![]() |
||||||
|
El Evangelio según Lucas
La tradición atribuye este Evangelio a Lucas, que entre el año 70 y el 80 después de Cristo habría escrito dos libros: el Evangelio que lleva su nombre, y los Hechos de los Apóstoles. Es concretamente San Papías el que lo menciona claramente en sus escritos.
¿Quién era Lucas? Era un compañero de andanzas de San Pablo, que tenía la profesión de médico y que acompañó a Pablo, según lo refieren sus cartas, aún en los momentos más duros cuando muchos lo habían abandonado. Posiblemente usara sus conocimientos médicos a favor del apóstol, y cuando éste escribe desde la cárcel, lo menciona con agradecimiento y cariño (Col 4,14). Lucas escribió en primera persona en el libro de los Hechos, dando claramente a entender que él había participado de los acontecimientos que está narrando (He 28,15). Posiblemente era de origen griego y procede de la comunidad de Antioquía, en la cual Saulo de Tarso (al que conocemos como San Pablo) fuera recibido después de su conversión. Pablo tuvo varios problemas para ser aceptado en la comunidad cristiana, ya que antes había sido un perseguidor de los seguidores de Cristo (He 9,1-2). Muy probablemente fue en Antioquía, (la comunidad originaria de Lucas), donde, tras la muerte de Pablo en el martirio (año 66), Lucas escribió para la comunidad y para todos los cristianos que no eran judíos. Su griego es el más puro y elegante de todos los Evangelios, y sus pasajes son muy hermosos: Lucas pone especial énfasis en hacer un relato más redondo y armónico.
Estructura y composición El libro se divide en seis secciones bastante diferenciadas: 1º) un prólogo (1,1-4); 2º) relatos del nacimiento e infancia de Jesús (1,5-2,52); 3º) el ministerio de Jesús en Galilea (3,1-9,50); 4º) su viaje desde Galilea a Jerusalén (9,51-19,48); 5º) su predicación en Jerusalén (capítulos 20-21); y 6º) su Pasión, Resurrección y Ascensión (capítulos 22-24). Muchos piensan que Lucas comparte con Mateo un documento común, en donde está el Sermón del Monte, así como una versión del Padrenuestro, más escueta y sencilla que la de Mateo, por lo que algunos estudiosos creen que Lucas recogió la versión más primitiva, como salió de los labios de Jesús. Hay también relatos que son exclusivos del Evangelista y resaltan por su belleza; son tal vez los más conocidos por los cristianos, como el Buen Samaritano, Marta y María, Zaqueo, o las parábolas de la misericordia (ver Caps. 10,15 y 19).
La justicia y la misericordia Es notable en Lucas su preocupación por la actividad de Jesús como Salvador de las personas en general, no sólo de los israelitas, por eso él resalta su apertura a los paganos, y critica duramente a los que piensan que la salvación está reservada sólo a los judíos. Esto se descubre en su prédica en Nazaret (Lc 4,14-30) así como en el episodio de los 10 leprosos (Lc 17,11-19), en el cual sólo el samaritano que no era judío sabe agradecer, o en el caso de la fe del centurión romano, a quien Jesús auxilia curando a su servidor y admirando su fe (Lc 7,1-10). Pero no sólo los paganos o extranjeros son cuidados por el Señor; Lucas destaca su predilección por los pecadores públicos, los maldecidos y condenados por la religión establecida, como la mujer pecadora, Zaqueo, o los propios pastores, que eran despreciados por ser pobres y por no respetar las reglas rituales de higiene, y sin embargo son los primeros en ser llamados y a los que se les anuncia la Buena Noticia del Salvador, siendo a su vez los primeros mensajeros de la Buena Nueva (Lc 2,1-20). Muy significativo es el capítulo 15, en donde Jesús nos dice claramente que Dios no espera que el pecador arrepentido vuelva a él, sino que él mismo va a su encuentro. Esto se cuenta en las tres parábolas que narra este capítulo, como la del Buen Pastor, la moneda perdida, y el Hijo pródigo, que debería llamarse más bien "De la misericordia del Padre" pero el título de la parábola viene de la tradición cristiana, siendo que Lucas no le puso título. Lucas condena la injusticia, y habla claramente en su versión del Sermón del Monte y en el Magnificat, contra la hipocresía de los soberbios y de los ricos injustos que hambrean a los pobres (Lc 6,17-26; Lc 1,46-56). También debemos resaltar todo el capítulo 12, que condena la insensatez de los ricos que ponen su confianza en el dinero que acumulan y que no pueden conservar eternamente, malgastando así su vida. La parábola mal llamada de Lázaro y el rico Epulón (o sea comilón) es también significativa. En ella Lucas omite deliberadamente el nombre del rico, haciéndonos ver que para Dios él ha renunciado a su nombre, destruyéndose a sí mismo (Lc 16,19-31).
Lucas y los milagros Al autor le impresionan mucho los milagros de Jesús en los enfermos, y al narrar estos signos salvadores que ya Marcos y Mateo describen, aparecen claramente los detalles de los síntomas de las enfermedades, en las cuales reconocemos por ejemplo, la hidropesía y la epilepsia, ya que los síntomas son descriptos con mucha precisión (Lc 9,37-43). Se ve aquí su condición de médico. Lucas, impresionado y admirado, nos anuncia la bondad de Jesús y su amor por los pobres, ya que (él bien lo sabía) los tratamientos médicos eran muy onerosos en esa época, y sólo los ricos podían beneficiarse de ellos. Lucas y la Virgen María Desde los primeros tiempos, la tradición cristiana nos dice que Lucas conoció a María, y que eso se descubre en los dos primeros capítulos donde la figura de la Madre de Jesús aparece tan nítidamente y donde se alaba su fe. María con su fe y su amor por Dios, muestra su fidelidad y amor por el Pueblo. El hermoso cántico llamado Magníficat, que Lucas pone en boca de María, nos muestra muy nítidamente la espiritualidad profunda de esta joven campesina de Nazaret, y la valentía y fe que mostraba. Lucas nos habla de que María "guardaba las palabras que oía de su Hijo y de quienes hablaban de él en su corazón". Muchos piensan que los recuerdos del Nacimiento de Jesús y de su infancia son tan vívidos e impresionantes que deben provenir de María, que como testigo presencial, sabría ciertamente describirlos tan maravillosamente. Aunque no podemos afirmar en forma definitiva que Lucas haya podido hablar con la Virgen, seguramente debe haber recibido de una fuente muy cercana a la Madre de Dios este testimonio. Eduardo Ojeda . |
||||||