La Pasta Base y otras adicciones


Queremos plantear en este trabajo algunas características de una droga que está mutilando a miles de jóvenes en nuestro país. La gravedad del deterioro que genera a nivel físico y psíquico (acompañado de conductas antisociales y violentas) nos mueve a reflexionar con prontitud. Si bien está presente en todos los estratos sociales y rangos etarios, es evidente que los jóvenes  (y en especial los más carenciados) son quienes acaparan nuestra preocupación.

En el caso de la Pasta Base , la droga que tiene más auge, aportaremos algunos datos a manera de información. Pero pretendemos a lo largo del trabajo centrarnos en el fenómeno de la adicción en sí misma, sus causas y algunas alternativas terapéuticas no tradicionales.

Finalmente, queremos presentar algunas reflexiones generales en torno a esta realidad (en especial sobre aquellas drogas que generan efectos alucinógenos) y a las campañas oficiales y privadas que existen “contra” el consumo de sustancias psicoactivas.

 

1. Algunos datos.

¿Qué se entiende por droga?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) droga es “toda sustancia de origen natural o sintético que al ser consumida alterará la fisiología del organismo”.

Según otra definición “droga será cualquiera de las múltiples sustancias que el hombre ha usado, usa o inventará a lo largo de los siglos, con capacidad para modificar las funciones del organismo vivo que tienen que ver con su conducta, su juicio, su comportamiento, su percepción o estado de ánimo” (Jaime Funes, Junta Nacional de Drogas).

 

¿Qué es la adicción?

Se denomina así a la conducta de consumo compulsivo de alguna sustancia que genera dependencia (tanto físicamente como psicológicamente). Es una conducta que perturba y tiende a organizar la vida del individuo en torno a su consumo.

Debemos expresar que en Uruguay la droga más consumida es el alcohol. Pero, lamentablemente, cuenta con la aprobación social. Esta ausencia de sanción social hace que el inicio en su consumo sea a edades tempranas (12 años) y que genere problemas de todo tipo: accidentes laborales y de tránsito, violencia doméstica y social, problemas de salud, alcoholismo, etc.).

En segundo lugar, el tabaco es la adicción más frecuente. De cada 10 personas que se inician fumando su “primer” cigarrillo, 7 se transforman en consumidores crónicos. Y 4 de cada 10 fumadores expresan haber fracasado en su intento de abandonar “el vicio”.

En tercer lugar (y ya como droga ilegal) aparece la marihuana y en cuarto lugar la cocaína.

 

2. La Pasta Base

En los últimos años, los uruguayos nos fuimos familiarizando con la expresión “Pasta Base”. En realidad, el consumo y su rápida difusión, es un fenómeno regional que incluye a Brasil, Argentina y Chile. En el hemisferio norte aún es una realidad prácticamente desconocida. Según la Junta Nacional de Drogas (JND) el fenómeno se comienza a instalar en el país por la crisis social, consecuencia del quiebre financiero de 2002.

La Pasta Base de Cocaína (PBC) es originaria de los países que elaboran clorhidrato de cocaína (Perú, Colombia, Bolivia).

Es una sustancia que surge de la primer etapa de elaboración de la cocaína sumada a solventes, kerosene, ácido sulfúrico y otras sustancias que elevando su volatilidad hacen que se pueda fumar.

A la vista es una sustancia polvorienta, blancuzca que puede oscilar a amarillenta o color café.

La PBC se fuma, por lo que es necesario una pipa o recipiente que permita calentar la sustancia a efectos de volatilizarla y aspirarla (muchas veces mezclada con tabaco, marihuana, etc.). La iniciación de los consumidores se estima a edades tempranas: 10 u 11 años.

Los primeros efectos que genera se suceden en los primeros 5 segundos de ingesta (efectos que pueden variar hasta 20 segundos dependiendo de la dosis y el tipo de preparación).

-1a. etapa: es de gran euforia y sensaciones placenteras, alteración de la consciencia, desinhibi-ción, aceleración del pensamiento, etc..

