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MICHEL
BOULET Un intérprete de los signos de nuestro tiempo
El pasado 17 de junio fallecía Michel Boulet, un gran estudioso y testigo de nuestro tiempo, atento a los signos de esperanza de su Iglesia Católica y de las demás Iglesias Cristianas. Estudioso de semiótica, de Biblia y de literatura, teólogo y "cristiano de a pie", supo transmitir a cuantos lo conocían de cerca, el entusiasmo y la sencillez de los que adhieren al Evangelio. D esde el primer momento que alguien se acercaba a él, se intuía algo especial en su trato: exquisito y amable, interpelador y atento al otro, simpático y jovial... En seguida se instauraba la amistad sincera y el aprecio mutuo.Michel Boulet nació en Ruán (Francia) el 7 de mayo de 1936. Su vida pasó por distintas etapas y experiencias que vivió siempre con mucha intensidad. Se recibió como ingeniero civil de Ponts et Chaussées en 1959, y pocos años después sintió el llamado a una entrega más plena al servicio de sus hermanos. Entró en el Seminario des Carmes en 1963 y fue ordenado sacerdote en 1967 por el card. Marty, arzobispo de París. En 1968 obtuvo la licenciatura en Teología y en 1973 el doctorado en Planificación territorial y Urbanismo. Fue profesor de la Universidad de París VIII y fue alumno del gran semiólogo Greimas, el fundador de la Escuela Semiótica de París. En su primer ministerio sacerdotal, participó en el equipo de Gennevilliers, en su calidad de "cura obrero". La sede central de la Misión de Francia fue su referencia cuando comenzó su itinerario fuera de Francia, como misionero. Vivió en la India una experiencia muy intensa que lo impulsó a profundizar los temas del diálogo interreligioso y la relación con hermanos de otros credos. Optó luego por dejar el ministerio, y empezó su camino junto a Martha, una refugiada política en Francia. Se fueron, al principio a Caracas (Venezuela) y luego, a partir de 1985, vinieron a Uruguay, cuando el país volvió a la democracia. A su solicitud, Juan Pablo II lo dispensó de las obligaciones sacerdotales. En Montevideo tenía muchos amigos y participaba en las actividades de la Iglesia local, especialmente ayudando al conocimiento de la Biblia por la vía de la semiótica y también incursionando en investigaciones sobre la Iglesia latinoamericana, el mundo de los pobres, y -con sorpresa de algunos amigos-, también la religiosidad popular. En los últimos tiempos, todos los días 11, frecuentaba con devoción el Santuario de la Gruta de Lourdes en Montevideo, donde participaba de la Reconciliación y de la Eucaristía. Además de organizar con dedicación y competencia "talleres literarios" en el Cabildo de Montevideo, y "cafés y talleres semióticos", coordinaba el espacio denominado Semur, que publicaba la revista "Semiótica Uruguaya" con estudios sobre distintos temas de actualidad política, de análisis literario y bíblico. Para señalar un rasgo anecdótico de su humor, Michel se acercaba a menudo a la estatua del Cura de Ars ubicada en la Catedral de Montevideo y le hablaba en francés para trasmitirle sus preocupaciones y su enojo ante algunas situaciones locales que le costaba aceptar. Participaba en forma regular en las reuniones que realizaba en Argentina el Comité Episcopal Francia-América Latina (CEFAL) y en 2002 se transformó en miembro de la Comunidad Misión de Francia. Michel sufría últimamente de una severa descalcificación de la columna vertebral y contra su voluntad tuvo que anular un compromiso de animación docente en la Universidad de Verano de la Misión de Francia. Había preparado la reunión con el Evangelio de los peregrinos de Emaús, y fue él quien emprendió su viaje de peregrino hacia la Pascua eterna. En los últimos días, la muerte de un sobrino muy querido lo debilitó, y su salud flaqueó brutalmente. A sus amigos de la Misión de Francia, en su último correo, les enviaba un saludo esperanzador: "con toda mi amistad, en Cristo resucitado". Gracias Michel por tu gran fe cristiana, por tu exigente inteligencia en la búsqueda de la Verdad y en la interpretación de los signos de Dios en nuestro tiempo.
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