6. El Apocalipsis

La esperanza de la Iglesia frente a la persecución

 

"Yo Juan, escribo a las siete Iglesias de Asia. Gracia y paz a ustedes, de parte de ‘Aquel que es, que era y que va a venir’, de parte de los siete Espíritus que están ante su trono, y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. Él nos amó y nos purificó con su sangre de nuestros pecados,

e hizo de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Miren, vendrá entre las nubes: todos lo verán, hasta los que lo traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén.

Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, ‘Aquel que es, que era y que va a venir’, el Todopoderoso.

Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero de la tribulación, del reino y de la espera perseverante, en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta, que decía:

‘Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea’.

Me volví a ver qué voz era la que me hablaba y al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos como a un Hijo de hombre, vestido de una larga túnica, ceñido a su pecho con una faja de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana, como la nieve; sus ojos como llama de fuego;

sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza".

(Ap 1,4-16)

1. Un libro de revelación centrado en Cristo

El Apocalipsis es un libro extraordinario. Usando un estilo muy común de su época, Juan, guiado por el Espíritu Santo, nos entrega unas grandes verdades sobre la historia de las luchas de la Iglesia y, lo más importante, la revelación de Jesucristo, el Cordero de Dios.

Desgraciadamente, algunos han usado el libro para asustar al pueblo; la verdad es que el Apocalipsis es un libro lleno de esperanza, en el que podemos ver si cada uno de nosotros está listo para aceptar el núcleo central de la profecía: recibir a Cristo, Él nos dice al fin de Apocalipsis: "Ciertamente, vengo en breve". Y nosotros con Juan respondemos: "¡Ven, Señor Jesús!"

Para muchos, el Apocalipsis es un libro que provoca temor e incomprensión, porque tiene mucho simbolismo difícil de entender. Se presenta como una crónica de la destrucción del mundo desde una perspectiva amenazadora. Muchos han pretendido encontrar aquí detalles de los acontecimientos finales de la historia y pretenden encontrar la fecha del fin del mundo. Sin embargo, no parece ser ésta la idea del autor del libro, que dice anunciar algo que está próximo y proclama dichosos a los que lo lean y escuchen (1,3). Entonces, si el Apocalipsis no es un libro que nos hace sentir dichosos es que no lo estamos interpretando bien.

En la presentación del libro (1,1-3) encontramos ya dos referencias que nos ayudan a situarlo: se dice que se trata de una revelación (en griego, Apocalipsis); la figura central es Jesucristo, que se revela a las comunidades que viven la persecución.

 

Un libro que es Revelación

Apocalipsis significa "revelación", es decir, descubrimiento de algo que estaba oculto.

Hoy, como hace veinte siglos, la historia la hacen los triunfadores, los poderosos, los grandes imperios. Pero, ¿será así de verdad? Cada vez más nos damos cuenta de que no, la historia está entretejida de sufrimiento, de trabajos y dolores de una gran masa anónima que parece pasar por ella sin dejar rastro, y sin embargo, es de ellos, de los que en primer lugar nos quiere hablar este libro, de todos aquellos que sufren el poder. El Apocalipsis nos pone ante los ojos ese reverso de la historia que muchas veces queremos ocultar porque es demasiado doloroso y nos cuestiona.

Pero el libro no nos habla únicamente de los males que acosan a la humanidad. El Apocalipsis sabe que no basta con ver este lado de la historia, hay que ver también el reverso porque el único Señor de la historia es Dios que manifiesta su poder decisivo en Jesucristo. De ese Señorío de Dios nos habla el Apocalipsis como trasfondo último de toda la historia. En este libro todas las luchas de la humanidad se presentan bajo la luz de una deslumbrante liturgia cósmica, porque todo está destinado a servir, en último término, como manifestación del poder salvador de Dios. Ante los males del mundo nosotros también estamos tentados de preguntar: "¿de quién es la culpa?". Algo parecido preguntaron los discípulos a Jesús; la respuesta fue clara: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios" (Jn 9,3). Esta es también la respuesta del Apocalipsis: no nos podemos conformar con mirar los sufrimientos de la humanidad como el castigo de una oscura culpa, sino como el camino misterioso por medio del que se manifestarán al mundo las obras de Dios.

 

Un libro centrado en Cristo

El Apocalipsis es entonces una revelación de Jesucristo, el protagonista de este libro. En la visión inicial de Juan (1,12-20), Jesucristo aparece entre siete candelabros, que representan no sólo las 7 Iglesias del Asia menor, sino todas las Iglesias que esperan la venida de Jesús. Este Jesucristo humano y humanitario que se contrapone al poder bestial del mal (Dn 7,13-14), está adornado por una amplia serie de símbolos de poder y honor.

