EUCARISTÍA:

EL SACRAMENTO DEL AMOR

 

Presentamos un compendio de la Exhortación Apostólica Postsinodal "Sacramentum Caritatis" del Papa Benedicto XVI, promulgado el 13 de marzo pasado. Este amplio documento refleja las conclusiones del Sínodo universal de Obispos sobre la Eucaristía, celebrado hace casi dos años en el Vaticano.

Hemos hecho un extracto de las reflexiones y disposiciones que nos parecen más importantes para la pastoral de la Iglesia y la vida de los cristianos.

Introducción

 

En la Introducción se explica cómo en el sacramento de la Eucaristía Jesús sigue amándonos "hasta el extremo" (Jn 13,1), "hasta el don de su cuerpo y sangre" (n. 1). Por eso se le llama a la Eucaristía "sacramento del amor", porque "Jesús nos enseña en este sacramento la verdad del amor, que es la esencia misma de Dios...y la Iglesia, cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos, "a tiempo y a destiempo" (2Tim 4,2) que Dios es amor" (n. 2).

 

REFORMA LITúRGICA DEL CONCILIO

El Papa, haciéndose eco de la voz de los obispos
reunidos en el Sínodo, destaca "el influjo benéfico que ha tenido para la vida de la Iglesia la reforma litúrgica puesta en marcha a partir del Concilio Vaticano II". Sin embargo, "se han constatado también las dificultades y algunos abusos contraídos, pero que no oscurecen el valor y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo". Los cambios del Concilio han de leerse "dentro de la unidad que caracteriza el desarrollo histórico del rito eucarístico, sin introducir rupturas artificiales" (n. 3).

 

SíNODO DE OBISPOS Y AÑO DE LA EUCARISTíA

El documento recuerda cómo el Sínodo de los Obispos fue precedido por el Año de la Eucaristía, de octubre de 2004 hasta octubre de 2005 al finalizar el Sínodo con la canonización de cinco beatos que se habían distinguido por la piedad eucarística (entre ellos el sacerdote chileno p. Alberto Hurtado). Finalmente menciona la importancia de la última encíclica de Juan Pablo II "Ecclesia de Eucharistía", "con la que nos ha dejado una segura referencia magisterial sobre la doctrina eucarística y un último testimonio del lugar central que este divino sacramento tenía en su vida" (n. 4).

El Papa relaciona además el presente documento sobre el sacramento del amor con su primera encíclica: "Deus Cáritas est" (= Dios es amor) (n. 5).

 

Primera Parte

 

"LA EUCARISTíA ES UN MISTERIO DE FE"

En esta primera parte el Papa subraya cómo la Eucaristía "es el misterio por excelencia de nuestra fe y que supera toda comprensión humana" (n. 6). Es la obra del Padre que por el Espíritu Santo convierte sustancialmente el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús.

 

LAS DOS INVOCACIONES AL ESPíRITU SANTO

Dice el Papa que "es muy necesario para la vida espiritual de los fieles que tomen conciencia más claramente de la doble invocación que en la Misa se hace al Padre para que haga descender el don del Espíritu a fin de que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre de Jesucristo y para que toda la comunidad sea cada vez más cuerpo de Cristo". En efecto, el sacerdote no pide solamente que el Espíritu Santo transforme los dones del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, sino que pide también, en un segundo momento, que transforme la asamblea en una verdadera comunidad y "reúna a los fieles en un solo cuerpo, haciendo de ellos una ofrenda espiritual agradable al Padre" (n. 13). Sobre todo en la segunda plegaria eucarística se pide que "el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participaron del cuerpo y sangre de Cristo... La Eucaristía establece objetivamente un fuerte vínculo de unidad (inclusive a nivel ecuménico) entre la Iglesia Católica y las Iglesias ortodoxas que han conservado la auténtica e íntegra naturaleza del misterio de la Eucaristía" (n. 15).

 

CUMBRE DE LA INICIACIóN CRISTIANA

Benedicto XVI recuerda lo dicho por los Padres sinodales y pregunta "si en nuestras comunidades cristianas se percibe de manera suficiente el vínculo que hay entre el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía... Somos bautizados y confirmados en orden a la Eucaristía. Por eso hay que favorecer en la acción pastoral una comprensión más unitaria del proceso de iniciación cristiana... La Eucaristía lleva la iniciación cristiana a su plenitud y es como el centro y el fin de toda la vida sacramental" (n. 17). "Se ha de tener siempre presente que toda la iniciación cristiana es un camino de conversión que se debe recorrer con la ayuda de Dios y en constante referencia a la comunidad cristiana". Esto vale también para los adultos que piden el Bautismo, sobre todo "en los lugares de misión o en muchas zonas secularizadas y también para los padres que piden los sacramentos para sus hijos" ya que la iniciación cristiana debe llevar a vivir toda la vida cristianamente, y a integrarse a la comunidad eclesial (n. 19).