-2da. etapa: es de “aterrizaje”. De la euforia se pasa a la angustia, depresión, apatía y en especial el deseo de seguir fumando para recuperar el sentimiento de euforia y evitar el displacer.

-3a. etapa: denominada de consumo ininterrumpido, como manera de perpetuar sentimientos positivos que eviten el pasaje a la segunda etapa.

-4a. etapa: denominada psicosis, en los casos en que se llega a los cuadros delirantes plagados de alucinaciones. Esta última etapa se sucede en casos de dosis extremas y continuadas durante varios días.

Según la JND los efectos psicológicos que produce la PBC son euforia, locuacidad, aumento de la sociabilidad, aceleración mental, hiper actividad, deseo sexual aumentado. Los riesgos psicológicos derivados del consumo son varios: depresión, trastornos del sueño, ideas paranoides (de persecución) y especialmente una dependencia psíquica extrema. Sus efectos fisiológicos son disminución de la fatiga, reducción del sueño, inhibición del apetito, aumento de la presión arterial. Sus riesgos en este plano pueden ser perforación del tabique nasal, riesgos de infartos y hemorragias cerebrales, cardiopatías, insomnio, pérdida de apetito.

Sobre 260 casos entrevistados en estos últimos tres años hemos encontrado algunas variables presentes que conforman algunas características generales:

En un 95 %  (247 jóvenes) los casos de consumo de drogas (prioritariamente PBC) pertenecen a jóvenes de una clase social marginada y pobre. Apenas un 5%  (13 jóvenes) pertenecen a una clase social media.

En un 90% de los casos pertenecen a hogares monoparentales (en donde se encuentra una sola figura parental: madre o padre). El restante 10% proceden de sistemas familiares en donde se encuentran ambas figuras, pero uno de ellos padece alguna patología (psiquiátrica, alcoholismo, etc.).

De esta pequeña muestra de investigación (limitada a nuestra praxis personal) parece surgir que la pertenencia a una clase social discriminada y empobrecida, y proceder de sistemas familiares disfuncionales, son características que favorecen la vulnerabilidad psicológica.

Estos datos de nuestra pequeña investigación son ratificados por especialistas en el tema, que denominan a la PBC la “heroína de los pobres” por su bajo precio (se pueden conseguir dosis a partir de $ 20). En la jerga de los adictos y quienes comercian la droga el slogan es “merca barata y que pega más” (JND).

Los usuarios la denominan “pasta” a secas, o también “base”, “piedra”, “roca”, “lata”, “basoco”.

Su alto componente adictivo, junto a la violencia y conductas antisociales que favorece, hace que los jóvenes cometan delitos de todo tipo para conseguir dinero y poder comprarla. Hemos entrevistado a chicos que desde vender su ropa, hasta artículos de su hogar (electrodomésticos, herramientas, ¡y hasta puertas y ventanas de su casa!) han llegado a homicidios, en pos del dinero que les permita adquirir la droga.

Otras características comunes remiten a la manera de iniciarse en el consumo: un grupo numeroso lo hizo por “no quedar afuera de la barra de amigos”, mientras que el resto “en momentos de depresión por problemas familiares”.

 

3. Una perspectiva psicológica - ética:

Como visión del fenómeno de la adicción desde una perspectiva psicológica, abordaremos el tema desde la Logoterapia y su óptica de valores y sentido de la vida. Dicha escuela psicológica fue creada por el Dr. Víctor Frankl, médico psiquiatra que sobrevivió a los campos de concentración de la 2da. Guerra Mundial.

Según Frankl, el hombre está movido en el mundo por una voluntad de sentido que predomina sobre la voluntad de placer o poder. Esta tensión interior orienta al hombre hacia un sentido que hay que identificar y por lo tanto, un valor que realizar.

La voluntad de sentido no es un “impulso” ni un acto de voluntarismo, “… es una condición a priori de la experiencia como tal, es un presentimiento que acompaña toda la vida del hombre”. (Fizzotti, E. y Bassi, T., Guía de la Logoterapia , p. 62).

