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En el caso de Finalmente,
queremos presentar algunas reflexiones generales en torno a esta
realidad (en especial sobre aquellas drogas que generan efectos alucinógenos)
y a las campañas oficiales y privadas que existen “contra” el
consumo de sustancias psicoactivas. 1. Algunos datos. ¿Qué se entiende por droga? Según Según otra
definición “droga será cualquiera de las múltiples sustancias
que el hombre ha usado, usa o inventará a lo largo de los siglos, con
capacidad para modificar las funciones del organismo vivo que tienen que
ver con su conducta, su juicio, su comportamiento, su percepción o
estado de ánimo” (Jaime Funes, Junta Nacional de Drogas).
Se denomina
así a la conducta de consumo compulsivo de alguna sustancia que
genera dependencia (tanto físicamente como psicológicamente). Es una
conducta que perturba y tiende a organizar la vida del individuo en
torno a su consumo. Debemos
expresar que en Uruguay la droga más consumida es el alcohol. Pero,
lamentablemente, cuenta con la aprobación social. Esta ausencia de
sanción social hace que el inicio en su consumo sea a edades tempranas
(12 años) y que genere problemas de todo tipo: accidentes laborales y
de tránsito, violencia doméstica y social, problemas de salud,
alcoholismo, etc.). En segundo
lugar, el tabaco es la adicción más frecuente. De cada 10
personas que se inician fumando su “primer” cigarrillo, 7 se
transforman en consumidores crónicos. Y 4 de cada 10 fumadores expresan
haber fracasado en su intento de abandonar “el vicio”. En tercer
lugar (y ya como droga ilegal) aparece la marihuana y en cuarto
lugar la cocaína. 2. En los últimos
años, los uruguayos nos fuimos familiarizando con la expresión “Pasta
Base”. En realidad, el consumo y su rápida difusión, es un fenómeno
regional que incluye a Brasil, Argentina y Chile. En el hemisferio norte
aún es una realidad prácticamente desconocida. Según Es una
sustancia que surge de la primer etapa de elaboración de la cocaína
sumada a solventes, kerosene, ácido sulfúrico y otras sustancias que
elevando su volatilidad hacen que se pueda fumar. A la vista
es una sustancia polvorienta, blancuzca que puede oscilar a amarillenta
o color café. Los
primeros efectos que genera se suceden en los primeros 5 segundos de
ingesta (efectos que pueden variar hasta 20 segundos dependiendo de la
dosis y el tipo de preparación).
-2da. etapa: es de “aterrizaje”. De
la euforia se pasa a la angustia, depresión, apatía y en especial el
deseo de seguir fumando para recuperar el sentimiento de euforia y
evitar el displacer. -3a. etapa: denominada de consumo
ininterrumpido, como manera de perpetuar sentimientos positivos que
eviten el pasaje a la segunda etapa. -4a. etapa: denominada psicosis,
en los casos en que se llega a los cuadros delirantes plagados de
alucinaciones. Esta última etapa se sucede en casos de dosis extremas y
continuadas durante varios días. Según Sobre 260
casos entrevistados en estos últimos tres años hemos encontrado
algunas variables presentes que conforman algunas características
generales: En un 95 %
(247 jóvenes) los casos de consumo de drogas
(prioritariamente PBC) pertenecen a jóvenes de una clase social marginada
y pobre. Apenas un 5% (13
jóvenes) pertenecen a una clase social media. En un 90% de los casos
pertenecen a hogares monoparentales (en donde se encuentra una
sola figura parental: madre o padre). El restante 10% proceden de
sistemas familiares en donde se encuentran ambas figuras, pero uno de
ellos padece alguna patología (psiquiátrica, alcoholismo, etc.). De esta
pequeña muestra de investigación (limitada a nuestra praxis personal)
parece surgir que la pertenencia a una clase social discriminada y
empobrecida, y proceder de sistemas familiares disfuncionales, son
características que favorecen la vulnerabilidad psicológica. Estos datos
de nuestra pequeña investigación son ratificados por especialistas en
el tema, que denominan a Los
usuarios la denominan “pasta” a secas, o también “base”,
“piedra”, “roca”, “lata”, “basoco”. Su alto
componente adictivo, junto a la violencia y conductas antisociales que