 

LA INICIACIóN CRISTIANA Y LAS FAMILIAS

"En la acción pastoral se tiene que asociar siempre la familia cristiana al itinerario de iniciación. Recibir el Bautismo, la Confirmación y acercarse por primera vez a la Eucaristía, son momentos decisivos no sólo para la persona que los recibe sino también para toda la familia, la cual ha de ser ayudada en su tarea educativa por la comunidad eclesial, con la participación de sus diversos miembros. Quisiera subrayar aquí la importancia de la Primera Comunión. Para tantos fieles este día queda grabado en la memoria con razón como el primer momento en que, aunque de modo todavía inicial, se percibe la importancia del encuentro personal con Jesús. La pastoral parroquial debe valorar adecuadamente esta ocasión tan significativa" (n. 19).

 

LA EUCARISTíA Y EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIóN

"Los Padres sinodales han afirmado que el amor a la Eucaristía lleva también a apreciar cada vez más el sacramento de la Reconciliación... Una cultura que hoy tiende a borrar el sentido del pecado, lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comunión sacramental" (n. 20). "Es cometido particular del obispo recuperar la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía y fomentar entre los fieles la confesión frecuente. Todos los sacerdotes deben dedicarse con generosidad, empeño y competencia a la administración del sacramento de la Reconciliación. Se debe procurar que los confesionarios sean bien visibles y sean expresión del significado de este sacramento. Pido a los Pastores que vigilen atentamente sobre la celebración del sacramento de la Reconciliación, limitando la praxis de la absolución general exclusivamente a los casos previstos y siendo la celebración personal la única forma ordinaria" (n. 21).

 

LA EUCARISTíA Y LOS ENFERMOS

A los enfermos no debe faltarles la comunión, con la ayuda de los ministros extraordinarios de la Eucaristía, pero el Papa antes que nada reafirma el deber de administrar el sacramento de la unción de los enfermos "cuando se agrava la enfermedad. Y a los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece la Eucaristía como viático". El "viático" es el pan para el camino, la última comunión "que es como semilla de vida eterna y potencia de resurrección, ya que Jesús dijo: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 6,54). Por eso el Papa insiste en que es necesario asegurar al enfermo, ya sea que esté en su casa u hospitalizado, la Eucaristía. Y no sólo a los enfermos sino también a los discapacitados, a los presos y a los emigrantes (nn. 59 y 60). La atención y el cuidado pastoral de estas personas "redunda sin duda en beneficio espiritual de toda la comunidad, sabiendo que lo que hayamos hecho a uno de ellos se lo hemos hecho a Jesús mismo, como nos enseña
Mt 25,40"
(n. 22).

 

ESCASEZ DEL CLERO

"El Sínodo se ha detenido sobre la escasez de sacerdotes que ocurre no sólo en algunos países de misión sino también en muchos países de larga tradición cristiana". Benedicto XVI sugiere una "distribución del clero más ecuánime", involucrar "a los Institutos de Vida Consagrada y a los nuevos movimientos eclesiales y a todos los miembros del clero para que tengan una mayor disponibilidad para servir a la Iglesia allí donde sea necesario, aunque comporte sacrificio". Advierte a los obispos para que, a causa de la escasez de sacerdotes, no dejen de realizar un "adecuado discernimiento vocacional" y no admitan candidatos "sin los requisitos necesarios para el servicio sacerdotal. Un clero no suficientemente formado, difícilmente podrá ofrecer un testimonio adecuado para suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad al llamado de Cristo. La pastoral vocacional tiene que involucrar a toda la comunidad cristiana en todos sus ámbitos..., teniendo la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo" (n. 25).

 

Segunda Parte

 

LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

En esta segunda parte el Papa habla en forma detallada del "arte de celebrar", valorando todas las formas de lenguaje previstas por la liturgia (palabras, gestos, cantos, silencio, etc.). Esta sección contiene también disposiciones avaladas por el Sínodo y que ya son conocidas. Se confirma el carácter obligatorio del celibato sacerdotal para la tradición latina (n. 24), así como la praxis actual de la Iglesia de no admitir a los sacramentos a los divorciados que han vuelto a casarse, aunque sigan perteneciendo a la Iglesia, pudiendo participar en la Misa y en la vida comunitaria (n. 29). Recomienda que en las celebraciones internacionales de la Eucaristía se rece en latín, exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles (n. 62).

