Juan Luis Ysern de Arce:

 

Comunicación: camino para la Comunión

En una reciente reunión en Santo Domingo de la Organización Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (OCLACC), Umbrales entrevistó a su presidente vitalicio, Juan Luis Ysern, obispo emérito de Ancud (Chile) y actual Presidente de Cáritas Chilena.

- En su larga experiencia de comunicador, ¿qué balance puede trazarnos sobre la Pastoral de la Comunicación?

- Quisiera comenzar con un análisis desde el punto de vista local, en este caso el de la diócesis de Ancud.

Considero importante el haber logrado que los medios de comunicación, y en particular nuestra radio diocesana, no sea solamente un instrumento para decir cosas, sino que sea el lugar a través del cual la gente se expresa y se comunica. El trabajo de la comunicación va mucho más allá de tener una radio. En realidad, en Ancud, se trata de una red de radios, ya que esa diócesis es muy extensa, con unas 50 islas habitadas; pero también hay otra parte de la diócesis que está en el continente, desde la misma costa hasta el límite con Argentina. Allí el gran problema siempre es el de la comunicación, ya sea por el obstáculo de la cordillera andina, ya sea por el océano, que en aquella parte tiene muchas tempestades. El archipiélago de Chiloé (200 km. de largo por 60 de ancho) es un lugar donde la gente, hasta la década del 80 vivía con bastante pobreza y tenían problemas de contacto con el continente. Habían pocas carreteras dentro de las islas, y tendido eléctrico solamente en la isla grande. Estas dificultades en los servicios, hacían muy difícil para las empresas el llegar hasta allá. Entonces la gente vivía en una situación pre-industrial.

 

- Ustedes hicieron de una necesidad una virtud, y lograron hacer un proyecto de comunicación con una planificación pastoral…

- Lo que interesaba era no confundir la comunicación con el uso de los medios, o con una simple información. La comunicación era el conversar cara a cara y en grupos. Entonces era importante que se armaran los grupos, para poderse expresar. Tuvimos un proceso para preparar a los comunicadores populares. Además de organizar la infraestructura (se les daba una cabina donde grababan sus programas radiales) se buscaba un espacio de reflexión en el que se evaluaban unos a otros. Lo que menos importaba era la radio, lo importante era el encuentro de todos. A partir de los años 80, se fueron construyendo carreteras y llegó la energía eléctrica, fueron llegando así las empresas, porque era uno de los lugares en que los recursos naturales estaban casi sin tocar.

De repente llegó todo el desarrollo, la televisión, etc. Nuestro problema actual es: cómo Chiloé pasa desde una época pre-industrial, saltándose toda la etapa industrial y entrando en la revolución tecnológica.

Entonces vimos que el problema cultural que se presentaba iba a ser enorme, por ese cambio de mentalidad… Y ahí vimos cómo era necesario el diálogo entre los mayores y los jóvenes. Comenzamos a hacer un trabajo en las escuelas, que consistía en que el docente pusiera como tarea a los niños conversar con sus abuelos sobre recuerdos del pasado. Todo eso se iba recogiendo y se articulaba en unos cuadernos que luego pasaban a todas las familias para que los leyesen, los criticaran y evaluaran. Después todo eso se editaba en un libro, que se transformaba en material escolar del curso siguiente. Se utilizaba de tres maneras: primero en el colegio mismo, presentando la escala de valores, para que en el contraste que iban a tener entre la cultura que ellos han vivido y la que se acercaba, tuvieran criterios de valoración.

 

- Entonces la comunicación era un instrumento para compartir vida, valores…

- Exactamente, y aquí este diálogo intergeneracional es fundamental porque en la época nueva los ancianos quedan al margen, entonces ¿quién da el sentido? En la cultura contemporánea aparece un problema muy fuerte: ¿quiénes son los que están dando sentido a la vida? Es cierto que los ancianos no sabrán manejar la computadora u otros aparatos tecnológicos. Toda la tentación es decir: "¿Qué tienen que ver los viejos con este mundo nuevo? Los viejos no entienden de la electrónica ni la computadora ni Internet". Ciertamente, los viejos no entendemos tanto de lo nuevo, pero sabemos muy bien de lo viejo, y eso permanece... Por eso la segunda forma de utilizar el cuaderno, que llamamos "Cuaderno de la historia", era en la casa, es decir el niño tenía que llevar su libro y leerlo cuando estuvieran sus abuelos, los papás, los jóvenes, todos reunidos. Había que dejar que el abuelo hablara: "esto no fue así, fue de tal forma", dejar que se expresara, precisamente para promover ese diálogo intergeneracional.

La tercera forma de utilización del Cuaderno, era en los centros juveniles, ahí el objetivo era poder formar para una conciencia crítica y para la creatividad.

