Joseph Ki-Zerbo:

Hombre de paz

Murió el pasado 4 de diciembre uno de los hombres más importantes de África. Historiador, político, escritor, profesor catedrático, conferencista, fue sobre todo un cristiano ejemplar que supo asociar como pocos su fe a la tarea cultural y a la defensa de la democracia y de los derechos humanos.

Lo conocí personalmente en Asís y me impactó su humildad y a la vez su extraordinaria sabiduría. Había sido catequista en su juventud, estudió en la Sorbona de París y volviendo a su país, Burkina Faso, se constituyó en cofundador y presidente del Consejo Africano y Malgache de Enseñanza Superior, promoviendo una política educativa africana autónoma. Fundó en su país el mayor partido de oposición y entre 1972 y 1978 dirigió la redacción de dos volúmenes de “Historia General de África”, publicados por la Unesco , lo que lo proyectó como el mejor historiador africano de la actualidad.

Con la llegada de la dictadura, Ki-Zerbo abandonó el país, fue condenado en rebeldía por motivos políticos y le saquearon su biblioteca de más de 11 mil volúmenes. Luego de la muerte del dictador, pudo volver y fue diputado rehusándose siempre a entrar en componendas políticas. En 1997 recibió el Premio Nóbel Alternativo por sus estudios e investigaciones a nivel socio-político.

Criticó el multipartidismo exagerado (en Burkina Faso había más de 100 partidos políticos) y la idea de que hubiese un vínculo automático entre multipartidismo y democracia. Según él, en la tradición africana había una democracia real y social con la coparticipación de los bienes y la solidaridad practicada por todos, al revés de la acumulación de signo capitalista. Escribía: “Entre nosotros existe la cultura de la solidaridad, la que es indispensable para una verdadera democracia. Cada día millones de africanos se desplazan sin que nadie los obligue para asistir en los hospitales a la parte más débil de la sociedad: niños, mujeres embarazadas, enfermos, ancianos.” Y concluía: “Hay que africanizar las normas fundamentales de la auténtica democracia, para contrarrestar el contagio de los principios del liberalismo”.

Ki-Zerbo enseñó a los africanos a rescatar los valores humanos y cristianos de su propia cultura y a “descubrir que, a pesar de la indigencia económica, África posee una enorme cantidad de riquezas y valores para transmitir al resto de la humanidad; valores que recuerdan al hombre la prioridad del ser sobre el tener”. “Devolver su voz propia a los pueblos”, ése era su gran deseo y hacía votos para que la política expresara de veras esa voz y las aspiraciones profundas de los pueblos. El primer derecho-deber de una persona umana es conocerse a si mismo y conocer a los demás. En el listado de los derechos fundamentales de cada hombre y de cada mujer debería aparecer también el derecho a ser conocidos y ser conocidos correctamente. Siempre estuvo animado por la fe en Cristo. Él mismo escribió: “Entré en política inspirado por mi fe cristiana, dispuesto a todos los sacrificios y a olvidar mis intereses, para luchar cada vez que había una causa justa para defender”. Su cristianismo práctico y consecuente le trajo muchos sinsabores. Murió sin embargo, rodeado por el afecto y la veneración de su pueblo en Burkina Faso a los 84 años.

 

Primo Corbelli