Cuando esta voluntad no se puede expresar, surge el vacío existencial: un sentimiento de apatía, aburrimiento, angustia, desmotivación, insatisfacción interior. Este vacío se puede manifestar en diversas conductas: adicciones, agresividad, suicidios, depresiones.

Son maneras erróneas y patológicas de “calmar” ese impulso de una manera artificial y falsa. Este vacío espiritual se puede encontrar en el origen de algunas neurosis “noógenas”. Nous proviene del término utilizado por Aristóteles para denominar al espíritu. Estas neurosis “espirituales” designan al conjunto de síntomas de tipo neurótico relacionados al vacío existencial, el sentimiento del sin-sentido, conflictos de valores, etc.. Es decir, son la consecuencia de problemáticas existenciales que no han sido resueltas adecuadamente.

Las adicciones nos muestran que la sociedad está enferma y que las neurosis personales se alimentan de las neurosis colectivas (otra novedad de Frankl).

En el caso de las adicciones, se puede afirmar que son la patología social de nuestro tiempo, o la “patología de época”. Cuentan con cuatro características:

1. Actitud provisional: constituida por la inseguridad, el “vivir al día” sin poder proyectarse. Es una suerte de represión del futuro.

2. Actitud fatalista: representada por la resignación, la ausencia de motivación para hacerse responsable y modificar situaciones.

3. Pensamiento colectivista: implica cierta alienación en el pensamiento y las costumbres del grupo social. Implica la pérdida de la individualidad, originalidad, creatividad.

4. Fanatismo: caracterizado por la intolerancia, la adhesión a ideologías sin permitirse una postura crítica, autónoma.

En el caso específico de las adicciones, en el vacío existencial se manifiesta un aspecto reprimido de la persona que encuentra una modalidad de expresión. Pero al existir como aspecto reprimido, enfermizo, al expresarse lo hace de una manera desproporcionada, incontrolable, sin limitaciones sociales y morales.

En estimular esta voluntad de sentido latente, y orientarla de una manera adecuada, el psicoterapeuta encuentra su objetivo privilegiado.

El ser humano posee una libertad interior inalienable. Esta libertad íntima le permite tomar una postura ante las situaciones y los condicionamientos que la vida le propone. En esta libertad reside la fuerza resistente del Espíritu que se le opone, desde este nivel, a los padecimientos psicosomáticos. Se le denomina a esta capacidad: antagonismo psiconoético.

Este esclarecimiento permite al adicto situarse por encima de su propia adicción. Es mucho más que su conducta adictiva. En el fondo de su alma se encuentra esta libertad de poder optar pese a sus condi-cionamientos.

Esta toma de conciencia conduce a la libertad y a la responsabilidad ante la propia vida.

 

4. El sentido de la vida y las adicciones:

Cada ser humano recorre su existencia con esta pregunta como compañera de viaje: ¿tiene sentido mi vida?, ¿tiene sentido esto que estoy viviendo? Frankl propone como un acto de fe que la vida siempre tiene sentido. La gran tarea existencial es irlo descubriendo. Pareja Herrera (Víctor E. Frankl: Comunicación y Resistencia, 1998) manifiesta que realizarse la pregunta por el sentido de la vida es la expresión de lo más genuino del ser humano, y no la expresión de una patología. Esta pregunta remite a lo que hay de humano, libre, responsable y dirigido a lo espiritual. El sentido de la vida, lejos de ser un ideal abstracto, es una realidad concreta. Una persona siente que su vida tiene sentido cuando puede vivir valores. Y específica-mente vivir valores que le dan identidad, que busca y que lo orientan. Eduard Spranger describió una tipología basada en los valores centrales que buscan las personas de acuerdo a sus características. Su hipótesis es que la personalidad se estructura sobre un valor central típico. De esta manera en cada persona reside un valor específico que busca expresarse y que su vivencia dota de sentido a la vida. La búsqueda del conocimiento, la utilidad, la belleza, la solidaridad, el liderazgo o la espiritualidad son los ejes “axiológicos” de distintas personas. La imposibilidad de vivir “su” valor central conduce a la crisis existencial.

