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REPORTAJE EN BELLA UNIÓN (2): La esperanza nace en el barrio Las Piedras
E n el barrio Las Piedras hay un buen trabajo solidario en un centro CAIF. Coordinado por el Movimiento por la Tierra, ya en 1988 y hasta 1992, período fuerte de la caña de azúcar, se consiguió una donación para una construcción donde comenzó la popular Olla de los niños, financiado por los uruguayos en el exterior.En 1992 se cortó la entrada
de dinero y este merendero peligraba El 26 de abril de 1997 comienza la Asociación Civil Barrio Las Piedras, con 27 miembros y con sus estatutos. La realidad del CAIF comienza en octubre de 1998. El aporte financiero para la edificación vino de embajadas e instituciones. "Comenzamos con 50 niños y actualmente tenemos 200 niños de 1 a 3 años que vienen en dos modalidades: diaria o semanal", comenta con entusiasmo Predella. El trabajo con los niños engloba toda la realidad familiar y el aporte de los padres en su educación y formación. El director afirma que en la filosofía del centro "el programa de los niños del CAIF incluye a los padres. En el momento que traen los niños aquí, asumen el compromiso de venir algunas veces, según el cronograma, para acompañar al niño, porque el plan no separa el niño de la familia. Acá se hace un seguimiento a la familia con la psicóloga, la asistente social, la psicomotricista y un facilitador. Si esto no se cumple, los responsables de los niños en el proyecto van a visitar a la familia, buscando el por qué… Tenemos un seguimiento constante al niño y a la familia". "Uno de los objetivos que tenemos es que cuando los niños entren en la escuela tengan logros aceptables y no fracasen. Toda la estimulación del CAIF, es lograr que los niños entren en la primaria y logren los conocimientos de su edad", manifiesta Daniela Moreira, coordinadora del proyecto. Agrega que "los niños reciben todo lo que necesitan, como ropas y materiales; aprenden todos los hábitos que facilitan la socialización: saludar, sentarse, comer, compartir… Hacemos un acompañamiento más personal de cada niño (tenemos 12 niños en cada clase). Hemos comprobado por los padres que los niños del Centro cambian su manera de ser, comparten sus juguetes, son menos rebeldes y hasta corrigen a los padres". Este trabajo con los niños es beneficiado por el trabajo de reeducación que se les brinda a los padres. Sigue diciendo la coordinadora Daniela: "Hay que educar a la familia para educar a los niños. No podemos separar a los niños de su familia. No es una tarea fácil porque nuestras familias no tienen las condiciones básicas. Trabajamos con familias que pasan frío, pasan hambre, no tienen ropa y tampoco calzado, se inundan las casas cuando llueve… entonces con todas estas desventajas tenemos que buscar una estrategia para que la familia igual venga, igual entienda que es importante la educación de su hijo". Daniela nos presenta la realidad de los educadores del CAIF y los mayores desafíos que enfrentan en este servicio: "Es muy importante la postura de los educadores que trabajamos acá. Trabajamos de forma paralela con las familias, sin que se sientan que por no tener, son menos. Siempre decimos que la fortaleza son ellos y nosotros estamos para ayudar, para acompañar. Tenemos niños que en otros lugares no son aceptados: niños Down, con parálisis cerebral, con problemas de motricidad. Cada caso se contempla, el equipo evalúa, pensado en qué forma se puede ayudar. También las familias tienen situaciones de violencia, padres presos, madres que se prostituyen. El panorama visto así es bastante negativo, pero trabajamos con lo positivo de cada persona. Tiene tales problemas, pero bueno, también tiene cosas buenas". El merendero, que fue el inicio de todo este proyecto, todavía continúa vivo. Diariamente se acercan unas 400 personas, entre niños, adolescentes y adultos. La situación del merendero está en sintonía con el proyecto de las huertas orgánicas familiares, donde las verduras y legumbres producidas por los niños en el CAIF y por los padres en sus casas, son llevadas a la mesa, y ésta es también una ayuda didáctica en la educación de la sociedad. "Las maestras acompañan a los niños en la plantación, pasando por todo el ciclo, hasta llegar a la cocina. Con esto hacemos descubrir que la idea de que la leche sale del almacén, o que la zanahoria también, no es verdadera", dice Daniela. Las huertas orgánicas nacieron de la necesidad de despertar a los cañeros de su desánimo. "Veo cantidad de gente que vive con indiferencia: si los niños van a la escuela, van; si no van, da lo mismo; si hay para comer, comemos, sino, no pasa nada. Es una actitud que da pena; cuando comenzamos con este proyecto, lo hicimos para cambiar esta apatía. Nos quedamos recontentos cuando vimos que la huerta daba resultado. Nos dimos cuenta de los vínculos que se crearon entre vecinos que apenas se miraban, o que no se hablaban. ...No es sólo la huerta, es el contenido humano que impresiona", comenta orgulloso Pradella. "La huerta salva a muchos; disminuye los gastos… se vende lo que se produce, se cambia por algo que se necesita"; "hacemos quinta para abaratar la olla", manifiestan algunos cultivadores de la huerta familiar. Para Ademar Alves, "las huertas si bien tienen un fin económico inmediato, tienen también un contenido social y cultural muy fuerte"… Además, el CAIF ofrece a los padres algunos talleres de formación, dando oportunidades de crecimiento y generando confianza entre ellos. Daniela afirma: "Hay un programa para padres que crían a sus hijos, donde se tratan las pautas de crianza y es coordinado por la psicóloga y la asistente social. Los padres comparten y trabajan las cosas que son esperables para los niños de esta edad y qué problemas se dan en los niños. Los padres que participan en este taller después tienen más seguridad para enfrentar las situaciones con sus hijos. Hay otro taller que es para los adultos: Para Amar y Cuidar la Vida, con el objetivo de fortalecer la auto-estima del adulto. Cómo ser mejor, cómo valorar a la otra persona, cómo se sienten con sus parejas. Todos los años tenemos personas nuevas, familias que vienen y se van, lo que nos ayuda a madurar nuevas estrategias. Existe también un plan de la mujer embarazada. Se trabaja con la mujer desde que el niño está en la barriga. Se habla del estímulo, del cuidado, del parto… de todos los momentos importantes para el niño y su madre. En este barrio se trabaja con madres adolescentes que tuvieron su primer bebé; son de familias muy carenciadas y sin referentes familiares, sin parejas en su mayoría. A las madres embarazadas les decimos: ustedes tienen un tesoro. Cuídenlo. Les decimos que no es un bulto que llevan, sino un tesoro". Actualmente se trabaja para incluir a los papás en todo lo que es el trabajo con los niños. Ya hay 10 padres que se reúnen. En este año se va a incluir la instancia con el papá y la mamá juntos… Un primer paso es al principio del año, cuando se visitan las casas, porque ir a la casa hace que las personas se sientan importantes. El Caif tiene vínculos con el INAU y con otras instituciones: "es un trabajo de red importante, porque no todo lo podemos hacer nosotros. Es bueno que cada institución colabore. Cuando hay cosas que surgen, pedimos ayuda a otras instituciones y hemos tenido siempre buenas respuestas. Somos puentes", afirma Daniela. En Bella Unión, éste es uno de los caminos encontrados para cultivar la esperanza en medio de la crisis: es un esfuerzo que ofrece oportunidades de mejorar y luchar por la vida. Diomar Romaniv . |
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