favorece, hace que los jóvenes cometan delitos de todo tipo para
conseguir dinero y poder comprarla. Hemos entrevistado a chicos que
desde vender su ropa, hasta artículos de su hogar (electrodomésticos,
herramientas, ¡y hasta puertas y ventanas de su casa!) han llegado a
homicidios, en pos del dinero que les permita adquirir la droga. Otras
características comunes remiten a la manera de iniciarse en el consumo:
un grupo numeroso lo hizo por “no quedar afuera de la barra de
amigos”, mientras que el resto “en momentos de depresión por
problemas familiares”. 3. Una perspectiva psicológica - ética: Como visión
del fenómeno de la adicción desde una perspectiva psicológica,
abordaremos el tema desde Según
Frankl, el hombre está movido en el mundo por una voluntad de
sentido que predomina sobre la voluntad de placer o poder. Esta
tensión interior orienta al hombre hacia un sentido que hay que
identificar y por lo tanto, un valor que realizar. La voluntad
de sentido no es un “impulso” ni un acto de voluntarismo, “…
es una condición a priori de la experiencia como tal, es un
presentimiento que acompaña toda la vida del hombre”. (Fizzotti, E. y
Bassi, T., Guía de Cuando esta
voluntad no se puede expresar, surge el vacío existencial: un
sentimiento de apatía, aburrimiento, angustia, desmotivación,
insatisfacción interior. Este vacío se puede manifestar en diversas
conductas: adicciones, agresividad, suicidios, depresiones. Son maneras
erróneas y patológicas de “calmar” ese impulso de una manera
artificial y falsa. Este vacío espiritual se puede encontrar en el
origen de algunas neurosis “noógenas”. Nous proviene del término
utilizado por Aristóteles para denominar al espíritu.
Estas neurosis “espirituales” designan al conjunto de síntomas de
tipo neurótico relacionados al vacío existencial, el sentimiento del
sin-sentido, conflictos de valores, etc.. Es decir, son la consecuencia
de problemáticas existenciales que no han sido resueltas adecuadamente. Las
adicciones nos muestran que la sociedad está enferma y que las
neurosis personales se alimentan de las neurosis colectivas (otra
novedad de Frankl). En el caso
de las adicciones, se puede afirmar que son la patología social
de nuestro tiempo, o la “patología de época”. Cuentan con cuatro
características: 1. Actitud provisional: constituida por
la inseguridad, el “vivir al día” sin poder proyectarse. Es una
suerte de represión del futuro. 2. Actitud fatalista: representada por
la resignación, la ausencia de motivación para hacerse responsable y
modificar situaciones. 3. Pensamiento colectivista: implica
cierta alienación en el pensamiento y las costumbres del grupo social.
Implica la pérdida de la individualidad, originalidad, creatividad. 4. Fanatismo: caracterizado por la
intolerancia, la adhesión a ideologías sin permitirse una postura crítica,
autónoma. En el caso
específico de las adicciones, en el vacío existencial se manifiesta un
aspecto reprimido de la persona que encuentra una modalidad de expresión.
Pero al existir como aspecto reprimido, enfermizo, al expresarse lo hace
de una manera desproporcionada, incontrolable, sin limitaciones sociales
y morales. En estimular esta voluntad de sentido latente, y orientarla de una manera adecuada, el psicoterapeuta encuentra su
objetivo privilegiado. El ser
humano posee una libertad interior inalienable. Esta libertad íntima le
permite tomar una postura ante las situaciones y los condicionamientos
que la vida le propone. En esta libertad reside la fuerza resistente del
Espíritu que se le opone, desde este nivel, a los padecimientos
psicosomáticos. Se le denomina a esta capacidad: antagonismo psiconoético. Este
esclarecimiento permite al adicto situarse por encima de su propia
adicción. Es mucho más que su conducta adictiva. En el fondo de su
alma se encuentra esta libertad de poder optar pese a sus
condi-cionamientos. Esta toma
de conciencia conduce a la libertad y a la responsabilidad ante la
propia vida.
Cada ser
humano recorre su existencia con esta pregunta como compañera de viaje:
¿tiene sentido mi vida?, ¿tiene sentido esto que estoy viviendo?
