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Enrique MERELLO:
Misionero del Canto Gregoriano en Gabón
VIAJAR AL ÁFRICA Después de participar algún tiempo en el Coro Gregoriano de París (CGP), realizando giras por diversos lugares del planisferio, me encontraba ya de vuelta en Montevideo, en noviembre de 2005, cuando me llegó un mensaje perentorio. El presidente del coro me proponía viajar a Gabón con el fin de dictar cursos de canto gregoriano en representación de la institución. La aceptación del ofrecimiento hizo de ese proyecto institucional mi propio proyecto personal, en tanto músico, y músico cristiano. De vuelta en París, me resultó de gran carga simbólica cantar la misa por última vez, previo a mi partida, en la Cripta de la Iglesia de las Misiones Extranjeras. Por cierto, que sabiéndome completamente indigno de ser comparado con los santos sacerdotes que partieron de esa iglesia hacia Oriente para ofrendar allí su vida por Cristo, el hecho no obstante, me permitió "gustar" el espíritu misionero, el mismo que me animó e impulsó durante todo el trabajo para el que se me había designado. Poco después, llegaba por segunda vez al África en el lapso de pocos días. Anteriormente había estado con el CGP en una gira inolvidable por Egipto, que nos llevó a cantar la Navidad en Alejandría, o incluso peregrinar hasta la tumba del apóstol San Marcos. Pero el África Negra es un universo distinto. Quienes han estado allí conocen del encanto de su gente, verdadero espejo de la naturaleza que es su escenario y su paisaje. La fe del gabonés es rica, profunda. Haberla conocido fue una experiencia de vida y una enseñanza para la autenticidad, el compromiso y la alegría, pese a todas las limitaciones materiales o al rigor del clima. Allí se sigue a pie juntillas la exhortación del Apóstol: "Estén siempre alegres" (1Tes 5,16). El centro de mis actividades fue Port-Gentil, la capital económica de Gabón, principalmente por el petróleo. Me alojé en la Parroquia Santa Bárbara, administrada en la actualidad por sacerdotes salesia-nos. Desde allí, todas las tardes iba a la Catedral San Luis, para dictar clases, tanto a principiantes como a músicos, a directores de coros, como a los propios sacerdotes de la diócesis. La oralidad, esa manera de cantar más allá del conocimiento técnico, me fue un gran aliado, para poder trabajar con alumnos venidos de todos los puntos de la ciudad. Casi todos ellos hacen de la memorización su metodología de trabajo. El nivel de compromiso no sabe de edades. Esto hace que en cada parroquia los coros sean muy numerosos, en cada una de ellas por domingo, cerca de cien personas cantan regularmente la misa. Entre estos coros, me sorprendió encontrarme con uno llamado "San Agustín" que ya cantaba el gregoriano, y que fue la base de la naciente Schola Cantorum de Port-Gentil. Se pudieron trabajar los principales neumas (signos mediante los cuales se escribe el canto gregoriano), sobre un conjunto de piezas variadas y sobre todo de la misa. También se comenzó a cantar el oficio de Completas, desde la fiesta patronal de mi parroquia, y posteriormente cada domingo. Con una "cruzada gregoriana" por las parroquias de la ciudad, a fin de promover el canto de la misa y las Completas, y un ciclo de transmisiones dedicadas al gregoriano emitidas por la radio diocesana, fue posible amplificar y desarrollar la actividad, a pesar del calor ecuatorial ¡y los omnipresentes mosquitos!
TRAS LOS PASOS DE SCHWEITZERLos tres meses de mi estadía en Gabón me permitieron tomar contacto con el amor espontáneo del gabonés por la música, y en particular por la música litúrgica. Allí no hay problemas en cantarle a Dios en francés (la lengua oficial), en una de las 40 lenguas vernáculas, todas de origen bantú (entre ellas el fang, el myené, el bapounou, etc.), o mismo en latín. A tal punto, que podemos afirmar que cantar gregoriano para ellos, casi es cantar "en lenguas", y esto es debido a que Gabón, como en general todos los países africanos, es un país multicultural. Los tambores se hacen oír en Libreville, capital del Estado, en Port-Gentil, en todo el país, acompañando los cantos, habitualmente a dos voces o más. La noche misma de mi llegada, quedé muy sorprendido con esto. En la ocasión, y coincidentemente al cierre de un Consejo presbiteral en la Catedral, fui presentado a la comunidad católica por el obispo del lugar, mons. Mathieu Madega Lebouakehan. Fue él el responsable de que llegara a Port-Gentil, desde París, un docente de gre-goriano. Cabe agregar que desde la independencia del país en 1960, las relaciones entre Gabón y Francia continúan siendo estrechas. La diócesis de Port-Gentil se extiende hasta la Misión "Santa Ana", en la selva, frente a la apacible laguna Fernán Vaz. Para llegar hasta allí, hay que subirse a una piragua y remontar el río Ogooué. Más lejos, casi en el corazón del país, se encuentra Lambarené, centro de las actividades del célebre misionero, médico, filósofo y músico alemán Albert Schweitzer (1875-1965), Premio Nobel de la Paz en 1952. Fue a finales del siglo XIX en la Misión "Santa Ana" que comenzó la evangelización de Gabón. Se recuerda al p. Bichet, espiritano, como su fundador. Las construcciones, y la increíble iglesia en hierro construida en los talleres de Gustave Eiffel, transportada en piezas separadas, dan testimonio de su labor por el evangelio de Cristo. Trabajar el Exsultet en el silencio de la densa noche con el cura párroco actual de esa antigua misión, seguramente sea uno de esos momentos que se resistirán al olvido.
Con el impulso del obispo, atento al Magisterio de la Iglesia (en particular el Sínodo de Obispos 2005), esta experiencia en África si bien no fue más que una contribución modesta -aunque real- a la difusión del canto gregoriano en África occidental, permitió confirmar que este lenguaje musical, es un instrumento privilegiado para extender la Palabra de Dios y su mensaje, más allá de toda frontera geográfica o cultural.
Enrique Merello |
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