AMÉRICA LATINA

 

 

La Hora de Aparecida

En el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, Brasil, ha tenido lugar del 13 al 31 de mayo la quinta Conferencia del CELAM, inaugurada por el Papa Bendicto XVI. Relatamos las declaraciones más interesantes que han tenido repercusión pública antes de la Asamblea.

 

El obispo brasilero Demetrio Valentini, uno de los 22 delegados elegidos en Brasil para la Conferencia de Aparecida, invitó a retomar las grandes intuiciones del Concilio. En un amplio artículo Valentini explicó que “no fue fácil seguir con este tipo de Conferencias después del Sínodo de América”. Fue la asamblea del Celam de 2001 que propuso una nueva Conferencia latinoamericana en ocasión del jubileo del Celam. El actual presidente del Celam, card. Francisco Errázuriz, tomó la iniciativa de consultar a las distintas Iglesias, que se declararon a favor. Juan Pablo II dijo querer lo que la Iglesia latinoamericana quería. Se pensó realizarla en Roma por la enfermedad del Papa y después de su muerte se propuso hacerla en Ecuador, Chile, o Argentina, hasta que Benedicto XVI decidió por Aparecida, en Brasil. El obispo Valentini marcó las que, según él, deberían ser las grandes intuiciones del Concilio a retomar: “una visión de Iglesia como Pueblo de Dios con el protagonismo de los laicos, la colegialidad episcopal, la valorización de las Conferencias Episcopales y de las Iglesias Locales, el fomento de las comunidades cristianas y en especial de las CEBs, la primacía de la Palabra y de la evangelización, la ministeriali-dad en la Iglesia y el justo rol de la mujer, además de la opción por los pobres como opción por la justicia y la inculturación del Evangelio”.

El Documento de Trabajo de esta Conferencia, recuperó el método del “ver, juzgar, actuar”, como insistentemente se había pedido, ya que había sido la metodología tradicional de las Conferencias anteriores. A diferencia del Documento de Participación, muy criticado, el Documento de Trabajo pareció  retomar las grandes líneas de las Conferencias anteriores en un esfuerzo por adaptarlas a la realidad de hoy.

El teólogo brasilero Jung Mo Sung, se preguntaba, no si se hablaría de los pobres en Aparecida, sino “cómo”, e invitaba a seguir haciendo profecía, denunciando las injusticias estructurales hoy más que nunca, marcando los nuevos signos de los tiempos.

El card. Errázuriz especificó lo que debía ser uno de los grandes objetivos de la Conferencia :despertar en los católicos del continente el espíritu misionero que está dormido en muchos de ellos. Nosotros tuvimos durante mucho tiempo la suerte de ser evangelizados, pero no despertamos el espíritu misionero en la gente. Tuvimos la suerte de tener muchos misioneros y nos acostumbramos a recibir gente y a recibir ayuda, pero no a despertar misionariamente a los católicos. El espíritu misionero de ir a los demás y hablarles de Jesucristo está muy dormido...”. Y añadía, advirtiendo que la misión será imposible si no se termina con el clericalismo y no se promueve un verdadero protagonismo de los laicos: “El compromiso con Cristo tampoco se expresa  en la política, ni en el campo empresarial, ni en los medios de comunicación, etc... Es necesario apuntar a la formación”. Esta línea misionera es marcada también por el Papa: La Iglesia latinoamericana ya no debe ser misionada, sino misionera”, ha dicho.

El ex arzobispo de San Pablo,  card. Claudio Hummes, expresa: “No podemos permitirnos quedarnos quietos en la parroquia; hay que llegar a los pobres de las periferias, acompañarlos en sus problemas y anunciarles el Evangelio. En los últimos años la Iglesia Católica perdió en América Latina el 1% de fieles cada año.  La Iglesia ha de preguntarse las razones por las cuales ella no alcanza a radicar en sus bautizados una fe más profunda en Cristo”. Por su parte, Raymundo Damasceno Asís, arzobispo de Aparecida dijo: “Los tres ejes de la Conferencia son: el discipulado, la misión y la defensa y promoción de la vida, donde con el concepto de vida se entiende la vida espiritual, sobrenatural, de unión con Dios pero también la vida humana en su integridad, con lo que se necesita para una vida digna: educación, trabajo, salud, vivienda, empleo, salario justo, etc.”.