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7. Cartas Pastorales
Y Tradición Apostólica
Porque llegará un tiempo en que los hombres ya no soportarán la sana doctrina, sino que se buscarán maestros a su gusto, hábiles en captar su atención; cerrarán los oídos a la verdad y se volverán hacia puros cuentos. Por eso debes estar siempre alerta. No hagas caso de tus propias penas; dedícate a tu trabajo de evangelizador; cumple bien tu ministerio. Yo, por mi parte, estoy llegando al fin y se acerca el momento de mi partida. He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos. Sólo me queda recibir la corona de toda vida santa con la que me premiará aquel día el Señor, juez justo; y conmigo la recibirán todos los que anhelaron su venida gloriosa." (2 Tim 4,1-8)
1. Una Iglesia que se organizaEl texto de 2Timoteo 4,1-8 es muy emocionante y elocuente: el apóstol Pablo siente que la hora de su muerte se está acercando. Está en paz por haber "combatido el buen combate" y haber "guardado lo que depositaron en mis manos": es decir que la Buena Noticia que ha recibido, también la ha anunciado con fidelidad y entrega total. Ahora se preocupa porque su discípulo Timoteo transmita esta "sana doctrina" que ha recibido. Es un momento muy importante en la vida de la Iglesia: la generación de los apóstoles está desapareciendo por el inevitable momento de la muerte que coincidió en ellos con el martirio; quedan sus discípulos, los que compartieron con los apóstoles el ministerio de la predicación: como Timoteo y Tito, a los cuales Pablo dirigió unas cartas. La edad apostólica no se acaba con la muerte de los apóstoles, sino con la desaparición de estos cristianos que vivieron con los apóstoles compartiendo con ellos la labor evangelizadora. Y es en esta edad apostólica que se define el número de los libros que entrarán en el Nuevo Testamento, porque todos sus libros fueron escritos en este tiempo que va desde Pentecostés hasta alrededor del año 150 d.C.. Por supuesto, fueron muchos más los escritos de los apóstoles, o de sus discípulos, que se escribieron en este tiempo (ver algún ejemplo en las páginas siguientes). Son escritos muy importantes para los creyentes de aquella época, pero en el Nuevo Testamento entraron aquellos que preferentemente las comunidades cristianas leían en las celebraciones litúrgicas.
La Tradición Apostólica El conjunto de todos estos manuscritos (los que entraron -las cartas católicas de Pedro, Santiago, Judas...- y los que no entraron en el Nuevo Testamento) se conoce en la Comunidad cristiana con el nombre de Tradición Apostólica: es decir, lo que los apóstoles (junto con sus discípulos) nos han transmitido. La transmisión (Tradición eclesial) seguirá también después de este tiempo, y sigue hoy también con la palabra calificada de los obispos, sucesores de los apóstoles; mientras que la Tradición Apostólica sólo se refiere a aquella época histórica. Y es por eso que esos escritos son tan significativos.
La estructura de la Iglesia Es en este mismo tiempo que comienza también a definirse la estructura de la Iglesia desde el punto de vista pastoral, que en su esencia es la misma de hoy: la comunidad cristiana presidida por el obispo, ayudado por los presbíteros y los diáconos; la comunión y la caridad entre las distintas comunidades; los ministerios o servicios en la comunidad que el Espíritu suscita; el día del Señor; la celebración eucarística... Esta estructura la encontramos sobre todo en algunas cartas de Pablo (1 y 2 a Timoteo y la dirigida a Tito), que por este motivo son llamadas cartas pastorales, y en otros escritos de la Tradición Apostólica, como por ejemplo las cartas de Ignacio de Antioquía y la Apología de Justino. Según algunos estudiosos, es posible que las Cartas pastorales (así como la Carta a los Hebreos y otros libros del NT) no sean obra de Pablo o del autor que las firmó, sino que algún discípulo haya usado la autoridad del Apóstol para dar importancia a su escrito. A pesar de la probabilidad de esta hipótesis, para el creyente, estos son los textos que la Tradición Apostólica nos transmitió, y es en razón de esta Tradición que la Iglesia invita a creer en lo que ellos han comunicado; y no sólo ellos sino también los que en aquel tiempo fueron escritos y aceptados por las comunidades cristianas.
PREGUNTAS: 1. Viendo cómo se fueron organizando las primeras comunidades cristianas, ¿qué sugerencia puedes sacar para la organización de la comunidad cristiana de hoy?