Esquema de Spranger: De una manera un tanto genérica se puede expresar que la no vivencia de valores conduce al ser humano al vacío existencial (preparando el campo para conductas adictivas, agresivas o suicidas). Cuando no se puede guiar la vida desde esta brújula existencial que son los valores la persona se encuentra sumida en una profunda crisis.

 

5. Una perspectiva psicológica – espiritual:

la sombra o aceptación de las tinieblas personales en el caso de las adicciones.

Si la espiritualidad se asocia con la luz no debemos olvidarnos que convive con su opuesto: la oscuridad, el mal. El hombre es un ser polarizado: es bueno y malo, justo e injusto, solidario y egoísta, etc.

Nicolai Berdiaev, filósofo cristiano, manifiesta que el ser humano se puede conocer a sí mismo en esta alta polaridad: por sus ideales y por sus pecados, por sus virtudes y sus defectos. El concepto de “sombra” pertenece al genial psicoterapeuta suizo Carl Gustav Jung, que entiende como ”sombra” de la persona todos aquellos aspectos rechazados desde la infancia y que han sido negativizados.

Si bien este aspecto rechazado puede ser cualquier rasgo de la personalidad, se entiende que en general se puede agrupar como componentes fundamentales de la sombra rasgos dañados de afectividad y espiritualidad. La afectividad dañada se convierte en la sombra en agresividad y la espiritualidad reprimida se transforma en falta de creatividad, apatía, tedio existencial. Una persona con una gran vitalidad desde pequeño fue obligado a “estarse quieto”; un niño naturalmente espiritual fue rechazado por sus “fantasías infantiles”, etc.. El primero, cada tanto sufre estallidos de gran rabia y el segundo se transforma en el niño “autómata” y deprimido. Estos aspectos genuinos y positivos han sufrido una sanción social y por lo tanto se esconden en lo profundo del alma. Cuando se manifiestan surgen de la sombra con gran carga negativa pues han sido heridos.

En el caso de las adicciones la sombra se expresa a través de la conducta adictiva. Y en este caso puede ser más sutil que el manifestarse en el consumo de una droga. Hay personas que tienen compulsión a los dulces (símbolo afectivo de la nutrición materna) o a mirar películas de terror (proyección “inofensiva” de la agresividad de su sombra). La integración de este aspecto sombrío es fundamental, pues “…en tanto lo no aceptado no sea aclarado, reconocido, vivido e integrado, sin preocupación por las consecuencias que es el precio a pagar frente al orden establecido, toda existencia permanece construida sobre la arena”  (Durckheim, K., El doble origen del hombre, 1996, p. 120).

Una vida que pretende madurar psicológica y espiritualmente necesita de la aceptación y posterior maestría de este aspecto.Y este trabajo es permanente mientras estamos vivos.“Es necesario enfrentarnos una y otra vez con nuestra sombra. Solamente así podemos alcanzar la transformación definitiva y legítima que exige también el enfrentamiento con las potencias metafísicas de las profundidades. Porque el hombre ha sido apresado por ellas puede enseguida reconocerlas e integrarlas” (Idem, p 121).

No obstante, el ser humano se atemoriza, desconociendo que la sombra reintegrada produce”…un aumento de vitalidad, al tiempo que estimulará la creatividad en todas las dimensiones de la vida” (Monbourquette J. Reconciliarse con la propia Sombra, 1999, p. 15). 

 

El hombre “..se atemoriza  por las fuerzas del inconsciente, las de la sombra que amenazan su orden actual, y también por la intensa carga de una nueva vida que contiene. Teme ver salir desde la sombra una vida que, porque la ha rechazado, se ha vuelto malsana y venenosa.”  (Durckheim, K, 1996, p. 123).