 

LITURGIA DE LA PALABRA

"Recomiendo vivamente que en la liturgia se ponga gran atención a la proclamación de la Palabra de Dios por parte de lectores bien instruidos. Nunca olvidemos que cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo y Cristo, presente en Su Palabra, anuncia el Evangelio......Es necesario ayudar a los fieles a apreciar los tesoros de la Sagrada Escritura en el leccionario, mediante iniciativas pastorales, celebraciones de la Palabra y la lectura meditada ("lectio divina"). Tampoco se ha de olvidar promover las formas de oración conservadas en la tradición, la Liturgia de las Horas, sobre todo Laudes, Vísperas, Completas y también la celebración de vigilias" (n. 45). En cuanto a la homilía, "los ministros ordenados han de prepararla con esmero, basándose en un conocimiento adecuado de la Sagrada Escritura. Han de evitar homilías genéricas o abstractas. La Palabra de Dios proclamada ha de ponerse en estrecha relación con la celebración sacramental y con la vida de la comunidad". El Papa sugiere después la conveniencia de que, "partiendo del leccionario trienal, se prediquen a los fieles homilías temáticas que, a lo largo del año litúrgico, traten los grandes temas de la fe cristiana según el esquema del Catecismo de la Iglesia Católica: la profesión de fe, la celebración del misterio cristiano, la vida en Cristo y la oración cristiana" (n. 46).

 

DISTRIBUCIóN DE LA EUCARISTíA

"En algunas circunstancias, como por ejemplo, en las santas Misas celebradas en ocasión de bodas, funerales o acontecimientos análogos, además de los fieles practicantes, asisten también a la celebración otros que tal vez no se acercan al altar desde hace años, o quizás están en una situación de vida que no les permite recibir los sacramentos. Situaciones similares se producen también en iglesias que son metas de visitantes, sobre todo en las grandes ciudades, en las que abunda el arte. En estos casos se ve la necesidad de usar expresiones breves y eficaces para hacer presente a todos el sentido de la comunión sacramental y las condiciones para recibirla. Donde no sea posible garantizar la debida claridad, se ha de considerar la conveniencia de sustituir la Eucaristía con una celebración de la Palabra de Dios" (n. 50).

 

DESPEDIDA Y MISIóN

"Después de la bendición, el diácono o el sacerdote despide al pueblo con las palabras: ‘Ha terminado la Misa, pueden ir en paz’. En este saludo podemos apreciar la relación entre la Misa celebrada y la misión cristiana en el mundo. En la antigüedad ‘misa’ significaba simplemente ‘terminada’. Sin embargo, en el uso cristiano ha adquirido un sentido cada vez más profundo. La palabra latina ‘missa’ se transforma, en realidad, en ‘misión’ (del latín= mittere, enviar). Este saludo expresa sintéticamente la naturaleza misionera de la Iglesia. Por tanto, conviene ayudar al Pueblo de Dios a que, apoyándose en la liturgia, profundice en esta dimensión constitutiva de la vida eclesial. En este sentido, sería útil disponer de textos debidamente aprobados para la oración sobre el pueblo y la bendición final que expresen dicha relación" (n. 51).

 

PARTICIPACIóN ACTIVA

"El Concilio Vaticano II puso un énfasis particular en la participación activa, plena y fructuosa de todo el Pueblo de Dios en la celebración eucarística". Y en esto han habido notables progresos, afirma el Papa; pero al mismo tiempo añade: "Conviene aclarar que con estas palabras no se quiere hacer referencia a una simple actividad externa durante la celebración". Y ejemplifica citando el Concilio: "Los fieles, instruidos por la Palabra de Dios, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada y se perfeccionen día a día en la unidad con Dios y entre sí" (n. 52). La participación interior y activa "es favorecida por ejemplo, por el recogimiento y el silencio, al menos unos instantes antes de comenzar la liturgia, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesión sacramental". El Papa recuerda que la Comunión, que es la plena participación en la Eucaristía, tampoco debe ser "automática, como si por el solo hecho de encontrarse en la Iglesia durante la liturgia se tenga ya el derecho o quizás incluso el deber de acercarse a la Mesa eucarística. Aun no pudiendo comulgar, la participación en la Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa; se puede recurrir a la comunión espiritual" (n. 55).