2. La Tradición Apostólica tuvo su prolongación en la tradición eclesial de los Santos Padres y luego de todos los Pastores que los siguieron. ¿Cómo pordrías describir la "Tradición" que se actualiza hoy en nuestra Iglesia? ¿Hay también una "Tradición" de la Iglesia latinoamericana?PALABRAS CLAVE Sana Doctrina y Tradición Apostólica. Una preocupación constante de las primeras comunidades es mantener íntegro el vínculo con la enseñanza de los Apóstoles, los primeros testigos de la vida de Jesucristo. La fidelidad a esta "Sana Doctrina" (1Tim 6,20) era muy importante frente a la avalancha de propuestas de distintas corrientes religiosas (sobre todo corrientes filosóficas y gnósticas) que actuaban en aquel tiempo. Por eso, se sintió la necesidad de tener un cuerpo fijo de enseñanzas en las que confiar. Es la Tradición Apostólica que se expresa en fórmulas de Profesión de Fe (He 2,14s.) y especialmente en la catequesis bautismal (Rom 1,3s.). También la vida litúrgica influye en la formación de la Tradición.
Ministerio. Esta palabra, que significa "servicio" es muy común en los escritos y en el espíritu del Nuevo Testamento, siguiendo la enseñanza de Jesús. Él le pide a los discípulos ser "los más pequeños" (minis-ter), en lugar de ser "los más grandes" (magis-ter).
Venida gloriosa. La espera de la venida gloriosa del Mesías, llamada también "Parusía" (= retorno), era uno de los temas muy queridos por las primeras comunidades cristianas. Este retorno de Jesús era considerado ya próximo (Fil 4,5; Sant 5,9). Frente a las dificultades y a las persecuciones, el tema escatológico del Juicio Final y de la venida del Reino, era un motivo de esperanza y de fortaleza. EN TU HISTORIA DE HOY Cada uno es protagonista. La propuesta de Jesús es la propuesta de la Iglesia. Estamos llamados a vivir con Dios, conscientes de que somos colaboradores suyos para continuar la misión que los apóstoles recibieron de Cristo.El desafío es reconocerlo en nuestras vidas y aceptándolo a Él, descubrirlo en nosotros para hacerlo presente con palabras y acciones, sintiéndonos Iglesia y aportando a la construcción de la comunidad cristiana. Como discípulos de Jesús no podemos conformamos con reconocer todo aquello que no funciona en la Iglesia, sino poner manos a la obra y comprometernos para mejorarla.
2. Otros escritos de la Tradición Apostólica
Cartas de Ignacio de Antioquía A san Ignacio de Antioquía se le llama Padre Apostólico porque, habiendo nacido en Antioquía en el siglo I, fue discípulo de los Apóstoles san Pablo y san Juan. Fue el tercer obispo de Antioquía, Siria, siendo san Pedro y san Evodio los dos primeros. El emperador Trajano al principio respetó a los cristianos, pero por gratitud a sus dioses tras su victoria sobre los dacios y escitas, comenzó a perseguir a quienes no los adoraban. San Ignacio, condenado a morir devorado por las fieras, rezó por la Iglesia, la encomendó a Dios, y fiel a su fe se sometió a los soldados para ser encadenado y llevado a Roma. Durante la mayor parte del trayecto san Ignacio fue acompañado por los diáconos Filón y Agatopo, a quienes se considera autores de las actas de su martirio. Las numerosas paradas, dieron al santo oportunidad de confirmar en la fe a las iglesias cercanas a la costa de Asia Menor. Dondequiera que el barco atracaba, los cristianos enviaban sus obispos y presbíteros a saludarlo, y grandes multitudes se reunían para recibir su bendición. Desde Esmirna, el santo escribió cuatro cartas. En Tróade, Ignacio escribió tres cartas más. Según las Actas, al aproximarse el santo a Roma, los fieles salieron a recibirlo y se regocijaron al verlo, pero lamentaron el tener que perderlo tan pronto. Como él lo había previsto, deseaban tomar medidas para liberarlo, pero les rogó que no le impidieran llegar al Señor. Entonces, arrodillándose con sus hermanos, rogó por la Iglesia, por el fin de la persecución y por la caridad y concordia entre los fieles. Llegado a Roma, fue conducido ante el prefecto de la ciudad, a quien se le entregó la carta del emperador. Después de los trámites acostumbrados, se le llevó apresuradamente al anfiteatro flaviano. Ahí le soltaron dos leones, que inmediatamente lo devoraron. Los escritos del obispo San Ignacio de Antioquía son de suma importancia porque demuestran la catolicidad de la doctrina desde tiempos apostólicos.
Algunas de sus enseñanzas doctrinales Cristo, humano y divino: Como san Juan, san Ignacio nos muestra que Cristo es humano y divino. "Hijo de María e hijo de Dios, primero pasible, después impasible, Jesucristo Nuestro Señor" (Efes. xvii). Su doctrina es una defensa contra dos tendencias de la época: por un lado, algunos de los judaizantes negaban la encarnación y creían en un Jesús sólo humano. Por otro lado, los decetistas negaban la humanidad de Cristo. La Eucaristía: San Ignacio de Antioquía es el primero en usar la palabra "Eucaristía" para referirse al Santísimo Sacramento (Esmir. viii). Llama a Jesús "pan de Dios" que ha de ser comido en el altar, dentro de una única Iglesia. El día del Señor, el domingo: "Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor, en el que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte" (Magn. 9,1). La Iglesia: Es una institución divina cuyo fin es la salvación de las almas; quienes se separan de ella se separan de Dios (Filadelfia III).
