Navidad,

Dios se hace familia

 

Al celebrar y contemplar la encarnación del niño Dios, 
compartimos fiestas y celebraciones,

encontramos familiares y amigos, intercambiamos saludos…

A la luz de este misterio de la encarnación

paramos para pensar y rezar, evaluando el año que termina.

En el balance de este año, ponemos nuestra mirada en dos aspectos: 
el sentido de la familia y el valor de la esperanza. 
Familia y esperanza, son dos dimensiones que se entrecruzan 
porque la familia, en su esencia, es signo de esperanza

y la esperanza, encuentra un hogar acogedor

en una familia que vive con profundos valores.

Jesús nació en una familia y en ella creció en sabiduría,

en edad y en gracia (Lc 2,52). 
La importancia de la familia continúa siendo fundamental 
en el desarrollo de la sociedad. Ella es la "célula" de la sociedad,

en la que crecen los valores fundamentales:

el diálogo, la escucha, la entrega, la alegría de vivir unidos.

En ella se da el fundamento del amor oblativo 
entre los esposos
y la fecundidad de este amor, que son los hijos.

La crisis del vínculo familiar, junto con otras tantas dificultades, 
nos presentan dudas en relación al futuro.

A menudo vemos personas que perdieron el sentido de su vida, 
vemos la violencia y la inseguridad que aumentan cada día,

vemos la soledad que toca tantos corazones…

La Navidad llega trayéndonos a Cristo, nuestra esperanza:

Él es quien nos motiva a seguir adelante,

a mirar con mayor confianza.

Necesitamos de personas con coraje y audacia, 
capaces de enfrentar la vida y de luchar contra las situaciones de muerte.

El Tema Central de este número nos presenta la esperanza 
alimentada por los cañeros de Bella Unión,

que encontraron nueva fuerza en el proyecto sucroalcoholero.

Muchas veces somos portavoces de todo lo que es negativo: 
tragedias, muertes, violencia…, pero, al celebrar la Navidad

nos hacemos "embajadores de Cristo" (2Cor 5,20).

La Navidad es contemplar a Cristo,

que quiere proclamar nuevamente la Buena Noticia,

con nuestra ayuda de testigos de la alegría y de la esperanza,

un Dios que se hace familia, y nace en nuestra familia.

 

Diomar Romaniv

 

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