Hermana Muerte

 

Los adelantos tecnológicos nos permiten disimular el paso del tiempo

y hasta retrasar el momento de la muerte, pero no evitarla.

El tiempo pasa y cuando menos lo pensamos aparece la muerte

como terminación normal de la vida; una limitación radical, inevitable.

Querer o no la muerte es un acontecimiento fundamental

de la vida humana: es posible tratar de no pensar en ella,

tenerle miedo o, como san Francisco de Asís,

acostumbrarse a la "Hermana Muerte".

Tomando en cuenta este acontecimiento, muchas cosas

cobran sentido y otras por el contrario pierden su significado.

Hay otra manera de vivir la misma vida

y no es precisamente como dicen los medios de comunicación.

Sus modelos de felicidad, el bienestar que hacen aparecer

ante nuestros ojos como ideal, los bienes materiales, etc...

pasan, van y vienen; son necesarios pero no un fin en sí mismos.

Con una visión humana podría pensarse: para qué tanto trabajo,

tanto sufrimiento, si llegada la muerte todo desaparece, o como dice San Pablo:

"...Si no hay más que esta existencia, ¿de qué me sirve

haber luchado contra leones en Éfeso? 

Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos..." (1Cor 15,32).

Pero los muertos resucitan: la vida cristiana en este mundo gracias

al Espíritu Santo es desde ahora una participación en la muerte

y en la resurrección de Cristo. Por el Bautismo, los cristianos 

están ya sacramentalmente "muertos con Cristo" para vivir una vida nueva,

nueva en su forma: "...Así pues, si hay una muerte para el pecado que es para siempre, 

también hay un vivir que es un vivir para Dios..." (Rom 6,10). 

Dios quiere para el ser humano una vida plena.

Ésta es la mirada cristiana de una vida medida por el tiempo

donde la muerte no es el fin de la vida sino una transformación de ella.

Marca el fin de un tiempo de gracia y misericordia que Dios ofrece,

porque para el cristiano la vida es Cristo, y morir una gracia (Fil 1,21).

El tener presente la mortalidad, da urgencia a la vida, 

y "el otro" cobra un significado relevante. 

Nos ayuda a vivir en unión profunda

con el Dios de la vida, serenamente, haciendo cosas

pero también haciéndose a uno mismo.

Sin conformarse con la realidad actual, 

ya que ésta es la única vida que hay aquí, es la única oportunidad:

"...Fíjense en todo lo que encuentren de verdadero, noble, justo y limpio, 

en todo lo que es fraternal y hermoso, en todos los valores..." (Fil 4,8).

Valores humanos, cristianos y solidarios, que exigen un morir cada día a nosotros mismos, 

siendo una donación para los demás; valores

que Jesús compara con el grano de trigo, que si no muere, no da fruto.

Valores que no se han perdido ni han pasado de moda,

que recobran su sentido cuando somos capaces

de colocar en el centro y darle valor a lo realmente valioso:

la vida, a cuyo servicio la misma muerte se pone.

Verónica Herrera

 

 

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