Frankl propone como un acto de fe que la vida siempre tiene sentido.
La gran tarea existencial es irlo descubriendo. Pareja Herrera (Víctor E. Frankl: Comunicación y Resistencia, 1998) manifiesta que realizarse la pregunta por el sentido de la vida es
la expresión de lo más genuino del ser humano, y no la expresión de
una patología. Esta pregunta remite a lo que hay de humano, libre,
responsable y dirigido a lo espiritual. El sentido de la vida, lejos de
ser un ideal abstracto, es una realidad concreta. Una persona siente que
su vida tiene sentido cuando puede vivir valores. Y específica-mente
vivir valores que le dan identidad, que busca y que lo orientan. Eduard
Spranger describió una tipología basada en los valores centrales
que buscan las personas de acuerdo a sus características. Su hipótesis
es que la personalidad se estructura sobre un valor central típico. De
esta manera en cada persona reside un valor específico que busca
expresarse y que su vivencia dota de sentido a la vida. La búsqueda del
conocimiento, la utilidad, la belleza, la solidaridad, el liderazgo o la
espiritualidad son los ejes “axiológicos” de distintas personas. La
imposibilidad de vivir “su” valor central conduce a la crisis
existencial. Esquema de Spranger: De una manera un
tanto genérica se puede expresar que la no vivencia de valores
conduce al ser humano al vacío existencial (preparando el campo
para conductas adictivas, agresivas o suicidas). Cuando no se puede
guiar la vida desde esta brújula existencial que son los valores la
persona se encuentra sumida en una profunda crisis. 5. Una perspectiva psicológica – espiritual: la sombra o aceptación de las tinieblas personales en el caso de
las adicciones. Si la
espiritualidad se asocia con la luz no debemos olvidarnos que convive
con su opuesto: la oscuridad, el mal. El hombre es un ser polarizado: es
bueno y malo, justo e injusto, solidario y egoísta, etc. Nicolai Berdiaev, filósofo
cristiano, manifiesta que el ser humano se puede conocer a sí mismo en
esta alta polaridad: por sus ideales y por sus pecados, por sus virtudes
y sus defectos. El concepto de “sombra” pertenece al genial
psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, que entiende como
”sombra” de la persona todos aquellos aspectos rechazados desde la
infancia y que han sido negativizados. Si bien
este aspecto rechazado puede ser cualquier rasgo de la personalidad, se
entiende que en general se puede agrupar como componentes fundamentales
de la sombra rasgos dañados de afectividad y espiritualidad. La
afectividad dañada se convierte en la sombra en agresividad y la
espiritualidad reprimida se transforma en falta de creatividad, apatía,
tedio existencial. Una persona con una gran vitalidad desde pequeño fue
obligado a “estarse quieto”; un niño naturalmente espiritual fue
rechazado por sus “fantasías infantiles”, etc.. El primero, cada
tanto sufre estallidos de gran rabia y el segundo se transforma en el niño
“autómata” y deprimido. Estos aspectos genuinos y positivos han
sufrido una sanción social y por lo tanto se esconden en lo profundo
del alma. Cuando se manifiestan surgen de la sombra con gran carga
negativa pues han sido heridos. En el caso
de las adicciones la sombra se expresa a través de la conducta
adictiva. Y en este caso puede ser más sutil que el manifestarse en el
consumo de una droga. Hay personas que tienen compulsión a los dulces
(símbolo afectivo de la nutrición materna) o a mirar películas de
terror (proyección “inofensiva” de la agresividad de su sombra). La
integración de este aspecto sombrío es fundamental, pues “…en
tanto lo no aceptado no sea aclarado, reconocido, vivido e integrado,
sin preocupación por las consecuencias que es el precio a pagar frente
al orden establecido, toda existencia permanece construida sobre la
arena” (Durckheim, K., El doble origen del hombre, 1996, p.
120). Una vida
que pretende madurar psicológica y espiritualmente necesita de la
aceptación y posterior maestría de este aspecto.Y este trabajo es
permanente mientras estamos vivos.“Es necesario enfrentarnos una
y otra vez con nuestra sombra. Solamente así podemos alcanzar la
transformación definitiva y legítima que exige también el
enfrentamiento con las potencias metafísicas de las profundidades.
