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Una teología cercana a la espiritualidad
Recientemente visitó nuestro país Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación. Compartimos la entrevista en exclusiva, que este teólogo peruano, con un fuerte trabajo pastoral, brindó para Umbrales. Sabemos que el motivo de su visita fue participar en el homenaje a Patricio Rodé: ¿Qué significa Patricio para usted? Un viejo y gran amigo. Nos conocimos hace 45 años, y, aunque distantes geográficamente, siempre estuvimos en contacto. Abierto, siempre inquieto, responsable, buscando permanentemente nuevos caminos, muy exigente también con él mismo. Es un amigo que ha marcado a todos los que lo conocimos. Fue de esas personas que encontramos en nuestras vidas y que dejan en ellas una profunda huella. Patricio fue alguien que tomó muy en serio que ser cristiano es seguir a Jesús. Para decirlo en términos bíblicos, fue un hombre movido por el Espíritu. Lo comprobamos en el homenaje que se le tributó, con palabras sencillas y precisas. Pero también estoy acá, para participar en un encuentro del Movimiento Latinoamericano de Profesionales Católicos de Pax Romana (el MIIC), movimiento del cual Patricio era el presidente internacional. ¿Qué destacaría de su persona? Me impresionó leer en el libro que recoge una parte de sus escritos lo que cuenta acerca de un retiro espiritual que hizo para decidir el rumbo de su vida. "Opté por ser laico", dice. Lo era ya, pero la expresión es muy interesante y cargada de sentido: para él fue una opción. Un laico adulto que asume su puesto en la sociedad y en la Iglesia. Esta doble fidelidad es una de las notas relevantes de la vida de Patricio. A ello responde, en los últimos años, su insistencia en construir ciudadanía y en construir eclesialidad. Una perspectiva que podemos encontrar hoy en el documento de la Quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida. ¿Qué aporte nuevo le brindó a su reflexión teológica pasar a pertenecer a una comunidad religiosa? Yo tuve siempre un trabajo teológico muy marcado por el modo de hacer teología de los dominicos, fueron muy importantes para mí durante mis estudios. Pienso en M. D. Chenu y en Yves Congar, entre otros. Los leí y tuve un intenso y largo contacto personal con ellos. Me marcó mucho una idea de Chenu que decía que para comprender un pensamiento teológico había que ir a la espiritualidad que lo sustenta. Lo ejemplificaba diciendo que para entender a Tomás de Aquino, había que ir a Domingo de Guzmán, para entender a Buenaventura o a Escoto había que ir a Francisco de Asís. Por sencillo que parezca, o tal vez por eso mismo, esto fue una luz para mí. He intentado durante mi vida, con mis limitaciones y lagunas, hacer una teología cercana a la espiritualidad, en tanto reflexión sobre el seguimiento de Jesús. Además, de eso, por diferentes razones, siempre tuve un contacto cercano con amigos dominicos. En esas circunstancias el ingreso en la orden tenía algo de familiar. La profundización que da una cercanía mayor, así como la posibilidad de poner un poco más el acento en el estudio y en la enseñanza de la teología; en eso pensaban varios amigos dominicos con los que pude conversar y decidir este paso. Siempre tuve, y de alguna manera sigo teniéndolo, un fuerte trabajo pastoral, nunca fui profesor en una Facultad de teología, tengo esa ocasión ahora (¡a la vejez, viruela!) La fraterna acogida recibida me da un marco, y me alimenta, en ese trabajo que, como siempre, quisiera que fuera un servicio a la Iglesia. Tengo algunos proyectos de estudio que postergaba permanentemente. Para entender a Buenaventura hay que conocer la espiritualidad de Francisco: ¿y para entender la Teología de la Liberación qué hay que conocer...? La vida del pueblo latinoamericano y caribeño, su pobreza y sus esperanzas, su fe en la liberación en Cristo, el crecimiento de la conciencia de su dignidad humana, algo que comparten con muchos otros que no se reconocen cristianos. Hay que conocer el testimonio de los cristianos comprometidos con los pobres y oprimidos del continente, muchos de los cuales han dado su vida por esta solidaridad. Mi aporte fue, quizá, poner el nombre de Teología de la Liberación y sistematizar algunas ideas, pero el contenido estaba por todas partes en América Latina. Pudo haber adoptado otra designación también. Muchos trabajaban en esa