MALAQUÍAS:

El Profeta anónimo

¿Es Malaquías el último profeta del Antiguo Testamento?

Eso es lo que no está claro, y tampoco se sabe quien fue el autor de este libro profético, que aparece en último lugar en los escritos del Antiguo Testamento.

Una serie de antiguos comentaristas judíos atribuyeron su autoría al sacerdote y reformador hebreo Esdras (siglo V a.C.), aunque los especialistas modernos lo dudan. Dudan también que la palabra hebrea Malají, utilizada como nombre en Mal 1,1, sea un nombre propio. Significa "mi mensajero", un apelativo que aparece en Mal 3,1. Aunque Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento en las versiones cristianas de la Biblia, y aparece como el último de los 12 libros proféticos breves en la segunda parte del canon hebreo, quizá no sea el último en haber sido compuesto. Las pruebas apuntan a que fue escrito en una fecha posterior al exilio, acaso en torno a la década del 460 al 450 a.C., o antes de la implantación de las reformas de Nehemías, un líder judío del siglo V a.C. Muy probablemente sean Ageo, Zacarías y el tercer Isaías los últimos profetas del Antiguo Testamento en escribir. El libro consta de un prólogo (Mal 1,1); y de oráculos proféticos (Mal 1,2-3,12) presentados en una singular forma didáctica. El método del autor consiste en formular preguntas y, a continuación, responderlas, en lugar de profetizar oráculos en la forma usual de los profetas. Son preguntas que la gente se hacía sobre Dios y sobre la conducta a seguir. Hay una parte final (Mal 3, 22-24) que los especialistas creen que fue añadida por los discípulos del profeta que compilaron los escritos y le dieron su forma presente. Así el autor prefirió dejar su nombre en el anonimato.

 

Contenido del Libro

Malaquías escribió en un momento muy difícil. Israel había llegado recién a su Patria luego del Destierro en Babilonia, gracias a la victoria de Ciro el Persa contra ese Imperio. Así en el año 538 a.C. el pueblo judío volvió a su tierra, aunque no del todo libre, sino como vasallo del Imperio Persa. Habían muchas dificultades e inseguridades para los judíos, porque no habían vuelto todos, y encontraron un país en ruinas, sus ciudades destruidas, y la oposición de los samaritanos y los idumeos, (que habitaban el país vecino a Israel). Sin embargo, Malaquías afirma con gran seguridad que Dios ama a Israel, que nunca lo abandonará y que sus enemigos no impedirán su futuro y no lo podrán dañar (Mal 1, 2-5).

 

Un Dios exigente

Sin embargo, el Señor es exigente en su amor, y el profeta no duda en su nombre en censurar a los sacerdotes y al pueblo cuando desprecian el nombre de Dios al entregar animales defectuosos para el sacrificio. Hay además una fuerte advertencia contra los sacerdotes que desatienden sus obligaciones.

Podrán cumplir ritualmente con el culto pero no muestran fe, ni amor a Dios. En su corazón no hay piedad ni respeto al Señor (Mal 1,6-14 y 2,1-9).

El profeta critica luego al pueblo por los matrimonios mixtos con gente de los pueblos paganos (Mal 2, 10-16). Esto puede parecer un tanto racista, intolerante o poco ecuménico. Pero hay que recordar que la identidad y la fe de Israel estaban en juego, porque las mujeres extranjeras que eran tomadas como esposas principalmente por los líderes religiosos o los líderes políticos de Israel, eran un mal ejemplo para el pueblo.

Ellas adoraban a los falsos dioses, y podían llegar a suprimir la fe en el Dios de Israel. Esto ya había ocurrido en el antiguo reino de Israel, y había sido una de las causas de la tragedia del destierro. Esdras y Nehemías que por la misma época intentaban reagrupar al Pueblo en torno a la fe común en Yavé, también se opusieron a los matrimonios mixtos y tomaron medidas contra ellos porque estaba en juego la misma fe del Pueblo que había hecho alianza con el Señor (cfr. Esd 9 y 10 y Neh 13,23-31).