Porque el hombre ha sido apresado por ellas puede enseguida reconocerlas
e integrarlas” (Idem, p 121). No
obstante, el ser humano se atemoriza, desconociendo que la sombra
reintegrada produce”…un aumento de vitalidad, al tiempo que
estimulará la creatividad en todas las dimensiones de la vida” (Monbourquette
J. Reconciliarse con la propia Sombra, 1999, p. 15).
La sombra
está compuesta en gran porcentaje por la agresividad y la
espiritualidad reprimida.
Desde pequeños se nos ha enseñado a rechazar el mal. “Ser buenos”
es una muletilla que se debilita al no aprender a utilizar la fortaleza
que se despierta en la sombra. La agresividad asumida e integrada se
transforma en coraje, coherencia, resistencia, autenticidad.En la sombra
está la luz interceptada, la vida reprimida, el deseo de ser más auténtico
y transparente. Lo no vivido, lo no expresado, fermenta y muchas veces
se vuelve contra el hombre bajo la forma de enfermedades psicosomáticas
(adicciones, depresiones, tumores, trastornos psíquicos). En el caso
específico del adicto bajo el efecto de la droga permite la aparición
de la sombra: se vuelve violento, ve y siente una realidad fantástica.
Bajo este estado surgen vivencias inefables que la realidad no le puede
ofrecer. La sombra se alimenta y permanece salvaje, autónoma. Asumen
conductas que en estado de conciencia no son permitidas ni aceptadas: un
joven dice cosas que no sabe “de dónde salieron” y una mujer asume
conductas sexuales de riesgo (“no sé qué me pasó, ¡cómo no me
cuidé!”). La sombra se vive con esa extrañeza en donde parece haber
emergido “otro”. Este “otro” desconocido es ese aspecto sombrío
que nos pertenece. Estas
fuerzas de la sombra: espiritualidad y afectividad negativizada no se
integran a la personalidad rechazándolas a ultranza. Necesitan ser
reconocidas y aceptadas con coraje para poder utilizarlas. El hombre
adquiere así En la terapéutica
con adictos, una vez ubicado el contenido de su “sombra”, se
instrumenta la misma de una manera positiva. A una persona con gran
vitalidad que necesitó reprimir ese aspecto para ser aceptado se le
ofrecen como caminos: el boxeo, artes marciales, pesas o cualquier otro
ejercicio que le permita ser “dueño” de esa capacidad. Lejos de ser
más agresivos la experiencia demuestra que se vuelven individuos pacíficos
y controlados pues ahora son dueños y no víctimas de esta capacidad. A una
persona que tiene talentos estéticos reprimidos se le ofrece pintura,
dibujo, artes plásticas, etc.. Otro que
tiene una gran carencia de afecto encuentra en una mascota la
posibilidad de dar y recibir afecto y de esta manera “sana” su
herida. La
estrategia sería reconocer el impulso positivo que anida en el
corazón de la sombra. Y que al no encontrar una manera “socialmente
aceptada” de expresarse enferma, crece y se fortalece. El trigo
crece junto a la cizaña y es un arte discriminar lo positivo presente
en lo negativo. En el núcleo
de un defecto o de un pecado se encuentran “… una de las cinco
motivaciones siguientes: tener un sentimiento profundo de unidad
interior, ser uno mismo, encontrar una paz inalterable, sentirse
aceptable y aceptado, ser amado y amar” (Andreas C., La
transformación esencial, 1995, p. 19).
Queremos
finalizar este trabajo con algunas reflexiones acerca del consumo de
drogas (en especial aquellas que tienen efectos alucinógenos) y sobre
las campañas “contra” el consumo de drogas. La atracción
por las drogas, en todas las escalas sociales y como fenómeno mundial,
nos revela que el consumo de la misma sacia (de una manera errónea)
necesidades muy profundas del ser humano. Pero, se
nos ocurre que el problema, la mayoría de las veces no está bien
tratado. Se acentúa el foco sobre la droga y no sobre las personas.
