Una educación integral

 

Llegó marzo y con él muchos proyectos e ilusiones de padres,

docentes y autoridades de la enseñanza, que año a año se renuevan.

Las instituciones educativas, después de la familia,

son el espacio más importante donde viven los niños y jóvenes,

donde se socializan, aprenden y crecen.

El desafío para las instituciones educativas está dado

en despegarse de lo que siempre han hecho y responder

a las demandas de una sociedad en continuo cambio.

Soñamos con una escuela y un liceo en el que estudiantes,

familias, educadores, funcionarios administrativos y comunidad

se sientan identificados con la gran tarea de la educación

y sean capaces de llevar adelante iniciativas propias,

favoreciendo la participación y la opinión de todos,

sintiendo el proceso educativo como algo válido para crecer.

Para lograr estos fines es necesaria una educación integral

donde el educando sea el centro de todo quehacer educativo,

favoreciendo el proceso de crecimiento personal y social,

hacia la plena madurez humana, una educación integral

que lo haga protagonista de su propia vida.

Elegir entre "enseñar maneras de aprender y enseñar nociones"

nos ayuda a dar directivas para la vida, según las características

personales y el lugar que le corresponde a cada uno en la sociedad.

El fin primero de enseñar maneras de aprender

consiste en el estímulo de la originalidad 

sin ninguna artificiosa preocupación por ser original.


El educador tendrá que tener como condición indispensable

el ser estudioso, al decir del maestro Clemente Estable:

el maestro "aprende a aprender, para enseñar a aprender".

La Pedagogía se propone revisar lo que se enseña,

a la luz de los valores que se quieren transmitir.

Otro recurso es crear un ambiente de trabajo en colaboración

y de mutua comprensión, porque esto prepara para la vida en común, 

aprendiendo a valorar los esfuerzos de cada uno para el bien común.

Cada vez más la institución educativa (escuela, liceo) 

está ocupando los espacios que tradicionalmente fueron reducto de la familia;

pero la construcción de aprendizajes, de ciudadanía

y de hábitos básicos debe darse desde la más tierna infancia.

Por eso no debemos olvidar que es a la familia que le compete,

en primer lugar, el rol de educar.

Otro punto de fricción es cómo resolver el derecho a la libertad de enseñanza, 

derecho consagrado por la Constitución de la República 

y aún no alcanzado en plenitud en la sociedad uruguaya.

La libertad de educación es aliada de la democracia

porque permite a la familia elegir la propuesta educativa

más adecuada con sus convicciones.

El ejercicio de esa misma libertad es un desafío constante

para que el sistema brinde una educación integral.

 

Gloria Aguerreberry

 

 

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