La sombra está compuesta en gran porcentaje por la agresividad y la espiritualidad  reprimida. Desde pequeños se nos ha enseñado a rechazar el mal. “Ser buenos” es una muletilla que se debilita al no aprender a utilizar la fortaleza que se despierta en la sombra. La agresividad asumida e integrada se transforma en coraje, coherencia, resistencia, autenticidad.En la sombra está la luz interceptada, la vida reprimida, el deseo de ser más auténtico y transparente. Lo no vivido, lo no expresado, fermenta y muchas veces se vuelve contra el hombre bajo la forma de enfermedades psicosomáticas (adicciones, depresiones, tumores, trastornos psíquicos). En el caso específico del adicto bajo el efecto de la droga permite la aparición de la sombra: se vuelve violento, ve y siente una realidad fantástica. Bajo este estado surgen vivencias inefables que la realidad no le puede ofrecer. La sombra se alimenta y permanece salvaje, autónoma.

Asumen conductas que en estado de conciencia no son permitidas ni aceptadas: un joven dice cosas que no sabe “de dónde salieron” y una mujer asume conductas sexuales de riesgo (“no sé qué me pasó, ¡cómo no me cuidé!”). La sombra se vive con esa extrañeza en donde parece haber emergido “otro”. Este “otro” desconocido es ese aspecto sombrío que nos pertenece.

Estas fuerzas de la sombra: espiritualidad y afectividad negativizada no se integran a la personalidad rechazándolas a ultranza. Necesitan ser reconocidas y aceptadas con coraje para poder utilizarlas. El hombre adquiere así la Maestría de sí mismo.

En la terapéutica con adictos, una vez ubicado el contenido de su “sombra”, se instrumenta la misma de una manera positiva. A una persona con gran vitalidad que necesitó reprimir ese aspecto para ser aceptado se le ofrecen como caminos: el boxeo, artes marciales, pesas o cualquier otro ejercicio que le permita ser “dueño” de esa capacidad. Lejos de ser más agresivos la experiencia demuestra que se vuelven individuos pacíficos y controlados pues ahora son dueños y no víctimas de esta capacidad.

A una persona que tiene talentos estéticos reprimidos se le ofrece pintura, dibujo, artes plásticas, etc..

Otro que tiene una gran carencia de afecto encuentra en una mascota la posibilidad de dar y recibir afecto y de esta manera “sana” su herida.

La estrategia sería reconocer el impulso positivo que anida en el corazón de la sombra. Y que al no encontrar una manera “socialmente aceptada” de expresarse enferma, crece y se fortalece.

El trigo crece junto a la cizaña y es un arte discriminar lo positivo presente en lo negativo.

En el núcleo de un defecto o de un pecado se encuentran “… una de las cinco motivaciones siguientes: tener un sentimiento profundo de unidad interior, ser uno mismo, encontrar una paz inalterable, sentirse aceptable y aceptado, ser amado y amar” (Andreas C., La transformación esencial, 1995, p. 19).

 

6. Algunas reflexiones generales

Queremos finalizar este trabajo con algunas reflexiones acerca del consumo de drogas (en especial aquellas que tienen efectos alucinógenos) y sobre las campañas “contra” el consumo de drogas.

La atracción por las drogas, en todas las escalas sociales y como fenómeno mundial, nos revela que el consumo de la misma sacia (de una manera errónea) necesidades muy profundas del ser humano.

Pero, se nos ocurre que el problema, la mayoría de las veces no está bien tratado. Se acentúa el foco sobre la droga y no sobre las personas. La droga en sí misma es una sustancia que no es buena ni mala. El problema es el USO que el hombre hace de ella.

En este sentido es necesario realizar el esfuerzo de comprensión amplio acerca de lo que obtiene una persona que se droga.

Fundamentalmente (y en especial en las drogas que permiten alucinaciones) se manifiesta lo que Gastón Bachelard denominó “el derecho de soñar”. Desde esta perspectiva la droga sirve para ampliar la captación sensorial de la realidad. Formas, colores, imágenes y sensaciones que de otra manera el individuo no puede vivenciar.

Todo este cúmulo fantástico de visiones y sentimientos los obtiene rápidamente a través del consumo.

Este fenómeno fue estudiado de una manera científica y controlada por un grupo de psiquiatras uruguayos en la década del 60.

