, muchos flaqueaban en su fe. Por eso hacia fines del 520, fecha en que Ageo y Zacarías comienzan a predicar, la reconstrucción del Templo se había detenido. Zorobabel, el gobernante judío que Ciro había colocado en la región, temía por su puesto, y las cosas no se presentaban muy favorables para él en la corte del Imperio. Josué, el Sumo sacerdote, tampoco estaba del mejor ánimo, y las obras estaban detenidas.

En ese momento estos dos valientes profetas, empiezan a predicar, y llaman a Israel a la reconstrucción del Templo, de su fe y de su nación.

Sus hermosos libros son un mensaje de esperanza, y estos dos profetas son claves para evitar que el pueblo de Israel se desintegre y disperse entre los otros pueblos, evitando que lo que los babilonios no habían conseguido, lo consiguiera la deses-peranza de los que habían retornado.

 

Ageo, profeta valiente y exigente

Ageo llama a los gobernantes de Israel y a todo el pueblo, a la responsabilidad y el compromiso. Dios ha puesto la condición de que se reconstruya el Templo. Esta es la condición para el retorno de Yavé y su presencia en medio de su Pueblo. También esto abrirá caminos para la venida de su Reino y la salvación.

(Ageo 1,2-8). Puede parecer extraño que Dios exija el Templo, pero si lo pensamos es lo más lógico. "Han comido pero no saciado su hambre". Es que el hombre no es un gran estómago, y aunque las necesidades materiales hayan sido satisfechas, el hambre y la sed de amor, de verdad, de dignidad y justicia no se han saciado.

 

El hombre precisa de Dios, Israel precisaba del Templo

No será el Templo construido en esta ocasión, un Templo majestuoso, como el que los babilonios habían destruido. Será un templo más modesto pero muy digno, porque será lugar de reunión del Pueblo, será el signo de su identidad y de la presencia del Señor. Sin la predicación de Ageo y Zacarías, posiblemente la supervivencia de Israel como nación no hubiera sido posible. El Templo era clave para subsistir. Para Ageo, si el hombre no tiene fe, y no se acerca al Señor, vivirá sometido a sus instintos, no tendrá conducta coherente, y serán sus impulsos egoístas los que conduzcan su vida. Ageo afirma que no hay que temer, que el Templo se va a reconstruir y será más glorioso que el anterior, pues Dios apoyará a su Pueblo y le traerá la salvación (Ageo 2,1-10). En el mismo libro se consigna que la obra del Templo se comenzó a reanudar ante las palabras del Profeta, y que Zorobabel y Josué volvieron a animar al Pueblo para que reconstruyera la Casa del Señor (Ageo 1,14-15).

 

Zacarías y sus visiones

Cuando uno lee a este profeta, que predica en la misma época que Ageo, constata que lo anima un estilo de predicación muy distinto.

Él intenta mediante algunos símbolos, transmitir un mensaje de esperanza para Israel, que está viviendo una gran crisis. Así Zacarías tiene una serie de visiones que hablan de esperanza, donde parece no haberla.

En la primera visión ve a un ángel y a cuatro jinetes. El ángel es la imagen de la Palabra y la sabiduría de Dios, y los jinetes representan a los cuatro vientos y a los cuatro puntos cardinales. En esta visión, el mensaje es que a través del Pueblo de Israel y de su fe, vendrá la paz sobre la Tierra, y Jerusalén reconstruida será el lugar de donde partirá la salvación (cfr. Zacarías 1,7-17).

La segunda visión nos muestra a cuatro cuernos y cuatro herreros. Los cuatro cuernos son las fuerzas humanas, y los poderes de los Imperios que dispersaron a Israel, y atentaron contra él. Pueden ser Egipto, Edom, Asiria y Babilonia. Y los cuatro herreros son símbolo de las fuerzas celestiales y de la fuerza del pueblo de Israel. Los herreros abaten los cuernos, y hacen que cese su poder. Dios no abandonará a su Pueblo elegido (Zacarías 2,1-4). La tercera visión nos muestra a un hombre con una cuerda de medir. Este hombre mide el solar donde estará la futura ciudad reconstruida de Jerusalén y su Templo, y no hay lugar para el temor. Jerusalén será una ciudad habitada por multitud de hombres y ganado (Zacarías 2,5-9).

La cuarta visión es sobre Josué el Sumo Sacerdote, al que ve con vestiduras sucias y flanqueado por Satanás y por el Ángel de Dios. Satanás acusa a Josué y lo proclama indigno. El sacerdote está sucio, porque representa a Israel y sus pecados, y esa suciedad no es material. Josué no se decidía a asumir su puesto de Sumo Sacerdote, y dudaba sobre la reconstrucción del Templo. Pero el ángel de Yavé lo defiende y ordena que le den vestiduras nuevas. Eso significa que Dios mismo, purificará los pecados de Israel y lo liberará (Zacarías 3,1-7).

La cuarta visión es ciertamente la que inspiró al que escribió el libro del Apocalipsis (cfr. Apocalipsis 1 y 2). Es una visión en la que aparece un candelabro de oro con siete lámparas y siete espacios para ellas. Hay dos olivos que lo flanquean. El candelabro es un Ménorah, el candelabro que se usaba en la ceremonia del Sábado. Representa al Pueblo de Israel de pie ante el Señor, y las luminarias son la imagen de la Gracia de Dios que ilumina y protege a Israel. Los Olivos son "los dos Ungidos (Mesías) que están de pie ante el Señor de toda la Tierra." Pueden ser el Rey de Israel que vendrá (el llamado Cristo, que significa ungido, y su Sacerdote también Ungido).

Los cristianos ven aquí la imagen de Cristo, el Ungido por excelencia, el Mesías esperado por Israel, que es a la vez, Sacerdote y Rey.

Luego hay tres visiones más, la del rollo que vuela (Zacarías 5,1-4) y la de la mujer dentro de la medida (Zacarías 5,5-11). El rollo es la palabra del juicio de Dios que condena a los imperios que han explotado a Israel, y la segunda representa la maldad que ha colmado ya la paciencia de Dios y que se volverá contra los enemigos de su Pueblo. La visión de los caballos y los carros que siguen representando a los cuatro vientos reafirma la primera visión. La voluntad de Dios se cumplirá y por más que los poderosos conspiren el Señor llevará a cabo su voluntad (Zacarías 6,1-8).

 

La esperanza de Israel

En este libro que sienta las bases para el género profético apocalíptico con imágenes fantasiosas y simbólicas se nos muestra que la historia tiene un sentido y este sentido no es trágico, sino que es un horizonte de esperanza. El Reino de Dios llegará a establecerse e Israel conocerá la paz. Esta paz mesiánica sin embargo depende de la fe y del actuar del Pueblo que la empieza a construir hoy. Hay una invitación a Israel y a sus líderes para que no bajen los brazos, puesto que Dios los apoya, y no los abandonará.

Gracias a Ageo y Zacarías la esperanza del pueblo no se perdió e Israel abrió los caminos para la venida del Salvador.

 

Eduardo Ojeda