A través de este amplio juego simbólico se nos presenta un Jesús resucitado, resplandeciente y vivo corporalmente en su Iglesia. Es una visión complementaria a la de los Evangelios; mientras que éstos nos llevan al Resucitado a partir del Jesús humano, el Apocalipsis ve la humanidad de Jesús desde el resplandor deslumbrante de su Resurrección. Es este Jesús glorioso y lleno de poder aquél en quien confía y a quien espera la Iglesia.

La revelación de Jesucristo que transmite el Apocalipsis se da para que los cristianos puedan ser dichosos en la esperanza de su venida. Son palabras de ánimo sostenidas en la cercanía del Señor y de su manifestación. En conclusión, es un libro hecho para animar la esperanza de una Iglesia en dificultad.

 

 

PREGUNTAS:

1. El Apocalipsis está guiado por un horizonte de esperanza fundamental. ¿Cómo me ayuda esta Palabra a tener esperanza en medio de las dificultades?

 

2. Cuando somos pesimistas con respecto a la historia y a la realidad, ¿no estaremos torciendo la intención fundamental de esta revelación de Jesucristo?

 

PALABRAS CLAVE

Esperanza: los primeros cristianos eran creyentes necesitados de un mundo justo, ansiosos de una realidad nueva. Esa ansiedad de salvación era la que hacía de su esperanza una fuerza que los animaba a ver en cada circunstancia negativa también un anuncio del final de su espera.

 

Revelación: Apocalipsis es una palabra griega que significa "revelación", es decir, descubrimiento de algo que estaba oculto. La primera y principal pretensión de este libro es quitar el velo (re-velar) a la realidad oculta.

 

Símbolos: el Apocalipsis está lleno de imágenes simbólicas. Cristo glorioso es presentado con símbolos tomados de la Biblia:

- Túnica larga y pecho ceñido aluden al sacerdocio.

- Cabellos blancos de anciano que indican sabiduría.

- Ojos como llamas: su mirada ilumina (Dn 10,6).

- Pies de bronce: contrapuestos a la estatua del sueño de Nabucodonosor indican un poder duradero.

- Voz como estruendo: recuerda el poder de Dios.

- Siete estrellas en la mano: son el signo de las 7 comunidades y de su destino.

- De su boca sale una espada de doble filo: una metáfora que expresa el poder de la palabra.

- Aspecto como el sol: es Cristo

que lo ilumina todo.

 

 

2. Una PROFECÍA para cada tiempo

 

Cuando se habla de profecía o de profetas, pensamos normalmente en personas que adivinan el futuro y predicen lo que va a ocurrir. No es ése el sentido que le da la Biblia: Profeta es el que habla en nombre de Dios, tanto cuando predice el futuro, como cuando orienta en el presente, o interpreta lo pasado.

 

Las profecías escritas. Las profecías del Antiguo Testamento tienen unas características literarias comunes: el autor es una persona conocida, que transmite una palabra de Dios, para que los oyentes se conviertan y obedezcan. Entre las formas de expresión de los profetas tienen un lugar especial también los símbolos, que sirven para expresar de un modo impactante el anuncio profético (por ej. Jer 19,1-2.10-11); son formas de expresar con más claridad y vitalidad el contenido de la palabra. El profeta está convencido de que la historia se construye en el diálogo entre Dios y el mundo, e impulsa al cambio. El contexto propio de la profecía es una situación social en la que se advierten posibilidades de mejora. Como ejemplo tenemos el oráculo profético de Amós 5,21-24, en el que se critican las celebraciones litúrgicas y pide, en nombre de Dios, que haya justicia en Israel. Se trata de una invitación a la conversión para que la situación cambie y el pueblo de Dios viva mejor.

 

Una profecía apocalíptica. Sin embargo, cuando el pueblo vive en tan grave peligro, que su misma existencia como pueblo está amenazada, se necesita una profecía mucho más fuerte para provocar la reacción del pueblo. Allí es donde nace la profecía apocalíptica: un grito profético que se produce en tiempos de desesperación.

En este contexto también se hace uso de los símbolos, para descifrar la situación presente y provocar una esperanza de algo nuevo. Además se hace uso del pseudónimo, es decir, se atribuye el mensaje a algún personaje importante del pasado. Con esto se logran dos efectos: se inviste de autoridad ante los lectores y además se da verosimilitud a algunos hechos ya acontecidos que se presentan como si fueran predichos con anterioridad. La profecía apocalíptica no espera ya la conversión del pueblo, sino la intervención de Dios. Cuando la situación no tiene ninguna salida humana, la única fuente de esperanza para un pueblo es una intervención directa de Dios, y eso genera una nueva esperanza. En una situación social extremadamente crítica, a la que no se le ve salida; por eso se quiere fortalecer la esperanza en la intervención de Dios y en la posibilidad de un cambio radical de la realidad.

La apocalíptica judía es un género que tiene sus grandes épocas de auge en ese tipo de situaciones: el destierro en Babilonia o la dominación griega, cuando la introducción de las costumbres y la cultura griega amenazan con destruir la identidad de Israel.