Siendo simplemente laico, Justino fue el primer apologista cristiano. Se llama apologista al que escribe en defensa de algo. Y Justino escribió varias apologías o defensas del cristianismo. Sus escritos ofrecen detalles muy interesantes para saber cómo era la vida de los cristianos antes del año 200 y cómo celebraban sus ceremonias religiosas. Justino se dedicó a leer la Biblia y allí encontró maravillosas enseñanzas que antes no había logrado encontrar en ningún otro libro. Tenía unos treinta años cuando se convirtió, y en adelante el estudio de la Sagrada Escritura fue para él lo más provechoso de toda su existencia. Se convenció de que es una grave obligación de los que están convencidos de la santidad de nuestra religión, tratar de animar a otros para que lleguen también a pertenecer al cristianismo. Por eso, se propuso recoger todas las pruebas que pudo y publicar sus "Apologías" en favor de la religión de Jesucristo. En sus famosos libros de Apologías (o defensa del cristianismo) Justino les decía a los gobernantes de ese tiempo: ¿Por qué persiguen a los seguidores de Cristo? ¿Porque son ateos? No lo son. Creen en el Dios verdadero. ¿Porque son inmorales? No. Los cristianos observan mejor comportamiento que los de otras religiones. ¿Porque son un peligro para el gobierno? Nada de eso. Los cristianos son los ciudadanos más pacíficos del mundo. ¿Porque practican ceremonias indebidas? Y les describe enseguida cómo es el bautismo y cómo se celebra la Eucaristía, y de esa manera les demuestra que las ceremonias de los cristianos son las más santas que existen. Las actas acerca del martirio de Justino son uno de los documentos más impresionantes que se conservan de la antigüedad.
Discurso a DIOGNETO Se trata de un breve tratado apologético dirigido a un tal Diogneto que, al parecer, había preguntado acerca de algunas cosas que le llamaban la atención sobre las creencias y modo de vida de los cristianos. El desconocido autor de este tratado, compuesto seguramente a finales del siglo II, va respondiendo a estas cuestiones en un tono más de exhortación espiritual y de instrucción que de polémica o argumentación. La parte central de esta apología expone un aspecto fundamental de la vida de los primeros cristianos: el deber de santificarse en medio del mundo, iluminando todas las cosas con la luz de Cristo. Un mensaje siempre actual, que el Señor ha recordado a los hombres con las enseñanzas del Concilio Vaticano II. La carta comienza refutando la idolatría: las imágenes a las que se adora no son dioses, sino objetos hechos por los hombres y que no pueden valerse por sí mismos; también los judíos están equivocados, pues aunque adoran al Dios verdadero, lo hacen con ritos innecesarios, a los que conceden gran importancia. Los cristianos en cambio, que viven en este mismo mundo sin huir de él, que usan el mismo vestido y el mismo idioma, y viven en las mismas ciudades, están en el mundo como si no fueran de él; son como el alma del mundo, aborrecidos por éste y sin embargo, dándole vida. Sus convicciones son tan firmes que no vacilan en dar la vida para no abandonarlas; pues no se han inventado su doctrina, sino que la han recibido de Dios, que se ha manifestado últimamente, enviando a su Hijo amado para que nos revelara lo que desde un principio tenía preparado para nosotros; además, el Hijo de Dios nos ha librado de nuestra culpa sufriendo por nuestros pecados. Exhorta después a Diogneto a conocer a Dios Padre y a amarlo a Él y al prójimo para que, viviendo en la tierra, pueda contemplar al Dios del cielo.
POLICARPO de Esmirna
De Policarpo conservamos la Carta a los Filipenses y el acta de su martirio. La organización de la Iglesia que presenta Policarpo en esta carta, está basada en el presbiterio, y en ella se lamenta del caso de un integrante de la Iglesia de Filipos, un tal Valente y su mujer, que han caído en el pecado de la avaricia y se han apartado de la Iglesia. Policarpo además reitera una serie de normas de vida cristiana contra la fornicación, la avaricia, la homosexualidad, las herejías, etc., y así podemos entender la sintonía que existía en las comunidades primitivas entre el hecho de la salvación por medio de la fe, y el cumplimiento de los mandamientos.
Oración: Salmo 67
El anuncio misionero de los primeros discípulos llega a todos los pueblos y civilizaciones de la tierra, para formar una Iglesia universal.
Que Dios nos bendiga con amor, y haga brillar su rostro sobre nosotros. Conozca la tierra tus caminos, todas las naciones tu salvación...
Que cante de alegría toda la gente, porque guías al mundo con justicia, con rectitud juzgas a los pueblos y gobiernas las naciones de la tierra.
La tierra ha dado su fruto, nos bendiga el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga y que lo adoren todos los habitantes de la tierra.
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