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Introducción a los escritos evangélicos Con este número de Umbrales comenzamos una nueva serie de artículos para presentar los libros del Nuevo Testamento con una sencilla introducción para cada uno de ellos. Origen de los Evangelios Al parecer, en los primeros años luego de la Pascua de Jesús, sólo se habló de Él en forma testimonial y estrictamente oral, ya que los testigos estaban aún vivos. Luego, ya muy tempranamente, empezaron a circular por el Mediterráneo, escritos con parábolas de Jesús, hechos de su vida, y los relatos sobre su Pasión, Muerte y Resurrección que fueron al parecer los primeros en ser escritos (entre el 40 y 50 d.C.). No son los cuatro evangelios los escritos más antiguos del Nuevo Testamento, porque los primeros escritos que provienen de las primitivas comunidades cristianas y que nos hablan de Jesús, son las cartas de los apóstoles y sobre todo, las cartas de Pablo. Debemos decir que el primer texto del Nuevo Testamento es la primera carta del apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica, escrita en el año 51 d.C.. Según los testimonios que tenemos de los Padres Apostólicos (llamados así porque fueron discípulos directos de los apóstoles) también Mateo, hacia el año 50, escribe en hebreo o arameo, un relato ahora perdido, y que servirá, 30 años más tarde, para la composición del actual evangelio de Mateo, escrito en griego y aumentado por otros manuscritos que circulaban. Pero el primero de los cuatro evangelios que ve la luz parece ser el de Marcos entre los años 60 y 66. La necesidad de poner por escrito estos testimonios de fe, surge cuando, a raíz de la primera gran persecución promovida por el Imperio, los apóstoles y los testigos de los hechos empiezan a faltar. Las traducciones de Mateo y el Evangelio de Lucas son compuestos entre el 69 y el 70. El último Evangelio en ser escrito fue el de Juan, redactado en el año 95 d.C. aproximadamente.
¿Cómo se escribieron los Evangelios?No debemos pensar que los evangelistas estaban mientras Jesús hablaba, sacando apuntes de lo que decía. Los Evangelios no son una biografía de Jesús, son un anuncio de fe. Si alguien llega a ser famoso y se destaca por algo, estando vivo, algún periodista le haría quizás un reportaje. Si además, hubiese un historiador que quisiera escribir algo sobre él, tendría cuidado de poner en orden cronológico las acciones y las palabras de ese personaje, tratando de hacer una síntesis lo más ordenada posible de su vida. Sin embargo, si un pariente o algún amigo de ese personaje, escribiera algo sobre él, seguramente no le importaría demasiado hablar sobre su aspecto físico, ni el orden cronológico de los acontecimientos narrados; más bien intentaría transmitir lo que siente sobre su ser querido, y diría cómo se relaciona con él. No haría un trabajo "científico", sino que daría testimonio de lo que siente y de lo compartido y vivido junto a él. Podemos decir que lo que los Evangelios narran es más parecido a este punto de vista que al de un historiador o periodista que escribe una biografía. Los evangelios son testimonios post pascuales sobre
Jesús, y por tanto descubren su vida desde el acontecimiento de su
Muerte y Resurrección, y desde la fe de la comunidad cristiana. Esto
significa que los acontecimientos históricos que narran, son relatados
desde una perspectiva que viene de la fe en la Resurrección de Jesús:
varias veces esta última predomina sobre la Es lógico suponer que mientras Jesús vivió con ellos, nunca sus seguidores, lo llamaron "Kyrios" en griego que quiere decir: "Señor", porque este es un título que los judíos sólo le daban a Dios. Se supone que lo llamaron "Maestro" o sea "Rabí" en hebreo, palabra de la cual viene el termino "Rabino". Lo que ocurre es que el evangelista está mirando desde su fe pascual a Jesús, no sólo como un hombre extraordinario sino como el Hijo de Dios.
¿Los Evangelios son realmente confiables? Recientemente a raíz de algunas novelas seudocientíficas como "El Código Da Vinci" y el descubrimiento del "Evangelio de Judas" algunos han pretendido poner en duda la autenticidad histórica de los Evangelios. Así que antes de analizar más particularmente cada uno, es oportuno reafirmar los criterios por los que los primeros cristianos llegaron a considerarlos como libros sagrados, excluyendo otros textos posteriores que pretendían serlo. Los cuatro evangelios que conocemos son realmente los más antiguos de todos y desde el comienzo fueron considerados por el pueblo cristiano inspirados por Dios.
¿ Y los evangelios apócrifos? Los llamados "evangelios apócrifos" son también narraciones sobre los dichos y las obras de Jesús, pero son muy posteriores a los cuatro evangelios reconocidos por todas las comunidades cristianas primitivas. Son escritos de algunas comunidades particulares que se amparaban con el nombre de algún apóstol para divulgar sus nuevas visiones del Mensaje evangélico. Generalmente eran grupos carismáticos y gnósticos (mezcla de fe cristiana con creencias judaicas y orientales, que pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas). La Palabra "Apócrifo" (= oculto), no significa prohibido ni condenado por la Iglesia como algunos contemporáneos pretenden afirmar (en la película "Estigma" se dice, por ejemplo que el Evangelio de Tomás es ocultado por los expertos en el Vaticano, mientras que en realidad desde su descubrimiento ha sido estudiado y divulgado públicamente). La Iglesia conoce los evangelios apócrifos desde hace mucho tiempo. Tanto los Padres antiguos de la Iglesia (o sea los primeros teólogos cristianos) como los teólogos posteriores han dicho que no los consideran inspirados por Dios. Y lo han dicho precisamente porque la gran mayoría del pueblo cristiano pensaba igualmente. De todas formas, la Iglesia se ha preocupado por traducirlos y estudiarlos, porque muchos de ellos contienen elementos que son muy valiosos desde el punto de vista histórico, para entender el ambiente y la época de Jesús y de las comunidades gnósticas que los escribieron. Lo que sí se ha comprobado, es que mientras los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron escritos hacia fines del siglo I, los llamados apócrifos recién son compuestos hacia fines del siglo II, o más tarde aún. Estos escritos no transmitían una tradición emanada del Jesús histórico, sino una reelaboración en clave esotérica y simbólica del relato que nos ofrecen los evangelios sinópticos. Ningún historiador serio puede ignorar o tergiversar estos datos históricos.
Eduardo Ojeda |
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