 

Profecía y persecución. La época de finales del siglo I tiene características parecidas para los cristianos. El cristianismo fue considerado por parte del Imperio Romano como una religión antisocial que no aceptaba los cultos a los dioses que servían para la cohesionar al Imperio. Ya en la época del emperador Claudio los judíos y los cristianos fueron expulsados de Roma. Nerón acusó a los cristianos del incendio de Roma, aprovechando la opinión pública hostil; se les acusaba de adorar a una cabeza de asno, de canibalismo e incluso de practicar el incesto. En la época de Domiciano también los cristianos fueron de nuevo perseguidos. En el contexto de esta última persecución se escribió el Apocalipsis. La Iglesia de esta época era una comunidad oculta y perseguida, que temía por su propia subsistencia en medio

del acoso a que se veía sometida por parte de los poderes públicos y de la sociedad en general. En esta situación de temor y desánimo, el Apocalipsis quiere renovar la esperanza de los cristianos retomando las técnicas y los modos de expresión de la profecía apocalíptica judía.

 

EN TU HISTORIA HOY

No conformarse con el mal. Algunos cristianos de hoy estamos tan cómodos en este mundo, que nuestra esperanza se queda muchas veces en esta vida. Frente a todo eso, en nombre de la humanidad que sufre y en nombre de Cristo salvador, el Apocalipsis nos recuerda que un cristianismo auténtico no puede ser nunca un cristianismo conformista, un cristianismo que ama tanto este mundo como para que el temor por su destrucción sea mayor que la esperanza de su salvación.

A pesar de todo, el Apocalipsis sigue lanzándonos un reto a los cristianos del siglo XXI, el reto de una Iglesia que pone su confianza en Cristo, el reto de una fe que no es capaz de conformarse con un mundo en el que sigue existiendo el mal y por eso ansía de corazón que venga el Reino de Dios.

 

 

Profecía y "visiones". En el Apocalipsis, Juan habla continuamente de visiones. Son imágenes literarias más que visuales. Son metáforas con valor teológico con las que se expresa una percepción del sentido profundo de la historia a partir de la fe. En este sentido hablamos de una visión, una forma de ver que detecta aquello que está oculto en el mundo, pero que no es algo fantasioso o inexplicable, sino que es accesible desde la fe en Jesucristo.

 

Profecía y compromiso. En el mundo la violencia existe. Es algo que a nadie le gusta, pero que está ahí. Frente a ese hecho una primera salida es volver la mirada hacia otra parte, pensar en otra cosa, y vivir como si no existiera. Es lo que hacemos muchas veces cuando, refugiándonos en nuestra vida, olvidamos el mal de los demás. Todo esto no es sino una forma de enmascarar la violencia, de ocultar su poder de muerte y, en el fondo de permitir que siga campeando a sus anchas por nuestro mundo. No es esa la opción del Apocalipsis. Este libro pone ante nuestros ojos lo que no nos gusta ver, pero que está ahí: la imagen de un mundo violento donde el sufrimiento y la muerte necesitan de nuestra respuesta y de nuestro compromiso activo. La espera de la intervención de Dios no elimina la llamada a permanecer en la fe, sino que motiva al compromiso de los creyentes. Es un libro para el presente: el presente cronológico de la Iglesia del siglo I y el presente continuo de toda la historia de la Iglesia.

 

Profecía y triunfo final

Una vez desenmascarada la realidad violenta del mundo, el Apocalipsis no se conforma con eso, sino que quiere responder a una pregunta: ¿qué hará Dios frente a tanto mal? y su respuesta va en dos sentidos: en primer lugar, Dios se enfrenta y lucha contra el mal del mundo, no está dispuesto a permitir que el mal lo domine y usa su poder para acabar con ese mal. Pero no sólo eso, Dios vence porque su poder es poder de vida, en cada plaga que se abate sobre el mundo siempre hay un resto que queda preservado, una esperanza de vida que permanece y, finalmente, a pesar de todo, triunfa Dios y aparece la nueva Jerusalén como promesa de paz y seguridad para la humanidad. Este libro tiene la valentía de no escondernos la realidad del mal y de no dejar a Dios ajeno frente a ella, por eso es también una llamada para que acabemos con toda violencia, no sólo en nombre de la humanidad, sino en nombre de Dios cuyo poder está de nuestra parte.

 

 

 

Oración: Himno de los Redimidos

 

El Apocalipsis nos presenta este Himno de los Redimidos, que cantan sus alabanzas al Cordero degollado y triunfante (Ap 4,11 y 5,9-12).

 

Eres digno, Señor, Dios nuestro,

de recibir la gloria, el honor

y el poder, porque tú has creado

el universo; porque por tu voluntad

lo que no existía fue creado.

 

Eres digno de tomar el libro

y abrir sus sellos,

porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios

hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;

y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes,

y reinan sobre la tierra.

 

Digno es el Cordero degollado

de recibir el poder, la riqueza,

la sabiduría, la fuerza, el honor,

la gloria y la alabanza.