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¿El continente de la esperanza?
Así Pablo VI había caracterizado a América Latina. Por distintos motivos: porque su población es en su mayoría joven; porque joven es su Iglesia; y los jóvenes son la esperanza de la Iglesia. Signos
concretos de esta esperanza fueron las celebraciones oportunidades que el Vaticano II abrió a todas las Iglesias: encontrar
un camino propio, fundamentado en una teología encarnada, y a la cultura que recibe la Buena Noticia. Así que la esperanza mencionada por Pablo VI no era sólo para estos pueblos sino también para todos los que podían buscar un camino original para vivir el Evangelio; un camino donde el llamado de Dios pasa también por el llamado de un pueblo: "He visto como sufre mi pueblo... lo he oído quejarse... por eso he bajado para salvarlo" (Éx 3,7-8). "América Latina, el continente de la esperanza": ¿podemos afirmarlo todavía? Nuestras Iglesias no parecen tener más la fuerza novedosa de aquellos años, cuando se enfrentaban sin miedo a poderes de todo tipo, a veces hasta el martirio, mientras hoy el problema principal parecería ser el poder de las sectas, y la expansión de cultos irreligiosos, que se han aprovechado de la mejor tradición cristiana. Nuestras Iglesias, más que inspirar esperanza a la Iglesia universal, parecen acercarse a la realidad de Iglesias de antigua tradición, donde nada nuevo despierta
los ánimos. Con una diferencia: si la vieja Iglesia europea que por eso eligió el nombre de Benedicto, de nuestras Iglesias es difícil encontrar la presencia en su magisterio de estos primeros dos años. ¿Qué ha cambiado? La esperanza de nuestro Continente es la de una Iglesia que como Pueblo de Dios viva los problemas reales de la gente, escuche su voz y practique cuanto el Evangelio le impone hoy: lo que Medellín y Puebla dijeron en aquel entonces. El cambio que se dio en estos últimos veinte años, cualquiera sean los motivos que lo provocaron, ha alejado a la Iglesia de
la gente, quizás acercándola a caminos más seguros de un camino original de Iglesia, que podía tener sus errores para corregir, pero que se inculturó en nuestras mejores tradiciones: una
experiencia que de hecho no se dio y no se da en otro continente. que tendrá lugar en Aparecida, pondrá nuevamente en
el centro de la atención mundial a esta Iglesia y a estos
pueblos:
Francesco Bottacin
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