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Pbro. Eduardo Ojeda Entrevista al Pbro. Javier Galdona, Vicario de la Solidaridad y responsable de la Pastoral Penitenciaria
Pastoral penitenciaria La Pastoral Penitenciaria, es un verdadero desafío para la Iglesia uruguaya, Uruguay es un país que enfrenta una grave crisis en la seguridad pública, y dificultades serias para controlar la delincuencia, con determinados factores agravantes, como la marginación y la droga. Dentro de este panorama, el sistema carcelario es "castigador" pero no rehabilita a los que han delinquido: por eso, los motines en el Comcar son un síntoma de un problema mucho más amplio, que la sociedad uruguaya no ha querido encarar. En ese contexto, la Pastoral Penitenciaria constituye un ejemplo muy interesante y esperanzador que trae algo de oxígeno a esta realidad tan dura, y en la que parece no haber caminos claros de solución. La pastoral carcelaria ¿dependió siempre de la Vicaría de la Solidaridad o era un emprendimiento aislado?
Así se llega a atender, como lo estamos haciendo hoy, a los cinco principales penales de Montevideo, que son: Cárcel Central, Comcar, La Tablada, el Centro Nacional de Rehabilitación (C.N.R.) y la Cárcel de Mujeres. El Centro Nacional de Rehabilitación, ubicado donde estaba el Hospital Musto, es un centro con características un tanto distintas de los otros. Es un centro experimental de pre-egreso de reclusos jóvenes con ciertas características y con una buena conducta, y que permite pensar en ellos como personas que podrían tener muchas más chances de rehabilitación. Luego de este curso del año 2005, se formaron cinco equipos pastorales encargados de la atención pastoral de cada uno de estos cinco establecimientos penitenciarios. También se amplió la mesa coordinadora para poder aunar esfuerzos y planificar las acciones a realizar. Luego se empezó a planificar y sistematizar la formación para los nuevos agentes pastorales. En 2007 se hizo un segundo llamado a voluntarios para trabajar en la Pastoral Penitenciaria y una convocatoria a un nuevo curso de formación y discernimiento. Esta vez se presentaron 56 personas. Se inició el curso de discernimiento, y esperamos que se integren a trabajar más de la mitad de los que se presentaron.
Actualmente en Montevideo hay 43 agentes pastorales trabajando, y 56 aspirantes a entrar: esto es hoy una muy buena respuesta ¿no? Sí, ciertamente la respuesta a la convocatoria ha sido buena. Ahora, sabemos que no todos van a proseguir, esto lo tenemos claro y lo planteamos en los cursos. Hay gente que tiene muy buena voluntad, pero también es necesario tener condiciones y vocación para trabajar en Pastoral Penitenciaria y por lo tanto el objetivo del curso es ayudar al que se presenta a descubrir si realmente el Señor lo está llamando a esto.
¿Cuáles serían las condiciones que ustedes buscan en un agente pastoral dedicado a esta tarea? 1- En primer lugar, tener un corazón muy abierto a la realidad del prójimo. La clave para asumir la atención en las cárceles, es recordar que el que visita es "El hermano, que visita a su hermano": sólo con esta clave se puede comprender el sentido que tiene la visita a los reclusos. No se trata de visitar a gente sufriente por compasión, ni ir a "ayudar a rehabilitarse" a gente pecadora, ni la de llevar un "salvavidas espiritual" a gente que está perdida. No, la clave es ir simplemente como "un hermano que visita a otro hermano." No nos toca a nosotros discernir, si es inocente o no, si ha sido juzgado bien o no, ésa no es nuestra tarea ni nuestra preocupación. El que está preso está sufriendo, la cárcel no es un premio, sino un castigo. Está sufriendo de múltiples maneras, y por eso nosotros queremos compartir con él solidariamente su momento, para poder aprender y descubrir con él, y por él, muchos elementos que el Señor nos brinda, y al mismo tiempo apoyarlo y sostenerlo en esa etapa tan difícil de su vida. En términos generales, la Pastoral Penitenciaria busca la realización plena de las personas recluidas en la cárcel respecto a la sociedad; ése es nuestro objetivo. Sin embargo, el objetivo principal es que la persona pueda encontrarse consigo misma, y así al reconstruir su vida e identidad posibilitar que se pueda encontrar con el Señor, y percibirse valioso para sí y para los demás. Es realmente lo mismo que queremos para todos los hermanos en todos los diversos tipos de Pastoral en general. Es también, por ejemplo, el mismo objetivo que se busca en la Pastoral Parroquial. 2- En segundo lugar, buscamos que el agente pastoral sepa trabajar en equipo. Esta característica es común a todos los agentes pastorales, pero en la Pastoral Penitenciaria es básica y esencial. No puede ser una tarea para "Quijotes" o "francotiradores". Estas personas no sólo harían mucho daño, sino que se destruirían como agentes pastorales. Es una tarea de Iglesia y en Iglesia. Eso significa, trabajo en equipo, el discernimiento en equipo, la organización en equipo. Todo esto es fundamental para que el agente pastoral realice su tarea y la viva bien, le sirva también a él para crecer y no derrumbarse. Es una experiencia dura, como toda experiencia que trata directamente con el sufrimiento de las personas. Tiene muchos fracasos, y algunos éxitos, y necesita ser confrontada permanentemente por el equipo que la realiza. Es la Iglesia la que va y realiza la actividad pastoral. Es la Iglesia también la que se autosostiene al realizarla. No se trata de que el agente pastoral muera para que otros vivan. Los agentes pastorales estamos llamados a ser plenamente felices en la tarea que realizamos. ¿Y eso qué significa? Tener que aprender a recibir también del Señor, por la mediación de los compañeros, la gracia para crecer como personas, y como cristianos, en una tarea que ciertamente es exigente y difícil. 