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Rompiendo el círculo
de muerte Hace tan solo unos días atrás mi amigo Agustín,
que pertenece a De persistir esta situación, lo único que
ocurrirá será que saldrán con más bronca, más violencia
interior y seguirán agrediendo a la sociedad que hoy “les ha
vuelto la espalda”. Se destacó con qué cariño y alegría reciben
los internos a los miembros de la pastoral carcelaria que les vienen a
acompañar, escuchar y anunciar el Evangelio. Tras el recluso, generalmente hay una historia de
maltrato infantil, de violencia doméstica, de alcoholismo, y en muchos
casos de abusos sexuales: la alienación de la droga resulta casi una
necesidad, con los delitos cometidos para conseguirla. La pasta base que
enloquece a los jóvenes y niños marginados, y los vuelve violentos, ha
aparecido recientemente. Muchos sospechan que es una estrategia para
inutilizar y matar a los indeseados de la sociedad. No había
terminado de hablar cuando una señora lo interrumpió
diciéndole: “¡Yo no pienso hacer nada
por esos criminales y sinvergüenzas, me han robado varias veces,
y hace siete días me tiraron al suelo y me arrebataron la cartera, casi
me matan para robarme los
100 pesos que llevaba! Son irrecuperables, ¡hay que ayudar a la gente
que lo merece!” Más allá de la indignación comprensible que
esta señora mostró, las condiciones que sufren los reclusos, deben
mover a un compromiso. Lo que hacen los agentes de Pastoral Carcelaria
es un noble esfuerzo. Pero eso no basta. Todavía la sociedad no ha
mirado el problema de marginación y violencia social que muchos
hermanos experimentan y que los lleva a delinquir. No se trata de
justificar nada, sino de descubrir que este tema no es menor, y que no
bastará toda la policía del mundo, ni la pena de muerte, ni la represión,
para evitar las agresiones que la sociedad sufre de parte de ellos. El
tema se resuelve con educación, con
trabajo, y con atención social. La alternativa es encerrarse,
viviendo cada vez más inseguros y con mayor desconfianza, encerrados
entre rejas y candados y con miedo. Sólo creando mejores condiciones de
vida para los más desamparados, educando para la vida social y
comunitaria, y valorando la persona humana por sí misma, mejorará esta
situación, y se romperá el círculo vicioso de marginación, violencia
y delito; es un compromiso para todos los actores sociales y los
ciudadanos.
Eduardo Ojeda |
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