 

PEQUEÑOS GRUPOS

El Papa reconoce "el valor formativo de las celebraciones en pequeños grupos, precisamente para lograr una participación más consciente y activa", pero al mismo tiempo precisa que estas iniciativas "han de estar en armonía con el conjunto del proyecto pastoral de la diócesis" para no aparecer como "antagonistas o paralelas respecto a la vida de la Iglesia Particular, ya que estos grupos pequeños han de servir para unificar la comunidad parroquial, no para fragmentarla" (n. 63). El Papa pide después, para que en realidad haya una verdadera participación, que "se promueva una educación en la fe eucarística, para no caer en el ritualismo... A fin de desarrollar en nuestras comunidades eclesiales esta tarea educativa (o catequesis), hay que contar con formadores bien preparados" (n. 64).

 

LA ADORACIóN EUCARíSTICA

Benedicto XVI recuerda que una objeción muy difundida en el pasado contra la Adoración del Santísimo era que "el Pan Eucarístico nos habría sido dado no para ser contemplado sino para ser comido. Dicha contraposición se mostró carente de todo fundamento... La Adoración fuera de la Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración eucarística" (n. 66). Por eso, el Papa recomienda "ardientemente" la práctica de la Adoración tanto personal como comunitaria, la adoración perpetua, las procesiones eucarísticas, las Cuarenta Horas, "prácticas que, debidamente actualizadas y adaptadas a las diversas circunstancias, merecen ser cultivadas también hoy". Pide que en la misma catequesis, sobre todo de comunión, "se inicie a los niños en el significado y la belleza de estar junto a Jesús, fomentando el asombro por su presencia en la Eucaristía" (nn. 67 y 68). Para los templos donde no hay capilla del Santísimo y el sagrario está en el altar mayor, el Papa sugiere "mantener esa estructura para la conservación y celebración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante; y en todo caso que el sagrario esté en el presbiterio, suficientemente alto para ser visible fácilmente por todos" (n. 69).

 

Tercera Parte

 

VIVIR LA EUCARISTíA

En esta última parte el Papa escribe que la Eucaristía ha de vivirse en la vida con "coherencia eucarística". Jesús, en la cena de despedida lavó los pies de sus discípulos invitándonos a hacer lo mismo; por eso el Papa escribe que "nace en torno al Misterio Eucarístico el servicio de la caridad para con el prójimo", con sus distintas repercusiones sociales.

 

EL CULTO ESPIRITUAL

"La Eucaristía transforma toda nuestra vida en culto espiritual agradable a Dios, como enseña san Pablo: ‘Los exhorto, por la misericordia de Dios , a presentar vuestros cuerpos como hostias vivas, santas, agradables a Dios’ (Rom 12,1). Aquí se ve la imagen del nuevo culto como ofrenda total de la propia persona a Dios, en comunión con toda la Iglesia" (n. 70). "La vida cristiana es intrínsecamente eucarística porque el cristiano está llamado a expresar en cada acto de su vida ("sea que coman o hagan cualquier otra cosa..." 1Cor 10,31) el verdadero culto a Dios. La Eucaristía hace posible día a día la transfiguración progresiva del hombre a imagen del Hijo de Dios" (n. 71). San Pablo subraya la relación entre el verdadero culto espiritual y la necesidad de entender de un modo nuevo la vida y vivirla: "No se ajusten a este mundo sino déjense transformar por la renovación de la mente, para que sepan discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto", Rom 12,2 (n. 77).

 

EL PRECEPTO DOMINICAL

El día domingo surgió en la historia "por la costumbre característica de los primeros cristianos de reunirse el primer día después del sábado para celebrar la resurrección de Cristo". Se le llamó "día del Señor" (en latín: "dies domínica"). El Papa, junto a los Padres sinodales reafirma la importancia del precepto dominical para todos los fieles. "De este día brota el sentido cristiano de la existencia y un nuevo modo de vivir lo cotidiano, las relaciones, el trabajo, la vida y la muerte". Se subrayan en particular las distintas actividades para "santificar" el domingo ya sea en la parroquia como en casa (n. 73). El domingo es también día de descanso del trabajo cotidiano, el cual no debe llevar a esclavizar al hombre "pretendiendo encontrar en él, el sentido último y definitivo de la vida" (n. 74).

