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1. Testigos del Resucitado El Anuncio Kerigmático
Israelitas, escuchen mis palabras: Dios acreditó entre ustedes a Jesús de Nazaret. Hizo que realizara entre ustedes milagros, prodigios y señales que ya conocen. Ustedes, sin embargo, lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto. Pero Dios lo libró de los dolores de la muerte y lo resucitó, pues no era posible que quedase bajo el poder de la muerte. Y es un hecho que Dios resucitó a Jesús; de esto todos nosotros somos testigos. Después de haber sido exaltado a la derecha de Dios, ha recibido del Padre el don que había prometido, me refiero al Espíritu Santo que acaba de derramar sobre nosotros, como ustedes están viendo y oyendo". (He 2,1...33) 1. El Primer Anuncio de Pedro Después de la Resurrección de Jesús, esta Buena Noticia se hizo presente primeramente entre sus discípulos: las mujeres, los apóstoles, los discípulos todos se enteraron de la nueva vida del resucitado, primero por boca de un anunciante (un ángel o uno de los testigos) y después personalmente en el encuentro con Jesús. Él "se les presentó dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días, y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios" (He 1,3). A los cincuenta días, en la Fiesta de Pentecostés, después de la Ascensión de Jesús al cielo, este mismo grupo de testigos oculares recibe el don del Espíritu Santo y se hace a su vez anunciador de la Buena Noticia de Jesús. ¿De qué hablaron los Apóstoles en su predicación? El discurso de Pedro después de la venida del Espíritu Santo representa una primera exposición y el esquema fundamental de la predicación apostólica. Se trata de un discurso que se impone como explicación de algo extraordinario que el pueblo de Jerusalén no puede creer: los Apóstoles hablan y todo el mundo, a pesar de su distinto idioma, puede entenderlos.El núcleo central de este anuncio (llamado Kerigma) es el testimonio que tiene por objeto la muerte (He 2, 23), la resurrección de Cristo (He 2, 24) y su exaltación (He 2,33.36). Pedro afirma todo esto como testigo ocular. Un testigo cuya vida ha cambiado gracias a la experiencia viva de la resurrección de Jesús: una experiencia que él anuncia para que también los demás puedan vivirla en su vida. En otros discursos parecidos a éste, se agregan algunos detalles sobre la misión de Jesús anunciada por Juan el Bautista (He 10,37;13, 24), preparada por su enseñanza y sus milagros (He 2, 22;10,38), concluida con las apariciones del Resucitado (He 10,40-41;13,31) y la efusión del Espíritu (He 2,33; 5,32). Tampoco faltan otras perspectivas, como las que hunden sus raíces en el pasado (He 2,23;2,25): las profecías del Antiguo Testamento habían anunciado y preparado la misión de Jesús así como el Espíritu prepara a los pueblos paganos a recibir la buena noticia. Finalmente, la mirada se abre al futuro, que ya se hace presente con la predicación apostólica: los tiempos mesiánicos, donde se cumple el proyecto y la promesa de Dios, ya han llegado y es por eso que judíos y gentiles reciben la invitación a la conversión para apresurar la venida gloriosa de Cristo, la Parusía (He 3,20-21).La predicación apostólica primitiva es llamada Kerigma, trata de lo que más importa, lo esencial, lo que no se puede perder de la vida y de la Palabra de Jesús, así como Pedro lo anunció en aquel día de Pentecostés. Cuando los Apóstoles y los primeros misioneros anunciaban la buena noticia que es el Evangelio, no iniciaban la predicación con la narración de las parábolas o los milagros de Jesús: primeramente anunciaban su pasión, muerte y resurrección. Es por eso que tenemos más informaciones y noticias sobre estos acontecimientos que sobre los otros momentos de la vida de Jesús. Es en estos tres últimos días de la vida de Jesús (viernes, sábado y domingo) que se cumplió y se reveló el proyecto de Dios: la vida suya que en su Hijo Jesús se entrega por nosotros (viernes santo) para que los que confían en Él creyendo en su resurrección puedan recibir esta misma vida que es el don del Espíritu Santo (ya en el domingo según san Juan). Los Evangelios son el desarrollo de la predicación apostólica: siguen el mismo esquema. Entonces no se puede hablar del Evangelio como de una biografía de Jesús que resultaría muy desproporcionada: la narración de los últimos tres días se lleva un espacio muy importante si lo comparamos con lo que los evangelistas dejan a lo restante de la vida de Jesús, sin casi hablar de los primeros 30 años. Como justamente se dijo, el Evangelio es la narración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús (Kerigma) con una larga introducción. PREGUNTAS: 1. El Primer Anuncio de Pedro propone el "núcleo central" (Kerigma) de la fe cristiana. ¿Cómo se está proponiendo en nuestra Iglesia actual este anuncio kerigmático?2. ¿Cuáles son los temas principales que deberíamos proponer en este anuncio kerigmático, a la sociedad de hoy?
