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Joseph Ki-Zerbo:
Murió
el pasado 4 de diciembre uno de los hombres más importantes de África.
Historiador, político, escritor, profesor catedrático, conferencista,
fue sobre todo un cristiano ejemplar que supo asociar como pocos su fe a
la tarea cultural y a la defensa de la democracia y de los derechos
humanos. Lo
conocí personalmente en Asís y me impactó su humildad y a la vez su
extraordinaria sabiduría. Había sido catequista en su juventud, estudió
en Con la llegada de la dictadura, Ki-Zerbo
abandonó el país, fue condenado en rebeldía por motivos políticos y
le saquearon su biblioteca de más de 11 mil volúmenes. Luego de la
muerte del dictador, pudo volver y fue diputado rehusándose siempre a
entrar en componendas políticas. En 1997 recibió el Premio Nóbel
Alternativo por sus estudios e investigaciones a nivel socio-político. Criticó el multipartidismo exagerado (en Burkina Faso había más de
100 partidos políticos) y la idea de que hubiese un vínculo automático
entre multipartidismo y democracia. Según él, en la tradición
africana había una democracia real y social con la coparticipación de
los bienes y la solidaridad practicada por todos, al revés de la
acumulación de signo capitalista. Escribía: “Entre nosotros
existe la cultura de la solidaridad,
la que es indispensable para una verdadera democracia. Cada día
millones de africanos se desplazan sin que nadie los obligue para
asistir en los hospitales a la parte más débil de la sociedad: niños,
mujeres embarazadas, enfermos, ancianos.” Y concluía: “Hay que africanizar las normas fundamentales de la
auténtica democracia, para contrarrestar el contagio de los principios
del liberalismo”. Ki-Zerbo enseñó a los africanos a rescatar los valores humanos
y cristianos de su propia cultura y a
“descubrir que, a pesar de la indigencia económica, África posee una
enorme cantidad de riquezas y valores para transmitir al resto de la
humanidad; valores que recuerdan al hombre la prioridad del ser sobre el
tener”. “Devolver su voz propia a los pueblos”,
ése era su gran deseo y hacía votos para que la política expresara de
veras esa voz y las aspiraciones profundas de los pueblos. El primer
derecho-deber de una persona umana es conocerse a si mismo y conocer a
los demás. En el listado de los derechos fundamentales de cada hombre y
de cada mujer debería aparecer también el derecho a ser conocidos y
ser conocidos correctamente. Siempre estuvo animado por la fe en Cristo.
Él mismo escribió: “Entré en política inspirado por mi fe
cristiana, dispuesto a todos los sacrificios y a olvidar mis intereses,
para luchar cada vez que había una causa justa para defender”. Su
cristianismo práctico y consecuente le trajo muchos sinsabores. Murió
sin embargo, rodeado por el afecto y la veneración de su pueblo en
Burkina Faso a los 84 años. Primo
Corbelli
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