Como vemos, el profeta se preocupa por la ética y la conducta del pueblo luego del exilio ya que la crisis moral era muy grande, y la fe en Dios parecía algo inútil. Muchos se preguntaban: "¿Por qué Dios permitió que fuéramos esclavos y perdiéramos nuestra libertad?" Al pueblo le cuesta aceptar su responsabilidad en la tragedia y experimenta lo que hoy llamaríamos una crisis de valores, por eso no es de extrañar que el culto decayera y que hubiera una confusión en el sentido moral.

"Ustedes cansan a Yavé con sus palabras, y todavía dicen: ¿En qué le cansamos?

Le cansan cuando dicen que todo el que obra el mal es bueno a sus ojos y él le acepta complacido; o también cuando dicen: ¿Dónde está el Dios del Juicio?" (Mal 2,17).

 

Mensajes de justicia y salvación

Después de esto Malaquías advierte que Dios en persona vendrá, anunciado por su mensajero, y juzgará a los malvados que ya no le temen como al "Dios del juicio", realizando una purificación en la vida y en los corazones del pueblo de Israel (Mal 3,1-5). Los cristianos hemos visto en este oráculo el anuncio de la venida del Mesías y de su mensajero o precursor.

Pero este "Mesías" no es un hombre más ni un profeta, es Dios mismo que visitará a su pueblo. Aquí hay un anuncio velado de la venida del Hijo de Dios hecho hombre que no sólo purificará a Israel sino a todos los hombres.

Pero el pueblo, para recibir la bendición y la salvación de Dios debe ser justo y exigente consigo mismo, por eso el profeta explica a continuación que las cosechas han fracasado porque el pueblo está robando a Dios al no ofrendar "el diezmo íntegro" que exige la ley. Si ofrendaran lo mandado, Dios retiraría su maldición y enviaría buenas cosechas (Mal 3,6-12).

La última profecía (Mal 3,13-21) anuncia que la obediencia a Dios será recompensada cuando llegue el día del juicio de Dios a todos los pueblos de la Tierra. Es el concepto del "Día de Yavé", ya formulado anteriormente por Sofonías y por otros grandes profetas, concepto que se profundizará en años posteriores hasta la época de Jesús, donde llegará a su apogeo. La misma prédica de Jesús se basa en él.

 

El regreso de Elías

y el silencio de Dios

El profeta parece anunciar el regreso de Elías. Explícitamente se habla de la vuelta del antiguo profeta, que vendría a reconciliar al Pueblo para esperar la liberación que el mismo Dios traería. Esta tradición se difundió porque Elías desapareció en misteriosas circunstancias, lo cual alimentó esta creencia. Pero no fue dicho por el profeta sino por sus discípulos en el breve epílogo del que hablamos antes (Mal 3,23).

Sin embargo, en el cuerpo fundamental del libro se habla ya de un misterioso mensajero que precedería al Señor que vendría en persona a salvar y renovar a Israel (Mal 3,1).

No es de extrañar que Israel viviera en la expectativa de esta profecía de Malaquías, que influyó notablemente en su espiritualidad, marcada a fuego por la espera del Mesías y los tiempos del juicio final de Yavé contra las naciones.

No es de extrañar que al venir Jesús, ante sus milagros y lo que él mismo decía, sus oyentes creyeran que el tiempo final de la salvación y del Mesías había llegado. ¿Pero realmente iba a venir el mismo Elías? Desde los últimos profetas del Antiguo Testamento (Ageo, Zacarías, Malaquías y el tercer Isaías) Dios había guardado silencio durante casi 200 años, y ya no habían aparecido profetas que hablaran como Malaquías diciendo la clásica frase: "Así dice Yavé".

Por eso la pregunta referida a Juan el Bautista de si era Elías tenía sentido. Porque este profeta había roto este silencio de Dios (Jn 1,19-23).

Juan mismo se inspiró en Malaquías y posiblemente en el segundo Isaías y afirmó que él era el mensajero esperado que precedería al Salvador (Jn 1,25-27).

El mismo Jesús terminó aclarando el misterio: "Cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie la visión que habían tenido hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Sus discípulos le preguntaron: ¿Pero por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Él respondió: Ciertamente Elías ha de venir a restaurarlo todo. Les digo, sin embargo, que Elías vino ya pero no lo reconocieron e hicieron con él lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre tendrá que padecer de parte de ellos. Entonces sus discípulos comprendieron que él les estaba hablando de Juan el Bautista" (Mt 17,9-13).