perspectiva tratando de reflexionar acerca de los compromisos mencionados. ¿Cómo comienza esta teología? En los años 60, conferencias, charlas, trabajo pastoral, comunidades cristianas en Parroquias, nos llevaron a plantearnos, a partir de lo que veíamos y que conversábamos con la gente, la cuestión del sentido del quehacer teológico. Es una pregunta permanente y clásica. Por otro lado, las reivindicaciones de los pobres frente a la situación de injusticia y para ser respetados en su condición de seres humanos y de hijos e hijas de Dios nos condujo a profundizar en el sentido bíblico de la pobreza y del pobre. Nos preguntamos cómo decirle al pobre que Dios lo ama, cuando su vida diaria de exclusión y olvido parece ser la consecuencia de una ausencia de ese amor. Es decir, la Teología de la Liberación viene de lo que podemos llamar una cuestión pastoral. Esos tres temas: hacer teología, sentido bíblico del pobre, anunciar la Buena Nueva del amor de Dios, estaban presentes, hacia 1967-1968, antes de que se le pusiera el nombre de Teología de Liberación. El Concilio y la figura de Juan XXIII y su propuesta de una Iglesia de los pobres, fueron muy influyentes. Sin ello no se explicaría esta teología. Más tarde, Juan Pablo II retoma la expresión de Iglesia de los pobres. Y ahora Benedicto XVI ha subrayado varios de sus temas, en particular el más importante: la opción preferencial por los pobres. ¿Cómo podemos decirle concretamente hoy a los pobres que Dios los ama? No decirlo sólo con palabras, sino con compromisos concretos como muchos lo han hecho entre nosotros. La vida de los pobres e insignificantes es una vida de abandono; por eso, la cercanía, la amistad, la solidaridad con ellos son maneras de "decir". Esto requiere un cambio de conducta, una conversión. El documento de Puebla de opción preferencial por el pobre dice 6 veces que la conversión es fundamental para tomar la opción preferencial por el pobre. No solamente la conversión personal sino la de toda la Iglesia. Con compromisos muy concretos, que en algunos casos han llevado a lo que llamamos el martirio latinoamericano, que comprende como mínimo tres obispos: Angelelli, cronológicamente el primero, Romero y Gerardi, el último en Guatemala. Pero hay también numerosos laicos, religiosas y sacerdotes. Todos ellos han dicho al pobre ‘Dios te ama’. No se trata sólo de los que han sido víctimas de la violencia asesina. Son muchos, igualmente, los que dan su vida diariamente y que no aparecen en la primeras páginas de los medios de comunicación. A mí esto me impresiona mucho. Yo soy de los que creen en América Latina (no digo que en otros lugares no se dé lo mismo); hay mucha santidad. Lo dice Aparecida en un texto hermoso hablando de las santas y santos aún no canonizados de América Latina. Entonces, ¿no escribiría hoy la Teología de la Liberación como en los años 70? Durante mucho tiempo no acerté en la respuesta a esta pregunta, porque siempre había un pero; si decía: "no", me decían: entonces usted se retracta. Tanto no. Si decía: "sí": me respondían: ¡Ah, entonces no aprendió nada en estos años!. Hasta que un día encontré un modo de responder, me lo preguntó un periodista, un hombre muy educado. Yo le contesté con una pregunta también: Mi amigo: ¿usted es casado? Él no veía relación entre su pregunta sobre la Teología de la Liberación y su condición de casado, pero me dijo que sí, le pregunté: ¿Cuánto tiempo lleva usted casado? 20 años, respondió. Le dije: ¿usted le escribiría hoy una carta de amor a su esposa, en los mismos términos que cuando eran novios? No, me contestó. ¡Pues yo tampoco, amigo! Para mí hacer teología es escribir una carta de amor al Dios en el que creo, a la Iglesia a la que pertenezco y al pueblo del que formo parte. El amor es el mismo, las expresiones pueden cambiar. ¿Por qué no ha perdido vigencia? En la Teología de la Liberación lo central, el 90%, de ella, es la opción preferencial por el pobre. Y creo que esa opción mantiene vigencia, Aparecida lo demuestra. Pero vigencia no es repetir las mismas palabras, los mismos temas, las mismas referencias ni los mismos textos bíblicos. Además, las teologías no nacen para permanecer eternamente. Responden a un contexto y un tiempo precisos por los que atraviesan la sociedad y la Iglesia. Después de tantos años, ¿qué diría de la Teología de la Liberación? ¿Cómo la percibe? Con muchas tareas por delante, pero