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ARGENTINA:
"Un remedio amargo que hace bien a la salud" Desde
comienzos de julio se está realizando en La Plata el proceso al
sacerdote Christian von Wernich, ex capellán de la policía bonaerense
en tiempos de dictadura. El Equipo de Pastoral Social de la diócesis de
Neuquén tomó posición sobre este asunto de candente actualidad.
C hristian von Wernich es acusado de ser cómplice de 7 asesinatos, participar en 31 torturas y 43 secuestros con desaparición de personas en cinco centros de detención de la provincia de Buenos Aires. Con este proceso se da el primer caso en América Latina de un religioso juzgado por violaciones a los derechos humanos. Wernich, finalizada la dictadura, fue párroco de Bragado, una ciudad del interior argentino cuyos habitantes rechazaron su presencia con varias marchas, por lo que tuvo que refugiarse en un pequeño pueblo del sur de Chile, donde en 2003 fue detenido y extraditado a Argentina.Estela De la Cuadra fue una de los 126 testigos que desfilaron ante los jueces cuestionando el silencio de la jerarquía eclesiástica sobre este caso desde el fin de la dictadura hasta el día de hoy y calificándolo como de "atronador y vergonzoso". Ella es hermana de una desaparecida que durante su cautiverio dio a luz a una niña que todavía sigue sin aparecer. Dos días después, el 6 de setiembre, se conoció una respuesta por parte del Equipo de Pastoral Social de la diócesis de Neuquén, que en una carta repartida en todas las parroquias afirma: "Lamentamos con dolor y no podemos dejar de reconocer que, si bien no toda la jerarquía de la Iglesia fue sorda ante el sufrimiento de tantos hermanos, no toda la Iglesia asumió la actitud imprescindible para ser coherentes con lo que creemos y predicamos". Hablando de los siete años de la última dictadura militar, recuerda la entrega y el sacrificio de muchos cristianos pero también sigue diciendo: "El demasiado silencio, la falta de participación pública en las demandas de los familiares de desaparecidos, el hacer oídos sordos al reclamo de la justicia, la demasiada debilidad para llamar mal al mal, provocaron que apareciéramos como cercanos a los dictadores de la muerte, mientras debíamos ser apóstoles de la vida". Según el p. Rubén Capitanio, coordinador del Equipo Pastoral, "este documento fue consensuado con todos los sacerdotes de la diócesis y con el propio obispo Marcelo Melani". A su vez, este sacerdote, párroco de Centenario (Neuquén), conocido defensor de los derechos humanos durante la dictadura, fue convocado por la justicia para declarar en el juicio contra von Wernich; fue propuesto por los mismos familiares de las víctimas. "Yo acepté -declaró el sacerdote- para acompañar a las víctimas, aunque me cueste enfrentarme a un hermano sacerdote; no fui para condenar a un hermano, pero sí a repudiar con todas mis fuerzas los crímenes de los cuales se lo acusa como cómplice y a proclamar que la doctrina de la Iglesia no avala ciertos comportamientos". Sobre el silencio de la jerarquía, dijo: "Hasta ahora la Iglesia guarda un silencio respetuoso hacia el hermano que está siendo juzgado y hacia las víctimas; supongo que estará esperando que se pruebe de forma irrefutable, y no sobre sospechas, su culpabilidad". Y sobre el juicio a von Wernich: "Este juicio le hace bien a la Iglesia. El reconocer la responsabilidad de haber estado del lado de los crucifi-cadores y no de los crucificados será como tomar un remedio amargo que es desagradable pero que nos devuelve la salud". Tras un largo relato en el proceso, el p. Capitanio se retiró de la sala entre los aplausos de los presentes diciendo: "Pido perdón a todos, en particular a las víctimas y a sus familiares, por no haber sido la Iglesia que debimos ser". |
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