PALABRAS CLAVE Testigo. Personaje indispensable en un proceso judicial, para validar las pruebas (Núm 5,13). Se requería la declaración concorde de dos o tres testigos para reconocer como verdadera una acusación (ver Mt 26,59). El pueblo de Israel es el testigo calificado para proclamar la verdad y la unicidad de Dios (Is 43,9). En el Nuevo Testamento los Apóstoles son testigos del mensaje de salvación (Lc 24,48); su testimonio no es sólo de palabra, sino con la vida... hasta el martirio (He 22,20; Ap 2,13). Testimonio en griego, se dice "martyria".Espíritu Santo. La palabra hebrea usada para indicar el espíritu, significaba "soplo de viento" y "aliento de vida". Yavé es el Señor de este aliento de vida, (Gén 2,7), y Él es el que hace vivir (Ez 37,1-14). Los Profetas saben que son guiados por el Espíritu, que se pondrá sobre el Mesías (Is 11,2). Para Juan (4,24), Dios es Espíritu, y con Pentecostés, ese Espíritu "defensor" prometido por Jesús, se derramará sobre todos sus discípulos. Kerigma. Es una palabra griega que significa "anuncio de novedad" e invita a la conversión. Es un anuncio gozoso y esencial por parte de los Apóstoles después de la resurrección. Este mensaje precedía al Bautismo y cualquier tipo de catequesis; era el primer encuentro con el Cristo vivo, el Señor. EN TU HISTORIA DE HOY Reparar una falta grave. "...Nos falta clarificar y organizar más concretamente las distintas etapas del proceso de evangelización, ya que no todo es catequesis. No podemos reducir todo a unas ‘clases’ de preparación inmediata a algún sacramento... Falta casi por completo una etapa específica de anuncio kerigmático. En la misma catequesis y en la predicación que tendrían que paliar en parte esta carencia inicial no hay una clara y constante dimensión kerigmática..."(IV Sínodo de Montevideo, 42 y 43).
2. Otros discurso s Kerigmáticos
Los primeros cristianos solían ir al templo con los hermanos judíos por el culto que Moisés dispuso. En realidad, los discípulos de Jesús durante un buen tiempo fueron simplemente considerados como uno de los varios grupos del pueblo judío, que ya contaba con los fariseos, los saduceos, los esenios... El libro de los Hechos narra cómo un día Pedro y Juan fueron al templo; en el pórtico de Salomón un hombre lisiado de nacimiento les pide una limosna. Pedro entonces le contesta: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda". Y acompañándolo con la mano derecha el hombre recobró su fuerza y se sanó. Ante la sorpresa de todos los presentes que estaban a punto de entrar en el Templo, Pedro toma la palabra para explicar que no fue por su mérito que el enfermo fue sanado, sino por la fuerza de la Resurrección de Jesús: es la oportunidad para anunciar el Kerigma, el anuncio fundamental que puedes leer en He 3,12-26.
Anuncio a las autoridades judías La predicación de los Apóstoles sobre la resurrección de Jesús es la causa de la separación de los cristianos del mundo de los judíos. Estos últimos no podían aceptar la implícita acusación de haber condenado y matado a un inocente que ahora está vivo por obra del poder de Dios. Según el libro de los Hechos, Juan y Pedro son los primeros en experimentar esta oposición: mientras todavía están hablando para explicar cómo el lisiado recobró la salud, llegan las autoridades judías que ordenan llevarlos presos. Deciden luego de interrogarlos sobre esta nueva iniciativa: "¿Con qué autoridad o en nombre de quién hacen ustedes estas cosas?". En aquel momento los escuchaban los jefes de los judíos, los ancianos y los maestros de la ley. Allí estaban también Anás, que era sumo sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los que pertenecían a la familia de los sumos sacerdotes (He 4,5-6). El Libro de los Hechos nos está diciendo que el anuncio llega primero a las autoridades, que por su formación bíblica podían entender el mensaje, y luego a todo el pueblo: el proyecto de Dios tiene su orden. A ellos Pedro les dirige el discurso kerigmático que encuentras en He 4,9-12 y que se destaca por la gran afirmación de los versículos 11 y 12: "Este Jesús es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, pero que se ha convertido en la piedra principal. En ningún otro hay salvación". Los problemas con las autoridades judías no terminaron: el Libro de los Hechos narra, alguna vez de manera amenizada, varios episodios de enfrentamiento entre los apóstoles y los jefes del pueblo. Así en el capítulo 5 se lee cómo fueron arrestados y liberados milagrosamente en la noche por un ángel. Luego nuevamente los guardias los llevan delante del Sanedrín, pero no los maltratan porque tienen miedo de ser apedreados por la gente; en esa ocasión, Pedro y los demás apóstoles contestaron: "es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres" (5,29). Otro discurso kerigmático aparece en He 5,29-32. Aquí como en el primer discurso, Pedro habla con fuerza, junto con los otros apóstoles y en nombre de ellos, de pie. Con esta actitud se muestra una característica fundamental de los que anuncian el Kerigma, es decir, la Parresía: es la tranquilidad, la fuerza sin sombra de miedo, la dignidad de los testigos de la resurrección. El Kerigma sin Parresía es como un testimonio que no pueda contar con testigos oculares.