La droga en sí misma es una sustancia que no es buena ni mala. El
problema es el USO que el hombre hace de ella. En este
sentido es necesario realizar el esfuerzo de comprensión amplio acerca
de lo que obtiene una persona que se droga. Fundamentalmente
(y en especial en las drogas que permiten alucinaciones) se manifiesta
lo que Gastón Bachelard denominó “el derecho de soñar”.
Desde esta perspectiva la droga sirve para ampliar la captación
sensorial de la realidad. Formas, colores, imágenes y sensaciones que
de otra manera el individuo no puede vivenciar. Todo este cúmulo
fantástico de visiones y sentimientos los obtiene rápidamente a través
del consumo. Este fenómeno
fue estudiado de una manera científica y controlada por un grupo de
psiquiatras uruguayos en la década del 60. De sus
estudios reproducimos este breve fragmento: “Un
psiquiatra bajo la acción de una ampolla subcutánea de LSD podía
mirar, en pleno espacio cósmico, en las cuatro direcciones simultáneamente,
una estudiante de psicología, también con LSD, descendió hasta el
centro de la tierra y allí, entre dinosaurios, se transformó ella
misma en dinosaurio, sin ningún temor porque “yo soy como
ellos”; otro sujeto, en las mismas condiciones, estaba fascinado
en plena selva virgen por el caleidoscopio riquísimo de formas y
matices de colores que lo rodeaba. Una adolescente fumaba marihuana y
luego paseaba por 18 de Julio para vivir la experiencia de que los seres
con los que se cruzaba no eran compactos sino flujos de energía que se
interpenetraban con el flujo de energía que también era ella misma” (Berta M. y Mañé Garzón F., Apertura cultural e ideológica,
2004, p. 7). Este
“derecho” y “necesidad” de soñar se puede comprender desde los
aportes de Koestler quien estudió la presencia de dos tendencias
fundamentales en todo ser humano: la autoafirmación y la
autotrascendencia. En el caso
de la tendencia “autoafirmadora” el sujeto tiende a conservar y
defender su forma y características (su “identidad”). En la
tendencia “autotrascenden-te” el impulso lo lleva a desear
trascender la realidad e integrarse en una realidad más amplia. Este
impulso lo llevar a “ser otro” distinto al que es. En el fondo de
esta tendencia se encuentra el deseo de cambio, dinamismo. Tanto una
(el derecho y la necesidad de soñar) como la otra (la tenencia
autotrascendente) configuran aspiraciones legítimas y positivas de la
personalidad. Simplemente
que se canalizan de una manera facilista, errónea, artificial y que se
vuelve patológica. ¿No será
la hora de pensar que estas aspiraciones se pueden colmar por vías
sanas, auténticas? Existen múltiples técnicas psicológicas que
generan el mismo efecto de ampliación de conciencia: ensueño dirigido
de Desoille, la respiración holotrópica de Grof, técnicas
de meditación e imaginación dirigida (San Ignacio de Loyola, Jung,
Guillerey, Happich, etc.). Existen
además diversas actividades que responden a la necesidad de “ser
otro”: teatro, máscaras, actividades lúdicas, etc.. Si tenemos
en cuenta estos factores debemos incluir en las políticas habituales de
prevención y tratamiento alternativas de comprensión y de rehabilitación terapéutica
creativas. “ Si se
combate el síntoma y no las causas se corre el riesgo de que más tarde
vuelva a irrumpir la necesidad con otro rostro patológico. Un
psiquiatra amigo nos contó que en una ocasión trató a un sujeto por
su adicción al alcohol. El individuo realizó el tratamiento y se
“curó”. Pero al poco tiempo, pegándose un tiro, se suicidó. Lo
que estaba en el fondo del alma de esta persona no había “sanado”. Quizás si
las personas adictas a las drogas (y en especial nuestros jóvenes)
tuvieran posibilidades de vivir valores y el derecho a soñar, encontrarían
un sentido a sus vidas, auténtico, sano, sin necesidad de consumir
drogas. Muchas veces no se trata de reprimir y combatir, sino de
reflexionar y elaborar respuestas más audaces y eficaces. No es
casual que la lucha anti drogas en el mundo lejos de obtener resultados
asiste a un crecimiento sostenido del fenómeno del consumo. De la
creatividad, comprensión y amplitud de las políticas empleadas,
depende el éxito. Ps. Leonardo Buero
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