De sus estudios reproducimos este breve fragmento:

“Un psiquiatra bajo la acción de una ampolla subcutánea de LSD podía mirar, en pleno espacio cósmico, en las cuatro direcciones simultáneamente, una estudiante de psicología, también con LSD, descendió hasta el centro de la tierra y allí, entre dinosaurios, se transformó ella misma en dinosaurio, sin ningún temor porque “yo soy como ellos”; otro sujeto, en las mismas condiciones, estaba fascinado en plena selva virgen por el caleidoscopio riquísimo de formas y matices de colores que lo rodeaba. Una adolescente fumaba marihuana y luego paseaba por 18 de Julio para vivir la experiencia de que los seres con los que se cruzaba no eran compactos sino flujos de energía que se interpenetraban con el flujo de energía que también era ella misma” (Berta M. y Mañé Garzón F., Apertura cultural e ideológica, 2004, p. 7).

Este “derecho” y “necesidad” de soñar se puede comprender desde los aportes de Koestler quien estudió la presencia de dos tendencias fundamentales en todo ser humano: la autoafirmación y la autotrascendencia.

En el caso de la tendencia “autoafirmadora” el sujeto tiende a conservar y defender su forma y características (su “identidad”). En la tendencia “autotrascenden-te” el impulso lo lleva a desear trascender la realidad e integrarse en una realidad más amplia. Este impulso lo llevar a “ser otro” distinto al que es. En el fondo de esta tendencia se encuentra el deseo de cambio, dinamismo.

Tanto una (el derecho y la necesidad de soñar) como la otra (la tenencia autotrascendente) configuran aspiraciones legítimas y positivas de la personalidad.

Simplemente que se canalizan de una manera facilista, errónea, artificial y que se vuelve patológica.

¿No será la hora de pensar que estas aspiraciones se pueden colmar por vías sanas, auténticas? Existen múltiples técnicas psicológicas que generan el mismo efecto de ampliación de conciencia: ensueño dirigido de Desoille, la respiración holotrópica de Grof, técnicas de meditación e imaginación dirigida (San Ignacio de Loyola, Jung, Guillerey, Happich, etc.).

 

Existen además diversas actividades que responden a la necesidad de “ser otro”: teatro, máscaras, actividades lúdicas, etc..

Si tenemos en cuenta estos factores debemos incluir en las políticas habituales de prevención y tratamiento alternativas de comprensión y de rehabilitación

terapéutica creativas.

La Humanidad se hunde progresivamente en la droga salvaje por falta de una comprensión y una dirección adecuada de un impulso humano normal. Por el contrario, pienso que el imperativo debería ser: llevemos la imaginación, la creación y el arte a la vida y al trabajo diarios y no tendremos necesidad de drogas. Parecería que nuestra misión como seres encarnados es semejante a la de la ostra: transformar un grano de arena en una perla. De ese modo, un elemento material irritativo es transfigurado en un elemento bello y único. No otra cosa es la creación y el arte con su ampliación de conciencia. Para ello no es necesaria la droga sino la estimulación de la actividad creadora del ser humano. De ese modo, el ser humano se sobrepasa y trasciende a sí mismo”. (Idem, p. 8).

Si se combate el síntoma y no las causas se corre el riesgo de que más tarde vuelva a irrumpir la necesidad con otro rostro patológico.

Un psiquiatra amigo nos contó que en una ocasión trató a un sujeto por su adicción al alcohol. El individuo realizó el tratamiento y se “curó”. Pero al poco tiempo, pegándose un tiro, se suicidó. Lo que estaba en el fondo del alma de esta persona no había “sanado”.

Quizás si  las personas adictas a las drogas (y en especial nuestros jóvenes) tuvieran posibilidades de vivir valores y el derecho a soñar, encontrarían un sentido a sus vidas, auténtico, sano, sin necesidad de consumir drogas. Muchas veces no se trata de reprimir y combatir, sino de reflexionar y elaborar respuestas más audaces y eficaces.

No es casual que la lucha anti drogas en el mundo lejos de obtener resultados asiste a un crecimiento sostenido del fenómeno del consumo.

De la creatividad, comprensión y amplitud de las políticas empleadas, depende el éxito.

 

Ps. Leonardo Buero