Conversión pastoral

 

 

El documento de Aparecida afirma en el n. 370: "La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera". El proyecto de Aparecida es ambicioso, implica un cambio radical del sistema eclesiástico, una nueva y profunda conversión pastoral a nivel de todos los cristianos, de las personas y de las estructuras eclesiales. Es pasar de una Iglesia preocupada por su imagen, a una Iglesia de misión.

Las dos grandes opciones de la tradición latinoamericana como la opción por los pobres y las comunidades eclesiales de base, retomadas con fuerza en Aparecida, marcan el contexto de esta misión evangelizadora. La formación misionera de los laicos se fundamenta en la unión de una fuerte y radical espiritualidad bíblica, centrada en la persona de Cristo, y un contacto profundo con la realidad. Significará multiplicar los encuentros con personas, familias, grupos, estar presentes en todos los ámbitos de la vida social, descubrir las personas sensibles a los llamados del Espíritu, saber decir una palabra que sacuda en nombre de Cristo. Es un error dar por descontada la opción por los pobres, el protagonismo real de los laicos y sobre todo la conversión al Evangelio de los cristianos que se limitan a la práctica religiosa.

Decir "misión" significa diseñar una metodología misionera; ésta contempla el imprescindible rol de los laicos como agentes misioneros, un nuevo lenguaje, una escucha atenta a la gente, un itinerario de formación, y lo que es más urgente: un primer anuncio kerigmático de Cristo.

La búsqueda de seguridad que puede dar un apoyo político o una ley del Estado que sostenga la moral cristiana, dejará lugar a la búsqueda de un clima fraterno en las pequeñas comunidades en las que se comparta la vida, la Palabra de Dios, la misión. La Iglesia ha de ser una "Iglesia de brazos abiertos" (según Aparecida) que significa: acogida, servicio barrial, compromiso socio-político,  
apertura ecuménica, defensa de la vida.

Preocupan hoy en la Iglesia la disminución del número de fieles, la falta de sacerdotes, el menor peso social, la defensa de la doctrina, el pluralismo religioso. Y sin embargo, lo más importante es la venida del Reino, es anunciar a Cristo, es preocuparse para que "la Palabra de Dios corra" (2Tes 3,1). Es dar lugar a los que están lejos: ya sean los pobres, los excluidos o los bautizados que quedan actualmente  
al margen de la acción evangelizadora de la Iglesia.

Quizás falte más entusiasmo y audacia profética. Lo que queda claro es que las estructuras actuales de la Iglesia no están a la altura del momento para enfrentar los nuevos desafíos: no se puede postergar una nueva etapa pastoral en la Iglesia.

Aparecida es un punto de partida y un proceso que queda abierto
al aporte de los discípulos misioneros de hoy.

 

Primo Corbelli

 

 

 

 

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