ARGENTINA: 

La realidad indígena en la Patagonia

También este año, desde 1983, al llegar el 19 de abril, Día Latinoamericano de los Pueblos Indígenas, se celebró en Argentina la Semana de los Pueblos Aborígenes, organizada por ENDEPA (Equipo Nacional de Pastoral Aborígen), con una particular preocupación por lo que sucede en la Patagonia.

ENDEPA es un organismo de la Iglesia Católica en el que participan obispos, sacerdotes, religiosos/as y laicos/as que están en permanente diálogo con los pueblos indígenas. La Semana de los Pueblos Aborígenes es útil para hacer conocer a toda la Iglesia y a la sociedad, la realidad indígena, y para que esos pueblos hagan oír su voz. En América Latina se calcula que la población indígena con sus 671 pueblos o etnias, es de 30 millones, siendo Perú, México, Bolivia y Guatemala los países con mayor número de habitantes indígenas. En Argentina hay unos 450 mil, de 22 pueblos diferentes y a pesar de los progresos logrados en la lucha por las tierras y sus derechos, siguen sucediendo hechos totalmente condenables en un momento en el que se constata el resurgir de estos pueblos en nuestro continente. En Argentina el pueblo indígena más numeroso es el pueblo Mapuche (el 26% del total), que vive en el sur del país.

En el mes de febrero pasado el pueblo Mapuche volvió a ocupar el predio de Santa Rosa en el Chubut de donde la multinacional italiana Benetton los había desalojado. Desde 1991 esta multinacional compró 970 mil hectáreas en Patagonia, llegando a ser así el primer propietario privado de Argentina. Los indígenas se resistieron defendiendo sus tierras y sus derechos ancestrales. Preguntaron en un documento: "¿Acaso la tierra es privada, la nieve es privada, el viento, el río es privado?" y advirtieron que jamás renunciarán a sus tierras. Ya en el año 2004 algunos mapuches, acompañados por el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, viajaron a Roma y se entrevistaron con el mismo Benetton, el cual los llenó de promesas y les ofreció algunas tierras inhóspitas e improductivas, que enseguida fueron rechazadas. La Iglesia, a través de la Pastoral Social de Patagonia y Comahue, apoyó a los aborígenes. Ya en setiembre del año pasado la Conferencia Episcopal Argentina había publicado un libro titulado: "Una tierra para todos", donde denunciaba la concentración de la tierra en manos de unos pocos y su extranjeri-zación. También es conocido el latifundio en Corrientes del norteamericano Douglas Tompkins, que posee 300 mil hectáreas en las que se encuentra una de las mayores reservas mundiales de agua dulce. Los obispos denunciaron también la marginación de los pueblos originales y el hecho de que casi un millar de comunidades indígenas se vieron afectadas por el deterioro de los recursos naturales y concluyeron diciendo: "Con los aborígenes el país tiene una deuda todavía pendiente".

La Patagonia se vio afectada últimamente también por las manifestaciones de los docentes por los bajos salarios, sus condiciones de vida y de trabajo sumamente difíciles y que concluyeron con el asesinato del profesor de Neuquén Carlos Fuentealba, por parte de un policía, en un hecho que conmovió a todo el país. El obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, participó de las masivas manifestaciones, visitó la carpa docente, se sumó a la jornada de luto y declaró: "Nada ni nadie puede justificar la muerte de una sola persona". "¡Cuántas resurrecciones son necesarias en nuestra querida Patagonia! Resurrección de lo que esclaviza y mata, de las fuerzas tenebrosas que lucran con la trata de personas, concentran los recursos en pocas manos, destruyen familias enteras..."; así han declarado los obispos de esa alejada región, alentando sin embargo a la unión y a la esperanza en su mensaje pascual.