como toda teología marcada por los asuntos que la motivaron y que le hicieron recordar puntos fundamentales del mensaje cristiano. Pero pasará como toda teología. Hasta los 40 años de edad, nunca hablé de la Teología de la Liberación, pero sí pude ser cristiano antes de esta teología. Espero poder serlo después de ella. Yo no creo en la Teología de la Liberación, yo creo en Jesucristo. La teología me ayuda a comprender mi fe. ¿Quiénes son, y adónde van a dormir esta noche los pobres, los insignificantes? Me parece que esas preguntas sencillas, son muy importantes para la reflexión teológica. Esa idea está tomada de Éx 32. Eso es muy concreto: ¿dónde van a estar?, ¿dónde dormirán?, ¿en el suelo, en una cama, bajo techo, a la intemperie? La pregunta nos interpela y nos convoca a crear las condiciones para que puedan dormir humanamente, como expresión de un mínimo necesario para vivir. La Biblia y la Teología de la Liberación no reducen la pobreza a su aspecto económico. El pobre es el insignificante social. Se puede ser insignificante por falta de dinero, pero también por el color de la piel, o por pertenecer a una cultura considerada inferior por ser mujer. Son condiciones de "insignificancia social"; ante Dios no hay nadie que sea insignificante, pero socialmente sí lo son.
Hay algunos índices que señalan ciertos cambios; hay, asimismo, una presencia del pobre que no había hace 40 años. Al mismo tiempo la brecha entre países y personas pobres y países y personas ricas se hace cada vez más grande también. En todo caso, el gran escándalo en América Latina es que en un continente mayoritariamente cristiano, y dentro de eso mayoritariamente católico, haya una pobreza que es un escándalo. Esto es contrario a la voluntad de vida de Dios. ¿Por qué entonces ha sido tan cuestionada y ha tenido tantos problemas esta Teología? Tocamos temas difíciles y delicados. Uno de ellos es recordar que la pobreza tiene causas, estructuras socio-económicas y categorías mentales. Esto provoca resistencias. Juan Pablo II habló mucho, y enérgicamente, sobre las causas de la pobreza, y de la exigencia de ir hasta ellas. Ésta es una de las razones de los problemas que hemos tenido, porque al hablar de causas de la pobreza, hay gente que se siente interpelada. Conocen la famosa frase de Dom Helder Cámara: si le doy un pan a un pobre me dicen que soy un santo, y si pregunto por que está hambriento me dicen que soy comunista. Aparecida en ese sentido es excelente, es una ratificación de la opción preferencial por los pobres. El discurso inicial del Papa fue muy importante en esto. Recordó, además, que la Iglesia debe ser abogada de la justicia y de los pobres. Recordó igualmente que el fundamento de la opción preferencial por el pobre es la fe en Cristo. Pero hay muchas otras cosas interesantes y fecundas en Aparecida. ¿Cómo vivió esta V Conferencia de Aparecida a través del aporte realizado por Amerindia? Fue una contribución muy importante. A veces se dice que Aparecida fue una sorpresa, creo que no lo ha sido tanto para quienes en estos años han podido tomar el pulso de la vida cotidiana de la Iglesia, tampoco hay que olvidar a los que dentro y fuera de la conferencia han trabajado con dedicación y sentido de Iglesia aportando a sus documentos. Aparecida está destinada a dar un impulso muy grande a la vida de la Iglesia, pero eso dependerá, en gran parte, del pueblo cristiano. Los textos del Magisterio si no son recibidos y puestos en práctica por las comunidades cristianas, no pesarán en la vida del continente. La tarea ahora es de todos. Creo que el clima que se creó en Aparecida fue muy importante, mucha gente colaboró. Nos toca hacer conocer las conclusiones y encontrar las pistas para anunciar el Evangelio teniendo en cuenta sus pautas. Si esos textos no se ponen en práctica pierden su sustancia. Además del documento, está el acontecimiento histórico y el ambiente de la conferencia. En todos estos casos está la letra y el espíritu, que se condicionan mutuamente. Aparecida ha retomado la tradición de la Iglesia latinoamericana que viene de Medellín. Pero lo ha hecho con un lenguaje creativo e innovador. La vida de la sociedad de este continente y su ubicación en el contexto internacional ha estado presente y ha sido leída a la luz del Evangelio. Es un llamado, que espera nuestra respuesta.
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