3- Un tercer elemento es que debe ser una persona con una espiritualidad fuerte y madura. No se puede comunicar lo que no estamos viviendo. Una persona que está en reclusión, vive procesos duros que le hacen entrar en crisis acerca del sentido de su vida. El recluso se siente abandonado por la sociedad, por los amigos y por Dios. Y por lo tanto llegar a acompañar procesos personales en los que se busca el sentido de la propia vida, no es una tarea mecánica que se pueda hacer sabiendo Biblia o teniendo conocimiento de catequesis. Se requiere que el agente pastoral sepa compartir la fe con el hermano, desde lo profundo del corazón, y su propio proceso de vida.
Muchos opinan que los reclusos merecen estar donde están, por la gravedad de sus delitos. Muchos han vivido la experiencia de ser robados o agredidos y se experimenta un gran resentimiento contra los que han delinquido. La Pastoral Penitenciaria ¿ha tratado de hacer algo para que cambie esta forma de ver a los reclusos, y que se los pueda percibir como gente que sufre, que se ha equivocado pero que necesita apoyo y atención? Se debe tener en cuenta que un recluso, por el hecho de estar en prisión, no necesariamente es culpable de lo que se le acusa. Y claramente, no todo culpable está preso. Ya sea porque no lo han agarrado, o porque ha contado con las defensas legales necesarias para no ir preso. Y sin embargo, varios de estos delincuentes, por ejemplo los que han hecho maniobras ilícitas a nivel económico, y que han provocado grandes sufrimientos a la sociedad, han logrado eludir a la justicia y no están presos. Nuestro sistema de justicia, necesario e imprescindible como en todos los países, aunque es bueno, también es sumamente limitado. Y por eso no podemos hacer un corte y decir: "El que está preso es culpable". También la justicia humana tiene errores en su accionar. En este sentido debemos decir que la mayoría de los presos están procesados pero aún no han recibido una sentencia. Se encuentran en prisión preventiva, o sea, que no se ha determinado si son culpables o inocentes, hasta que sus juicios concluyan y sean sentenciados o liberados.
¿Qué porcentaje de reclusos está en estas condiciones? Antes de la Ley de Humanización de Cárceles, había cerca de un 70 % de presos en esas condiciones. Hoy no disponemos de datos precisos, pero sabemos que el porcentaje ha bajado, aunque creemos que se acerca al 50%. Esto significa que muchos de los que están presos podrían ser declarados inocentes. Un segundo elemento, es que aún los que están presos, y que están justamente presos, ya que han cometido un delito, deben ser tratados como personas. En este sentido, debemos recordar que la cárcel tiene dos funciones: Una función, es la de proteger a la sociedad de un individuo que la ha agredido y que puede volver a hacerlo si no se lo recluye. Esta solución es a corto plazo. La segunda función es una solución a largo plazo, y es tratar de rehabilitar a la persona para que al salir no vuelva a cometer delitos. Porque si no se realiza esa rehabilitación, sólo postergamos el problema, y no lo solucionamos. En el Uruguay, las cárceles, debido a la sobrepoblación no están rehabilitando a los presos. Simplemente se los encierra. Y cuando salen, no tienen trabajo, están solos y rechazados, y así es muy fácil que vuelvan a delinquir. Los uruguayos tenemos un problema, y es que pensamos con una especie de conciencia mágica, que al recluir a los delincuentes en la cárcel el problema ya está solucionado, y en realidad eso es falso, en el mejor de los casos lo postergamos. O encaramos en serio el problema de las cárceles o siempre estaremos con el mismo problema. El Uruguay es un país "hiperencarcelador" pues tenemos el doble de presos por habitante que los países de la región. Esto no ocurre porque los uruguayos seamos más delincuentes que los demás, o porque la policía sea más eficiente que la de los otros países, sino porque creemos que todo se soluciona con la cárcel. El hacinamiento en las cárceles es tremendo. Por ejemplo el Comcar, que es el penal más duro en este sentido, fue pensado para albergar 800 reclusos, y en este momento tiene 3.200, por eso, en celdas que estaban construidas para 6 personas, ahora hay 14, que duermen en colchones en el suelo, y ni siquiera hay un colchón por persona. Además están mal alimentados, y no hacen nada en todo el día. No hay trabajo para darles, hay pocas instancias de recreación porque no hay suficiente personal para cuidarlos. Una persona que viva esta situación no tendrá muchas chances de rehabilitarse. Cuando salen, salen muy quebrados, muy doloridos, desubicados en la realidad, pues el Uruguay que existía cuando ingresaron a la cárcel cambió y no es el mismo. ¿Cómo extrañarse que salgan llenos de odio y con ganas de volver a delinquir? Sin embargo, hay que decir que los propios guardias nos han dicho que, dadas las condiciones en que viven los presos, tendrían que haber en la cárcel mayores niveles de agresión de los que hay, y si bien cada tanto oímos de asesinatos en la cárcel o intentos de motín, no son tan frecuentes. Si se cambiara la situación de los presos y se consiguieran mejores condiciones de vida, habría ciertamente menos episodios de violencia. Lo que pasa es que todo esto necesita muchos recursos económicos.
