INTRODUCCIÓN

El primer día de la semana

El papa Juan Pablo II, en el año 1998, escribió una Carta Apostólica titulada "El Día del Señor", invitándonos a no tener miedo de dar nuestro tiempo a Cristo, porque Él nos entrega "su día" como un don siempre nuevo de su amor.

Es importante descubrir el valor de este "primer día de la semana" para llegar a dar sentido y plenitud a todos los demás días de nuestra vida. "El descubrimiento de este día es una gracia que se ha de pedir, no sólo para vivir en plenitud las exigencias propias de la fe, sino también para dar una respuesta concreta a los anhelos íntimos y auténticos de cada ser humano. El tiempo ofrecido a Cristo nunca es un tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanidad profunda de nuestras relaciones y de nuestra vida" (n. 7).

 

Domingo: Día del Señor

Esta Carta Apostólica subraya el papel del ser humano, creado a imagen de Dios, que ha recibido el mandato de regir el mundo en justicia y santidad, sometiendo la tierra con cuanto hay en ella, y reconociendo a Dios como creador de todas las cosas. "El séptimo día concluyó la obra que había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró" (Gén 2,2-3).

El precepto del sábado, que en la primera Alianza prepara el domingo, se basa en la profundidad del proyecto de amor de Dios. Por eso, ni los israelitas ni los cristianos lo consideran como una pura disposición de disciplina religiosa, sino como "una expresión específica e irrenunciable de su relación con Dios". Aunque el domingo tiene una convergencia natural con la necesidad humana del reposo, es necesario referirse a la fe para descubrir su sentido profundo y no correr el riesgo de banalizarlo y traicionarlo. Toda nuestra vida y nuestro tiempo deben ser vividos como alabanza y agradecimiento al Creador. Pero la relación del ser humano con Dios necesita también momentos de oración explícita. "El ‘Día del Señor’ es por excelencia el día de esta relación, en la que el hombre eleva a Dios su canto, haciéndose voz de toda la creación" (n. 15).

Esta invitación a recordar la creación se repite en relación con la liberación llevada a cabo por Dios al sacar a su pueblo de Egipto. Así, en "el día de reposo" de los hebreos se unen el reconocimiento de la creación y de la salvación.

Los cristianos al percibir que la salvación definitiva ha sido inaugurada por Cristo, tomaron como festivo el primer día después del sábado, ya que en él se produjo la resurrección del Señor. "Lo que Dios obró en la creación y lo que hizo por su pueblo en el Éxodo, encontró en la muerte y resurrección de Cristo su cumplimiento... Del ‘sábado’ se pasa al ‘primer día después del sábado’, del séptimo día al primer día: ¡el Día del Señor se convierte en el Día de Cristo!" (n. 13).

Este Día de Cristo es por excelencia el Día de la Fe.

 

Domingo: Día de la Iglesia

La eucarística es un momento importante en la vida de nuestras comunidades: no sólo el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino que es la celebración de la presencia viva del Resucitado en medio de los suyos. Por lo cual no es suficiente que los cristianos se acuerden personalmente y recen, ese día en sus casas. No han sido salvados a título personal, sino como miembros de una familia, el Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Es necesario entonces que se reúnan todos y festejen como pertenecientes a un cuerpo vivo y den testimonio al mundo que son el pueblo de los redimidos, formado por toda clase de hombres y mujeres. Así lo comprendieron los primeros discípulos que se reunían asiduamente para la fracción del pan, según Hechos 2,42-47.

Alrededor de la Misa dominical se construye la comunidad parroquial. La relación con la resurrección de Jesús y el ritmo semanal de su conmemoración, nos ayudan también a recordar el carácter peregrino del pueblo de Dios: "de domingo en domingo, la Iglesia se encamina hacia el último día del Señor", el domingo que no tiene fin, la espera de la segunda venida de Cristo.

Entonces, si llamamos al domingo "día de la fe", lo consideramos también el "día de la esperanza cristiana", ya que la comunidad cristiana está a la espera de "la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo".

 

Domingo: Día del Hombre

Para los cristianos no es normal que el domingo, día de fiesta y de alegría, no sea también el día de descanso, y ciertamente es difícil para ellos "santificar" el domingo no disponiendo del tiempo libre suficiente… El descanso es sagrado, porque nos libera de los muchos, a veces excesivos, compromisos terrenos.

La insistencia de la Iglesia a lo largo de los siglos sobre el descanso dominical, buscó sobre todo que las legislaciones hicieran más llevadero el trabajo de los más desprotegidos y permitiera a todos santificar el día del Señor. "En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión ‘profética’, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica... En resumen, el día del Señor se convierte así también, más apropiadamente, en el día del hombre" (n. 68).

Si el domingo es día de alegría, es preciso que el cristiano manifieste con sus actitudes concretas, que no puede ser feliz "solo".

La conclusión de la Carta nos habla de la riqueza espiritual del domingo y nos dice que es como una síntesis de la vida cristiana. El domingo tiene un valor de testimonio y de anuncio. Día de oración, de comunión y de alegría, repercute en la sociedad irradiando energías de vida y motivos de esperanza. "El domingo es una invitación a mirar hacia adelante; es el día en el que la comunidad cristiana clama a Cristo, ¡Ven, Señor! La comunidad cristiana iluminada por Cristo camina hacia el domingo sin fin de la Jerusalén celestial..." (n. 84).

 

El Día que santifica todos los días

Como el "Día del Señor" es preparado por los seis días de la creación, los días en que se pone en obra su palabra creadora y se realiza lo bueno y lo hermoso que rodea la vida del ser humano, así la liturgia refleja la gran obra de la creación resumiendo en la fiesta del "Día del Señor" todas las obras realizadas conjuntamente por Dios y el ser humano.

Así los siete Itinerarios de formación litúrgica recorren algunas palabras claves de la historia de la salvación:

- La Santísima Trinidad, principio y fin de todas las personas y las cosas.

- La Creación, el punto inicial de esta historia de amor entre Dios y el ser humano, imagen de Él.

- La Amistad (la Alianza), el diálogo y el encuentro que Dios establece con la humanidad, mediante el don de su Palabra.

- La Liberación (o Redención) que a partir del Éxodo pasa a ser un punto constante en la historia de la salvación, hasta culminar con la redención de Cristo.

-El compromiso profético para vencer el mal y hacer un mundo nuevo.

- La realización plena que es la meta final, la nueva creación a la cual tendemos.

- La comunidad (la Iglesia), que es el camino por el que podemos vivir hoy la propuesta salvadora de Jesús.

En cada uno de estos 7 días simbólicos se reflexiona sobre los tiempos y los espacios litúrgicos, aportando algunas oraciones y explicando unas 70 palabras claves de la liturgia.