En la casa de Cornelio Los discípulos de Jesús resucitado vivieron en Jerusalén. El enfrentamiento con los judíos creció hasta llegar a la persecución: los primeros mártires fueron el diácono Esteban (He 7) y el apóstol Santiago, el hermano de Juan (He 12). La persecución empuja a la Iglesia en su salida de Jerusalén y del mundo judío: la primera comunidad que se formó fuera de Jerusalén fue la de Antioquía, "donde por primera vez se les dio a los discípulos el nombre de cristianos". Si la primera parte del Libro de los Hechos habla de la evangelización de los judíos, la segunda parte se abre a la predicación a los gentiles. Quien abrió este nuevo camino al Evangelio fue Pedro. En el capítulo 10 se narra cómo Pedro fue conducido por el Espíritu a Cesarea, a la casa de un hombre pagano, Cornelio: en principio él no quiere, por temor a contaminarse y ser infiel a la ley de Moisés. Luego se da cuenta de cómo el Espíritu ya había obrado en Cornelio y su familia y que él mismo no puede resistir la acción de Dios. A la familia de Cornelio sólo le faltaba el anuncio de la resurrección de Jesús, el Kerigma, que Pedro proclama solemnemente en su casa, ver: He 10,34-43.
El Kerigma de Pablo
(He 13, 16-41). Finalizando el discurso algunos de los judíos siguieron a Pablo y otros que no eran judíos piden a Pablo poder escucharlo sobre este tema. Este discurso es muy importante; Pablo dirá: "Teníamos la obligación de anunciar el mensaje de Dios en primer lugar a ustedes, que son judíos; pero ya que ustedes lo rechazan y no se consideran dignos de la vida eterna, nos iremos a los que no son judíos" (He 13,46). Una vez que la Iglesia, reunida en el Concilio de Jerusalén, le de su confirmación, Pablo anunciará la buena noticia a los gentiles, sin pasar antes por los judíos, afirmando de esta manera que la condición esencial para ser cristiano no es la observancia de la ley de Moisés, sino la confianza en el resucitado, abrazando la fe en Jesús, como sentido último de la propia vida: a esto apunta el Kerigma.
EN TU HISTORIA DE HOY Abrirse a los paganos. La Buena Noticia debe anunciarse también hoy a un mundo pagano. Dios nos llama a formar un pueblo con todas las razas y naciones. Cornelio, el extranjero que cree en el Dios de los judíos, aunque no comparte su religión, se acerca a la comunidad cristiana. Pedro duda al principio, pero finalmente se convence y reconoce la acción del Espíritu. Este relato nos recuerda el mandato de abrirnos como Iglesia a otros ambientes y culturas, sin por eso dejar de reconocer las diferencias, aceptándolas como aportes enriquecedores.También hoy, Dios nos llama a reconocer en el ámbito personal y comunitario, los dones y la acción del Espíritu en aquellos que no comparten nuestra religión.
Oración: Salmo 117 El Salmo típico que Pedro y los demás Apóstoles usan para anunciar la novedad de la Resurrección, es el Salmo 117, con la imagen de la piedra desechada por el cantero y que ahora es la piedra angular. Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo; dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¡Aleluia! ¡Aleluia! La piedra que el cantero desechó, es ahora la piedra angular; es el Señor quien lo ha hecho; esto ha sido un milagro patente. Te doy gracias porque me escuchaste porque fuiste mi salvación. |
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