Eduardo Ojeda

¿Es Malaquías el último profeta del Antiguo Testamento?

Eso es lo que no está claro, y tampoco se sabe quien fue el autor de este libro profético, que aparece en último lugar en los escritos del Antiguo Testamento.

Una serie de antiguos comentaristas judíos atribuyeron su autoría al sacerdote y reformador hebreo Esdras (siglo V a.C.), aunque los especialistas modernos lo dudan. Dudan también que la palabra hebrea Malají, utilizada como nombre en Mal 1,1, sea un nombre propio. Significa "mi mensajero", un apelativo que aparece en Mal 3,1. Aunque Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento en las versiones cristianas de la Biblia, y aparece como el último de los 12 libros proféticos breves en la segunda parte del canon hebreo, quizá no sea el último en haber sido compuesto. Las pruebas apuntan a que fue escrito en una fecha posterior al exilio, acaso en torno a la década del 460 al 450 a.C., o antes de la implantación de las reformas de Nehemías, un líder judío del siglo V a.C. Muy probablemente sean Ageo, Zacarías y el tercer Isaías los últimos profetas del Antiguo Testamento en escribir. El libro consta de un prólogo (Mal 1,1); y de oráculos proféticos (Mal 1,2-3,12) presentados en una singular forma didáctica. El método del autor consiste en formular preguntas y, a continuación, responderlas, en lugar de profetizar oráculos en la forma usual de los profetas. Son preguntas que la gente se hacía sobre Dios y sobre la conducta a seguir. Hay una parte final (Mal 3, 22-24) que los especialistas creen que fue añadida por los discípulos del profeta que compilaron los escritos y le dieron su forma presente. Así el autor prefirió dejar su nombre en el anonimato.

 

Contenido del Libro

Malaquías escribió en un momento muy difícil. Israel había llegado recién a su Patria luego del Destierro en Babilonia, gracias a la victoria de Ciro el Persa contra ese Imperio. Así en el año 538 a.C. el pueblo judío volvió a su tierra, aunque no del todo libre, sino como vasallo del Imperio Persa. Habían muchas dificultades e inseguridades para los judíos, porque no habían vuelto todos, y encontraron un país en ruinas, sus ciudades destruidas, y la oposición de los samaritanos y los idumeos, (que habitaban el país vecino a Israel). Sin embargo, Malaquías afirma con gran seguridad que Dios ama a Israel, que nunca lo abandonará y que sus enemigos no impedirán su futuro y no lo podrán dañar (Mal 1, 2-5).

 

Un Dios exigente

Sin embargo, el Señor es exigente en su amor, y el profeta no duda en su nombre en censurar a los sacerdotes y al pueblo cuando desprecian el nombre de Dios al entregar animales defectuosos para el sacrificio. Hay además una fuerte advertencia contra los sacerdotes que desatienden sus obligaciones.

Podrán cumplir ritualmente con el culto pero no muestran fe, ni amor a Dios. En su corazón no hay piedad ni respeto al Señor (Mal 1,6-14 y 2,1-9).

El profeta critica luego al pueblo por los matrimonios mixtos con gente de los pueblos paganos (Mal 2, 10-16). Esto puede parecer un tanto racista, intolerante o poco ecuménico. Pero hay que recordar que la identidad y la fe de Israel estaban en juego, porque las mujeres extranjeras que eran tomadas como esposas principalmente por los líderes religiosos o los líderes políticos de Israel, eran un mal ejemplo para el pueblo.

Ellas adoraban a los falsos dioses, y podían llegar a suprimir la fe en el Dios de Israel. Esto ya había ocurrido en el antiguo reino de Israel, y había sido una de las causas de la tragedia del destierro. Esdras y Nehemías que por la misma época intentaban reagrupar al Pueblo en torno a la fe común en Yavé, también se opusieron a los matrimonios mixtos y tomaron medidas contra ellos porque estaba en juego la misma fe del Pueblo que había hecho alianza con el Señor (cfr. Esd 9 y 10 y Neh 13,23-31).

