"...Si tu voz

nos quema dentro..."

 

 

La Iglesia necesita jóvenes que puedan brindarle vitalidad,

que no sean conformistas, que sean capaces

de defender sus sueños, que se enciendan y entusiasmen

por un Dios que nos amó primero

y que nos ama a pesar de no responder siempre

a "Su Amor", con "amor"...

Es necesaria una formación sólida,

aspirar a la justicia y a la sabiduría, prepararse para trabajar

como profesionales en todos los ámbitos

y así poder cambiar esta realidad y concretar sus metas.

La Iglesia necesita el aporte y el compromiso evangélico y social

de tantos jóvenes que desean y gozan de un encuentro personal

con un Jesús que los conoce y los ama;

pero la Iglesia necesita también, y anima a todos aquellos

que están en plena búsqueda.

Es importante rever qué imagen de Dios

se les está brindando a los jóvenes,

ya que tan importante como anunciar a Jesús,

es reflexionar por qué tantos jóvenes a quienes se les ha anunciado, decidieron no optar por Él.

Hay que ayudarlos a descubrir a un Jesús cercano

en los distintos momentos de sus vidas,

y a partir de experiencias concretas, que se sientan acompañados

por su comunidad y por la Iglesia toda,

anunciándoles a un Jesús que es capaz de transformar sus vidas,

acompañarlos y compartir con ellos la experiencia profunda

del amor de un Dios que se dona al ser humano por pura gracia.

La Iglesia trata de hacerlo con palabras creíbles y con hechos.

Si los jóvenes son capaces de vencer sus miedos,

si son capaces de vivir con pasión y de dejarse seducir por Cristo,

el ardor de una búsqueda plena orientada hacia Dios

les iluminará "la inteligencia y el corazón";

les dará ánimo y los ayudará a vivir fielmente y con vehemencia;

encontrarán a quién le da sentido a sus vidas,

por quién lo que hacen y lo que son vale la pena: Jesús de Nazaret.

Si valoran lo recibido ¿cómo no responder a tanto amor con amor?

Desde entonces no podrán dejar de hablar de Él,

de pensar en Él, de estar con Él,

encontrarán a quien será su razón de ser y sentirán esa necesidad

y esa responsabilidad que hoy siente la Iglesia de gritarle al mundo

que Jesús los ama, que murió y resucitó para salvarlos,

porque su voz les quemará por dentro el alma y el corazón.

Es este entusiasmo juvenil lo que necesita la Iglesia

para anunciar a Cristo al mundo de hoy.

 

Verónica Herrera