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PATRICIO
RODÉ:
Constructor de Iglesia y de ciudadanía
Patricio fue un intelectual de características infrecuentes y una personalidad de ribetes excepcionales. Formó parte de un trascendente grupo de sacerdotes y laicos que en los años 50 y 60 del siglo pasado fueron madurando y desarrollando un pensamiento y una praxis nueva originada por el Concilio Vaticano II, la Conferencia de Medellín en 1968 y la Teología de la Liberación, como otros destacados pensadores e intelectuales católicos tales como Juan Pablo Terra y Juan Luis Segundo, entre otros. Contribuyó al desarrollo del diálogo ecuménico e interconfe-sional. Desde su profesión de abogado, Patricio trabajó por el desarrollo de una economía social y solidaria, apoyando a las cooperativas de producción en el campo y en la ciudad y a toda iniciativa de carácter colectivo; tenía una visión renovadora de la abogacía, con alto sentido social. Durante la dictadura, y desde una posición de responsabilidad, como laico del equipo pastoral de mons. Carlos Parteli, y manteniendo una reserva y discreción que lo enaltecen, trabajó de manera incansable y eficaz por la defensa de los Derechos Humanos, la protección a los perseguidos, la solidaridad internacional. Desde 1990 se desempeñó en la administración municipal de Montevideo, en la que asumió diversas responsabilidades, llegando hasta las más altas. Fue uno de los grandes impulsores de la legislación urbanística a nivel departamental y nacional y uno de los artífices del Plan Estratégico de Montevideo. Impulsó de forma decisiva la Realizó una contribución fundamental a la modernización de las políticas públicas, con un sentido social y profundamente solidario. Una vez jubilado, Patricio encaró una nueva y trascendente etapa de su vida, asumiendo importantes responsabilidades en la organización laica de la Iglesia Católica a nivel internacional. En el año 2000 fue elegido Presidente de Pax Romana, la organización eclesial que reúne a los intelectuales y profesionales católicos en todo el mundo y que es representada en Uruguay por el Movimiento de Profesionales Católicos. Esta responsabilidad lo llevó a recorrer reiteradamente los rincones más alejados del mundo, y en particular a los países del tercer mundo, al África, a la India, a toda América Latina. En tales actividades llevó el mensaje de los Derechos Humanos, de la solidaridad internacional, de la paz y de la lucha contra la pobreza y la exclusión social, manteniendo viva la llama de un compromiso cristiano marcado por la opción por los pobres. Fue constructor de Iglesia y de ciudadanía, dos caras de un mismo compromiso de santidad. Decía: "Tengo la convicción de que vivir como laico en las condiciones de la vida corriente... es lo que Dios quiere de nosotros. Por lo tanto, construir nuestra vida es construir la Iglesia, es construir ciudadanía, es construir la sociedad. Esa es nuestra vocación, y articular las tensiones que eso nos presenta, es el camino de santidad al que estamos llamados". En todos estos múltiples compromisos, mantuvo siempre un alma contemplativa, y una actitud de "infancia espiritual", manifestada en su alegría y en su sencilléz y transparencia. En los últimos momentos de su vida debió enfrentar el dolor de la pérdida de su hija, sustentado en la profundidad de su fe y la serenidad de su espíritu. Patricio fue un articulador, un constructor, un hombre de consejo, de diálogo y de entendimiento. Él ha sido y es un ejemplo para todos. Su testimonio es un aliciente para la construcción de la esperanza en un Uruguay del cambio en una América Latina liberada de la dependencia y la exclusión social. |
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