Como vemos, el profeta se preocupa por la ética y la conducta del pueblo luego del exilio ya que la crisis moral era muy grande, y la fe en Dios parecía algo inútil. Muchos se preguntaban: "¿Por qué Dios permitió que fuéramos esclavos y perdiéramos nuestra libertad?" Al pueblo le cuesta aceptar su responsabilidad en la tragedia y experimenta lo que hoy llamaríamos una crisis de valores, por eso no es de extrañar que el culto decayera y que hubiera una confusión en el sentido moral.

"Ustedes cansan a Yavé con sus palabras, y todavía dicen: ¿En qué le cansamos?

Le cansan cuando dicen que todo el que obra el mal es bueno a sus ojos y él le acepta complacido; o también cuando dicen: ¿Dónde está el Dios del Juicio?" (Mal 2,17).

 

Mensajes de justicia y salvación

Después de esto Malaquías advierte que Dios en persona vendrá, anunciado por su mensajero, y juzgará a los malvados que ya no le temen como al "Dios del juicio", realizando una purificación en la vida y en los corazones del pueblo de Israel (Mal 3,1-5). Los cristianos hemos visto en este oráculo el anuncio de la venida del Mesías y de su mensajero o precursor.

Pero este "Mesías" no es un hombre más ni un profeta, es Dios mismo que visitará a su pueblo. Aquí hay un anuncio velado de la venida del Hijo de Dios hecho hombre que no sólo purificará a Israel sino a todos los hombres.

Pero el pueblo, para recibir la bendición y la salvación de Dios debe ser justo y exigente consigo mismo, por eso el profeta explica a continuación que las cosechas han fracasado porque el pueblo está robando a Dios al no ofrendar "el diezmo íntegro" que exige la ley. Si ofrendaran lo mandado, Dios retiraría su maldición y enviaría buenas cosechas (Mal 3,6-12).

La última profecía (Mal 3,13-21) anuncia que la obediencia a Dios será recompensada cuando llegue el día del juicio de Dios a todos los pueblos de la Tierra. Es el concepto del "Día de Yavé", ya formulado anteriormente por Sofonías y por otros grandes profetas, concepto que se profundizará en años posteriores hasta la época de Jesús, donde llegará a su apogeo. La misma prédica de Jesús se basa en él.

 

El regreso de Elías

y el silencio de Dios

El profeta parece anunciar el regreso de Elías. Explícitamente se habla de la vuelta del antiguo profeta, que vendría a reconciliar al Pueblo para esperar la liberación que el mismo Dios traería. Esta tradición se difundió porque Elías desapareció en misteriosas circunstancias, lo cual alimentó esta creencia. Pero no fue dicho por el profeta sino por sus discípulos en el breve epílogo del que hablamos antes (Mal 3,23).

Sin embargo, en el cuerpo fundamental del libro se habla ya de un misterioso mensajero que precedería al Señor que vendría en persona a salvar y renovar a Israel (Mal 3,1).

No es de extrañar que Israel viviera en la expectativa de esta profecía de Malaquías, que influyó notablemente en su espiritualidad, marcada a fuego por la espera del Mesías y los tiempos del juicio final de Yavé contra las naciones.

No es de extrañar que al venir Jesús, ante sus milagros y lo que él mismo decía, sus oyentes creyeran que el tiempo final de la salvación y del Mesías había llegado. ¿Pero realmente iba a venir el mismo Elías? Desde los últimos profetas del Antiguo Testamento (Ageo, Zacarías, Malaquías y el tercer Isaías) Dios había guardado silencio durante casi 200 años, y ya no habían aparecido profetas que hablaran como Malaquías diciendo la clásica frase: "Así dice Yavé".

Por eso la pregunta referida a Juan el Bautista de si era Elías tenía sentido. Porque este profeta había roto este silencio de Dios (Jn 1,19-23).

Juan mismo se inspiró en Malaquías y posiblemente en el segundo Isaías y afirmó que él era el mensajero esperado que precedería al Salvador (Jn 1,25-27).

El mismo Jesús terminó aclarando el misterio: "Cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie la visión que habían tenido hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Sus discípulos le preguntaron: ¿Pero por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Él respondió: Ciertamente Elías ha de venir a restaurarlo todo. Les digo, sin embargo, que Elías vino ya pero no lo reconocieron e hicieron con él lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre tendrá que padecer de parte de ellos. Entonces sus discípulos comprendieron que él les estaba hablando de Juan el Bautista" (Mt 17,9-13).

Eduardo Ojeda