Entonces en la escuela se buscaba la escala de valores, en la casa la identidad, y en los centros juveniles la conciencia crítica y la creatividad.

Como cristiano, la referencia para decir qué es mejor o peor, es el Evangelio, que te ayuda a vivir más como hermano.

 

- Toda esta labor educativa, ¿cómo influía en la propuesta comunicacional?

- Después de haber discutido cualquiera de los temas del Cuaderno, estaba la tarea de convertirlo en mensaje. Si a alguien le gustaba hacer cuentos, hacía un cuento; si le gustaba cantar, cantaba. Sin embargo, el recurso más frecuente era la dramatización. Ese mensaje pasaba entonces a la radio, mediante radioteatros, y así al transmitirlo, los jóvenes comunicadores populares se daban cuenta que podían participar en la formación de la opinión pública. Y que lo que ellos conocían de su isla, lo conocían mejor que el alcalde, el obispo o el periodista. Y si no lo contaban ellos, no podían esperar a que vinieran otros a contar sus problemas. Entonces eran estimulados a expresarse y a dar la opinión de su grupo, y al mismo tiempo los que escuchaban este mensaje, lo criticaban: "oye, es muy bonito lo que dijiste, pero tiene una forma tan aburrida…"; o al revés, "muy entretenido pero es una tontera". Y así se iba formando un sentido crítico.

No esperes entonces que nadie te diga cómo debe ser el mañana. Tu abuelo, tu familia, te dice que antes era de una manera, tú ves como es hoy, ahora piensa cómo debe ser mañana: hay que capacitarse para juzgar, y no dejarse manipular.

 

- ¿Qué podría decirnos con respecto a logros y dificultades en la Pastoral de la Comunicación a nivel continental?

- Ya es un gran avance el hecho de que hoy, en el ámbito de los comunicadores cristianos, se hable de la comunicación como camino para la Comunión, y que ya no se confunda la comunicación con el uso de medios, ni con mera información (un simple organizar una oficina de prensa).

Si se considera la comunicación como camino para la Comunión, se revoluciona todo. El hecho de que esto aparezca hoy como algo aceptado, me satisface mucho. Desde varios escritos insistí mucho en este concepto. Sin embargo, esto que es un logro, todavía lo considero como un desafío, porque veo que si bien algunos comunicadores lo han asumido, la mayoría del ambiente eclesial todavía lo ignora, y sigue considerando la comunicación como información.

Muchas veces, cuando desde un seminario o una casa de formación, me piden una charla sobre comunicación, están pensando que debo enseñar a manipular los medios, y la verdad es que el uso de los medios es sólo una parte del tema. Los formadores todavía piensan con la mentalidad general; creo que hay que hacer un esfuerzo mayor, en todas partes, para que no se confunda la comunicación con el uso de los medios de comunicación.

 

- Ante el desafío grande de la cibercultura: ¿qué pasos nos esperan?

- Existe la necesidad de implementar lo que yo llamo, con una metáfora, "El observatorio". Hay que observar lo que está pasando… Por ejemplo, ¿cómo es la forma de relacionarse de las nuevas generaciones, en estos tiempos de Internet? Es una relación algo virtual (a lo mejor ni siquiera se conocen físicamente). Pero esta forma de relación mediática, para los que tienen acceso a esto, ofrece nuevos para-digmas relacionales. No es tanto la verticalidad que proponen los medios masivos de comunicación, ahora resulta una relación globalizada: se reciben reacciones de alguien que está en otro país, al otro lado del mundo, al mismo tiempo yo soy centro y el otro también, es una red… Debemos observar cuáles son los efectos que se producen en estas nuevas modalidades de relacionamiento, para saber qué está pasando… Algunos lo satanizan todo, y eso no se puede admitir. Otros dicen: ¡es maravilloso!, tampoco es tan así: hay maravillas y cosas malas también. No se puede condenar todo, por eso considero muy importante la necesidad de estar atentos para ver, para observar lo que está pasando…

Como cristianos, tenemos también otra metáfora, la del "Monasterio", es decir, contemplar esta realidad y descubrir en ella el proyecto de Dios. Lo que está pasando hoy no es lo mismo que pasaba ayer; ahí está Dios también, y lo tenemos que descubrir con los ojos de la fe. El problema es que miramos lo nuevo con los ojos de la cultura pasada… y ahí no nos vamos a entender. Como cristiano yo miro lo nuevo para encontrar dónde están los valores, dónde está Dios allí. Esta es la necesidad de la contemplación, que nos ayuda, no sólo a observar, sino a discernir lo que está pasando. Desde ahí podemos empezar a caminar.

Quinto Regazzoni