JULIUS NYERERE

El sueño de una África unida

 

El pasado 21 de enero concluyó oficialmente en Dar es Salam, capital de Tanzania, la fase diocesana del proceso de beatificación del primer presidente del país Julius Nyerere, con una Eucaristía celebrada por el card. Polycarpo Pengo, arzobispo de Dar es Salam.

El nombre de Nyerere se añadiría a la ya larga lista de políticos cristianos, como Robert Shuman, Alcide De Gasperi, Giorgio La Pira, Luigi Sturzo, figuras extraordinarias de la posguerra europea, que también van camino a los altares. Ya la Congregación por las Causas de los Santos estableció que Nyerere pueda ser llamado "siervo de Dios". Para el pueblo de Tanzania es el padre de la patria. Por su larga lucha no violenta en pos de la descolonización de las colonias portuguesas y de Rhodesia del Sur, así como por su batalla contra el "apartheid" en Namibia y Sudáfrica, fue considerado en su época como la conciencia de África. Abrió las puertas de Tanzania a los refugiados de las colonias portuguesas y de Sudáfrica, poniendo a su disposición tierras y recursos. En su patria instaló una especie de socialismo africano, sobre la base del principio cristiano de la solidaridad y de la tradición local de la "Ujimaa", la solidaridad familiar típica de las poblaciones locales. Tuvo una política de desarrollo agrícola basado en el propio esfuerzo y en la mutua ayuda a través de cooperativas. Solía decir que la tierra con sus frutos Dios la había creado para todos. Fue un visionario que en la década del setenta ya soñaba con la unidad de los africanos: "Yo creo en la fraternidad de los hombres y en la unidad de África", decía. "Desearía encender un cirio y ponerlo en la cumbre del monte Kilimanjaro para que ilumine hasta más allá de nuestras fronteras, dando esperanza a los que están desesperados, poniendo amor donde hay odio y dignidad donde antes sólo había humillación".

Católico práctico, participaba diariamente de la Misa y no tenía miedo en profesar públicamente su fe; en ella fundamentaba su entereza moral y su profundo espíritu de servicio. Todos, también hoy, le reconocen calidad de estadista y sobre todo una vida intachable, sencilla y coherente con los valores de la verdad y de la justicia con los que él se identificaba. Su sabiduría y su ejemplo de integridad personal (rechazó todo privilegio y murió pobremente) inspiraron y siguen inspirando a muchos en un país y en un continente donde la corrupción llega a niveles altísimos. Hablando de la Iglesia decía: "La Iglesia es parte integrante de nuestro pueblo y de nuestra lucha contra la pobreza y la injusticia, porque es parte integrante de nuestra vida". Su desapego del poder a pesar de haber sido reelegido cuatro veces desde1962, lo llevó a renunciar voluntariamente como presidente de Tanzania en 1985. A su funeral asistieron 14 jefes de estado y 70 delegaciones oficiales de otros países.

Dijo de él Samuel Kobia, secretario general del Consejo Ecuménico de las Iglesias: "El mundo debería emular su vida sin ostentaciones y África debería honrarlo prosiguiendo sus esfuerzos por la unidad y la paz". Murió el 14 de octubre de 1999.