 

ASAMBLEAS DOMINICALES

EN AUSENCIA DEL SACERDOTE

"Allí donde las grandes distancias hacen prácticamente imposible la participación en la Eucaristía dominical, es importante que las comunidades cristianas se
reúnan igualmente para alabar al Señor y hacer memoria del día dedicado a Él. Sin embargo, esto debe realizarse en el contexto de una
adecuada instrucción acerca de la diferencia entre la santa Misa y estas asambleas dominicales. La Liturgia de la Palabra, organizada bajo la dirección de un diácono o de un responsable de la comunidad al que se le haya confiado debidamente este ministerio por la autoridad competente, debe cumplirse según un ritual específico elaborado por las Conferencias Episcopales y aprobado por ellas para este fin. Recuerdo que corresponde a los obispos conceder la facultad de distribuir la comunión en dichas liturgias, valorando cuidadosamente la validez de la opción... La importancia del papel de los laicos, a los que se ha de agradecer su generosidad al servicio de las comunidades cristianas, nunca ha de ocultar el ministerio insustituible de los sacerdotes para la vida de la Iglesia... Por el contrario, estas liturgias deberían ser ocasiones privilegiadas para pedir a Dios que mande santos sacerdotes según su corazón" (n. 75).

 

SACERDOTES Y LAICOS

En este párrafo el Papa se dirige a los sacerdotes: "Junto a los Padres del Sínodo recomiendo a los sacerdotes la celebración cotidiana de la santa Misa, aun cuando no hubiera participación de fieles. Esta recomendación está en consonancia ante todo con el valor objetivamente infinito de cada celebración eucarística y además está motivada por su singular eficacia espiritual" (n. 80). A continuación, Benedicto XVI se dirige a los laicos para que vivan la "coherencia eucarística" en las relaciones sociales, con el testimonio público de la propia fe. Esto vale para todos los bautizados pero en especial para los que "por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada sobre el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas las formas. Estos valores no son negociables" (n. 83).

 

EUCARISTíA Y ACCIóN SOCIAL

"El Sacrificio de Cristo es para todos; por eso la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse pan partido para los demás y por tanto a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Pensando en la multiplicación de los panes y de los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: ‘dénles ustedes de comer’ Mt 14,16" (n. 88).

"La Eucaristía es un sacramento de comunión entre hermanas y hermanos que aceptan reconciliarse en Cristo, el cual ha hecho de judíos y griegos un solo pueblo, derribando el muro de enemistad que los separaba (Ef 2,14). Cristo, por el memorial de su sacrificio... apremia a los que están enfrentados para que aceleren su reconciliación abriéndose al diálogo y al compromiso por la justicia. La Iglesia no tiene como tarea propia emprender una batalla política para realizar la sociedad más justa posible; sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia. Deben denunciarse las circunstancias que van contra la dignidad del hombre, por el cual Cristo ha derramado su sangre" (n. 89).

 

"ES IMPOSIBLE CALLAR..."

Benedicto XVI lamenta "ciertos procesos de globalización que con frecuencia hacen crecer desmesuradamente en todo el mundo la diferencia entre ricos y pobres" y pide "denunciar a quien derrocha las riquezas de la tierra, provocando desigualdades que claman al cielo (St 5,4). Es imposible permanecer callados por ejemplo ante las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados, en muchas partes del mundo, acogidos en precarias condiciones y necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas?, ¿acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás?"

Con más contundencia aún, el Papa denuncia que "sobre la base de los datos estadísticos disponibles, menos de la mitad de las ingentes sumas destinadas globalmente al armamento, sería más que suficiente para sacar de manera estable de la indigencia al inmenso ejército de los pobres". Nuestro compromiso se debe a que "las poblaciones que viven bajo el umbral de la pobreza, lo son mucho más a causa de situaciones que dependen de las relaciones internacionales políticas, comerciales y culturales, que por circunstancias incontroladas" (n. 90). "Hay que denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotación se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor" (n. 90).

 

CONCIENTIZAR CON LA DOCTRINA SOCIAL

Partiendo del significado de la "colecta" en la Misa, sacramento del amor, Benedicto XVI alaba las instituciones eclesiales de beneficencia, en especial a Cáritas en sus diversos ámbitos, pero no se conforma con lo asistencial e invita a hacer "un trabajo audaz en las estructuras de este mundo", en colaboración con las demás instituciones y movimientos sociales "para que cese o al menos disminuya en el mundo el escándalo del hambre y de la desnutrición que sufren millones de personas". El Papa explica que son "los cristianos laicos los que han de asumir directamente estas responsabilidades socio-políticas y para eso han de ser preparados mediante una educación concreta a la caridad y a la justicia. Como ha pedido el Sínodo es necesario en consecuencia promover la Doctrina Social de la Iglesia y darla a conocer en las diócesis y las comunidades cristianas" (n. 91).

Después de un llamado ecológico en salvaguardia y en defensa de la creación, el Papa concluye el documento notificando que se está preparando en el Vaticano un Compendio Eucarístico para el pueblo cristiano "para que el memorial de la Pascua del Señor se convierta cada vez más en fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia" (n. 93).