VATICANO

El verdadero martirio

En una carta dirigida al card. José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el Papa Benedicto le pidió distinguir mejor la diferencia entre los beatos y los santos y precisar el concepto de "martirio" como muerte por "odio a la Fe".

El Papa pidió al card. Saraiva enviar una instrucción a las diócesis para salvaguardar la seriedad de las investigaciones diocesanas. Debe haber "fama de santidad comprobada, aunque se trate de personas que se han distinguido por su coherencia evangélica y por particulares méritos eclesiales y sociales". Pide profundizar el tema de los milagros a la luz de la tradición de la Iglesia, de la teología actual y de las pruebas científicas. Según el Papa "es necesario aclarar la diferencia sustancial entre beatificación y canonización y que en los ritos de beatificación se involucren más las Iglesias particulares. Las causas de los santos se consideran causas mayores por su incidencia en la vida del pueblo de Dios". Se perfila aparentemente un ritmo menos intenso de beatos y santos que en el tiempo de Juan Pablo II.

En cuanto al martirio afirma: "El martirio tiene en Cristo su fuente y modelo, pero han cambiado hoy los contextos culturales del martirio y las estrategias de parte de los persecutores, que tratan de evidenciar cada vez menos de forma explícita su aversión a la fe cristiana y simulan diferentes razones, por ejemplo de naturaleza política o social". Por lo tanto, afirma el Papa, "es necesario conseguir pruebas irrefutables de la disponibilidad al martirio, como por ejemplo el derramamiento de sangre y su aceptación por parte de la víctima, pero es igualmente necesario que aflore directa o indirectamente, de forma moralmente cierta, el odio a la fe del perseguidor. Si faltara este elemento, no habría un verdadero martirio según la perenne doctrina teológica y jurídica de la Iglesia".

El tema del "martirio" es especialmente importante porque en los últimos tiempos han habido una gran cantidad de cristianos que han ofrecido su vida por las causas de la caridad y de la justicia en nombre del Evangelio, si bien no han tenido que sufrir o morir explícitamente por odio a Cristo y a la fe cristiana, como en el caso de Maximiliano Kolbe o Edith Stein, y más recientemente del arzobispo Oscar Romero de El Salvador por su defensa de la justicia o del sacerdote italiano Pino Puglisi por su lucha en contra de la mafia.