La V Conferencia de Aparecida

En el vuelo a Brasil, Benedicto XVI, preguntado sobre la Teología de la Liberación , dijo: “Hay un espacio para un debate difícil pero legítimo” y se preguntó “cómo se puede hacer eficaz en el mejor modo posible la Doctrina Social de la Iglesia. Algunos teólogos de la Liberación buscan avanzar por este camino, otros toman otros. En todo caso, las instrucciones del Magisterio no quisieron destruir el compromiso por la justicia sino... respetar la justa diferencia entre responsabilidad política y responsabilidad eclesial”.

Según la mayoría de los observadores los discursos del Papa no fueron moralizantes. En el estadio Pacaembú, aún hablando claramente a los jóvenes de moral sexual, enfatizó la vivencia profunda y coherente del Evangelio. El tono fue positivo y exhortativo, proponiendo la esencialidad del Evangelio y “una evangelización en la que Cristo y la Iglesia estén en el centro de toda formulación”. Destacó la religiosidad popular y rechazó el proselitismo porque la Iglesia ha de desarrollarse “por contagio” o atracción. Incentivó la misión, tratando de llegar a las personas “una por una”; pero no dramatizó el hecho de que disminuyera el número de los católicos, sino más bien insistió en la calidad de su fe. Reafirmó la opción preferencial por los pobres (“está implícita en la fe cristológica”) y dijo que “ la Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres y lo hace formando las conciencias, educando en las virtudes individuales y políticas”. Son los laicos católicos los que deben dedicarse a la política partidista y de gobierno. Benedicto XVI al visitar la Granja de la Esperanza , denunció con vehemencia a los traficantes de droga (“Dios les pedirá cuentas”).

Ante 266 participantes de la V Conferencia en el discurso de apertura de la primera sesión, el Papa en forma programática destacó algunos objetivos prioritarios. Habló de la continuidad con las anteriores Conferencias, de la primacía de la Palabra de Dios (aprovechando más la predicación, la catequesis, los medios de comunicación). Usó la expresión “catequesis social” para indicar que “la evangelización siempre está unida a la promoción humana y a una auténtica liberación cristiana”.

De alguna forma sorprendió las expectativas de muchos analistas y colocó en el centro de su mensaje el problema de la desigualdad social y el desafío del desarrollo integral. Después de decir que “el discípulo, anclado en la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la Buena Noticia de salvación a sus hermanos”, el Papa afirma: “Los pueblos latinoamericanos tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas, libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia... En este contexto me es grato recordar la Encíclica Populorum Progressio, cuyo 40º aniversario recordamos este año”.

Hablando de la “cultura de la vida” el Papa no se manifestó sólo en contra del aborto, sino que impulsó a crear condiciones de vida más humana. En cuanto al publicitado éxodo de los católicos a las sectas, afirmó que “es la falta de evangelización la que lleva al abandono de la Iglesia de muchos bautizados no suficientemente evangelizados”. Benedicto XVI pide para eso una evangelización “metódica y capilar, practicando una pastoral de la acogida”.

Hubo también algunas reacciones negativas a las intervenciones del Papa, cuando habló indistintamente del peligro de las “sectas”. Los evangélicos pentecostales se sintieron ofendidos,  rechazando ese calificativo como injurioso. Lo que más creó polémicas, sobre todo en los ambientes indígenas, fue cuando el Papa sostuvo que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de una cultura extraña”; sin embargo, Benedicto XVI aclaró posteriormente su postura, reconociendo luces y sombras en el proceso evangelizador.

Después de la solemne inauguración presidida por el Papa, comenzaron los trabajos de la Asamblea. En la segunda jornada de trabajo, los presidentes de los episcopados, prefectos y presidentes de Dicasterios vaticanos expusieron ante los más de 260 participantes lo que esperaban como resultado de esta Conferencia.

El presidente de la Conferencia Episcopal Uruguaya, el obispo Carlos Collazzi, ante delegados de la Iglesia de todo el continente, señaló como un “presupuesto ineludible” partir de la realidad, reconociendo luces y sombras, a la vez que enfatizó que se esperan “opciones pastorales concretas, que contemplen prestar una atención especial a los jóvenes, la mujer, los indígenas y los afroamericanos”.

Estas expectativas, elaboradas por todos los obispos uruguayos en la Asamblea Plenaria del mes de abril, y ahora presentadas por el presidente de la CEU , señalan la necesidad de “una lectura profética para que la Iglesia salga de aquí convertida en una Iglesia ‘aparecida’ para vida de nuestros pueblos”.

La Iglesia debe aparecer fuertemente comprometida al servicio de la vida y de la esperanza; comprometida con la justicia y con la liberación”, enfatizó Collazzi, subrayando que los obispos de Uruguay aguardan que la V Conferencia suscite un proceso de conversión, personal, institucional y pastoral que haga más creíble y atractiva la vida cristiana comprometida y la voz profética de la Iglesia ”. El obispo de Mercedes terminó su intervención destacando el imperativo de responder a la pregunta: ¿cómo se ‘hace’ un cristiano hoy, al comienzo del tercer milenio, en este Continente?

 

Benedicto XVI  y la Juventud en Brasil

En su visita a Brasil, el Papa Benedicto XVI se reunió con la juventud, el día 9 de mayo en el estadio Pacaembú de San Pablo.

Llegados de todos los rincones del país y también de otros países latinoamericanos, nosotros, jóvenes, nos encontramos para celebrar, manifestar y profundizar nuestra fe.

La llegada del Papa al estadio fue marcada por la emoción y la alegría de tenerlo cerca. Siempre se referió a los jóvenes como “amigos suyos”. Durante las palabras de acogida de parte del arzobispo de San Pablo, Odilo P. Scherer, la multitud de jóvenes se alegró cuando, en su discurso, hizo el pedido oficial para que Brasil reciba la Jornada Mundial de la Juventud , a la cual el Papa sonriente abrió sus brazos como quien recibe la propuesta.

Seguramente las palabras del Papa: “deseo dar un gran abrazo bien brasilero a todos ustedes”, se concretaron en el momento que recibió a los jóvenes que se acercaron a él con regalos, ofrendas y sobre todo en el abrazo comunitario que dió a los cinco jóvenes que conversaron con él, presentando la realidad del joven en la sociedad actual.

El Papa nos ha pedido “vivir la vida con entusiasmo, con alegría y, sobre todo, con responsabilidad”.

Nos ha enviado a “evangelizar a los jóvenes que andan por este mundo errantes, como ovejas sin pastor. Sean los apóstoles de los jóvenes. Invítenlos para que vengan con ustedes, hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor, encuéntrense con Jesús”. Nos orientó para que seamos libres y responsables, promotores de la vida, y a sentir admiración por los ancianos. Aún más, “el Papa también espera que los jóvenes busquen santificar su trabajo, haciéndolo con competencia técnica y con laboriosidad”.

Concluyó diciendo: “Queridos jóvenes, Cristo los llama para que sean santos...

Es Él quien convoca y quiere caminar con ustedes, para animarlos con su Espíritu...”

Agradecemos a Dios la gracia de escuchar y compartir nuestra vida con Benedicto XVI, y nos alegramos por encontrar en él, el rostro de un padre amigo y bondadoso. Fue por eso que gritamos: “Papa, nosotros te queremos”.

 

Testimonio de Diomar Romaniv, colaborador de Umbrales en San Pablo.