TESTIMONIO:

Misión juvenil en El Pinar

Durante el verano hay muchas propuestas, algunas comunidades ofrecen a los jóvenes compartir con otros ese Dios que experimentan en sus vidas con sencillez y entusiasmo. Así, las comunidades de El Salvador (Gruta de Lourdes), y Ntra. Sra. de Guadalupe (Borro), han enviado un grupo de jóvenes a misionar durante el mes de enero. Prestaron sus servicios durante 15 días en tres comunidades: Colinas, Autódromo y Santa María, en la zona El Pinar (Canelones). Aquí va el testimonio de los protagonistas.

 

Toda misión plantea un doble desafío, misionar y misionarse. Son muchas las actividades que han llevado a cabo estos misioneros. Entre ellas, apoyar actividades ya existentes, como el Verano Solidario y el Club de Niños en Sta. María, visitar a los vecinos informándoles sobre las distintas actividades religiosas y sociales; compartir la palabra en distintos tipos de celebraciones, misas y fogones, etc..

Todo esto enriqueció a cada uno de los protagonistas, pero también lo hizo el tener que convivir durante tanto tiempo con el mismo grupo, compartiendo los quehaceres cotidianos con las dificultades que ello implica.

Marcelo, un joven de 16 años que participa en los grupos parroquiales, compartió esta experiencia : "Quería encontrarme a mi mismo y a Dios, escuchar lo que me quería decir." Algunas vivencias lo marcaron más que otras: "Con una familia, que visitamos por tres días, cuando llegó el momento de partir, lloramos todos juntos".

Otra compañera, Vicky, nos cuenta qué expectativas tenía al momento de partir: "Saber lo que era la misión, y para conocerme a mí misma y lo que iba a hacer, y cómo iba a reaccionar". También resalta "el trato de la gente, íbamos a una casa y la gente nos hablaba y hablaba…, necesitaban alguien que los escuchara". Lo que la marcó a Vicky fue "saber que Jesús existe, ya que antes no creía. Ahora sé que me puedo animar a hacer las cosas porque descubrí que puedo. Me di cuenta que no soy la única con problemas, antes creía que sí, por eso no creía en Jesús."

Éste es el último año que se realiza la misión en el Pinar, luego de haber "removido la tierra y sembrado la semilla" durante tres veranos. "De los tres años que fui, éste fue el mejor", dice Marcelo.

Rosa, una de los adultos que acompañó al grupo nos habla de lo que esperaba de la misión y lo que encontró: "pensaba colaborar con otra comunidad y llevar el mensaje de Dios, y terminé siendo misionada por la gente del lugar. Siempre pasa lo mismo, querés dar algo y terminas recibiendo 100 veces más. Como dice el p. Rodolfo: Nadie es tan pobre que no tenga nada para dar."

Los otros protagonistas de esta historia son los miembros de las comunidades visitadas.

Analía nos dice: "Me sentí contenida por el grupo misionero. Quedé encantada con la manera en que salieron a predicar puerta por puerta. Gracias a ellos comenzamos un pequeño grupo misionero en nuestra comunidad...".

Verónica comenta: "Creo que lo que más resaltaría es el efecto del paso misionero por Colinas, es que generó el sentir de otros jóvenes que han visto, y ahora quieren ellos también realizar lo mismo. El espíritu que dejaron se percibe. ¡Cómo en un lugar con tantas limitaciones vence el amor de Dios que es lo primero y primordial y no queda ahí, sigue! Hay que ver ahora cómo lo multiplicamos y qué hará Dios con nosotros..."

Rafael, maestro de la comunidad visitada, nos brinda su parecer, ya que conocía la zona de procedencia de los misioneros: "Uno siempre tiene el prejuicio: del Borro, ¿qué puede salir de bueno, qué pueden saber? y sin embargo, no fue así. Lo que me llegó profundamente fueron los testimonios, sobre todo el del hno. Carlos". El hno. Carlos es un joven dehoniano brasilero, que brinda sus servicios en la comunidad de Guadalupe (Barrio Borro).

Horacio acompañó a los misioneros en las visitas a las casas de sus propios vecinos: "Yo resaltaría el dar a conocer a Jesús cara a cara. Creo que nos renovaron, nos dieron ganas de darlo a conocer a nosotros también, anunciándolo casa por casa. Para el que lo vivió en otras comunidades, este ir por las casas, sabe que es importante. Vencer el miedo a cómo me van a recibir, quien ya lo ha hecho anteriormente sabe que recibe de todo; también Jesús cuando se dio a conocer recibió de todo: gente que huyó, lo censuró, le puso una corona de espinas y lo crucificó. Pero Él siempre siguió con nosotros, no nos abandonó. A veces usamos como excusa ese rechazo de los demás, decimos que ya no aguantamos más porque nos cierran las puertas y abandonamos la comunidad".

Rosana ofrece su testimonio con estas palabras: "Te acordás de esa canción: Ésta es la luz de Cristo, yo la haré brillar...; creo que nuestra luz estaba tenue y ustedes reavivaron la llama. Ahora nosotros sentimos ganas de transmitirle a otros todo esto y contagiar esa llama: ...toma hermano esta luz y haz-la tú brillar..."

Algunos adolescentes del lugar fueron contagiados por el espíritu misionero: Martín (hijo de Rosana y Horacio) fue uno de ellos. Junto con su amigo Jorge, se integraron a la convivencia y a las actividades del grupo misionero. Esta experiencia los motivó a querer crear un grupo en su propia comunidad para poder compartir esta vivencia con otros. Analía, contagiada por el mismo espíritu, motivó a su hija para que se integrase al nuevo grupo. Oscar es un joven peruano que fue invitado por una amiga para conocer Uruguay. Al llegar se encontró con este grupo misionero, y al ver lo que estaban haciendo decide unírseles desde el primer día, compartiendo y aportando una experiencia de Dios muy enriquecedora.

 

Verónica Herrera