Por otra parte, la sociedad no ve con buenos ojos, que se piense en mejores condiciones para los presos... Eso es lógico, si alguien es agredido lo primero que trata de hacer, es devolver la agresión. Pero a pesar de esto tenemos que tomar conciencia como sociedad que con políticas de represión y castigo sólo postergamos el problema y lo agravamos. Sería necesario también un cambio de la política carcelaria. Hay que estudiar la posibilidad de penas alternativas a la cárcel. No siempre la cárcel es la solución más eficaz para lograr que el delincuente deje de delinquir. Por lo tanto, hay que mirar en otros países, incluso de América Latina, que han logrado instancias muy buenas de recuperación sin necesidad de aplicar el castigo de la prisión. Por ejemplo, servicios a la comunidad, reclusiones domiciliarias o por etapas. A veces no es necesario que el que ha delinquido vaya a la cárcel, porque ir a la cárcel significa rupturas en la vida del recluso que lo afectan negativamente para lograr la rehabilitación: pérdida de lazos con la sociedad, pérdida de su trabajo, o vínculos familiares, que son precisamente los que podrían ayudar a recuperar a esa persona. También hay que tomar en cuenta el trauma que supone para la familia del delincuente, cuando por ejemplo, éste es el padre de familia, y queda sin trabajo, ocasionando situaciones económicas muy graves. Así como el deshonor y el aislamiento que todo el núcleo familiar sufre también. Además, el problema económico se agrava por los gastos que le supone a la familia del recluso, ir a visitarlo, llevarle comida, etc.. Esto origina mayor angustia, deshumanización, y círculos de aislamiento, que son círculos de pecado, de los que la sociedad debe tomar conciencia y que en lugar de solucionar, agravan el problema. La Pastoral Penitenciaria busca sensibilizar a la sociedad en el tema, y hacerla tomar conciencia del mismo. Pero hay que reconocer que no es algo sencillo de hacer. Sabemos que no tenemos mucho espacio en los medios de comunicación, para hablar a favor de la situación de los presos. Sabemos que no son buenos ni inocentes. Son lo que son. El tema no se resuelve diciendo: "¡ Ay! Pobrecitos los presos, ¿qué hacemos por ellos?" No es ése el tema. Hay que reconocer que los que están presos hoy día mayoritariamente en Montevideo, se encuentran viviendo en las cárceles en condiciones indignas para un ser humano, y que eso no es culpa solamente de ellos, esto es en parte responsabilidad del Estado, y en parte responsabilidad de toda la sociedad. El tema de las cárceles no es sólo un tema que incumbe a los presos, sino a la sociedad entera. Preguntémonos: ¿por qué tenemos delincuencia? ¿Por qué tenemos cárceles tan inhumanas en donde metemos a los presos? ¿Por qué no hemos logrado hacer nada en forma eficaz para rehabilitar a los delincuentes, integrándolos a la sociedad y haciendo que dejen de delinquir? La sociedad entera debe preguntarse esto, porque es su problema, y no puede ni debe ignorarlo. Este problema no se soluciona con más cárceles.
¿En qué consiste la actividad de los agentes pastorales que trabajan en la Pastoral Penitenciaria? Bueno, lo primero es que en los cinco penales a los que se va, las visitas difieren en su modalidad, puesto que las características de los penales son distintas. No se puede hacer lo mismo en todos. Incluso hay diferencias en los módulos a los que uno va dentro de un mismo penal. Eso hace que no pueda decir exactamente lo que se hace en cada lugar. La visita a cada penal se hace semanalmente y básicamente se trabaja en torno a la contención de cada interno. Se atiende a cada persona en sus necesidades psicoafectivas. Muchas veces se hace necesaria una conversación personal, se trata de escuchar y compartir lo que cada uno está viviendo. Una propuesta es la de rezar juntos. Hay momentos de oración en conjunto. Otra propuesta es la de la Palabra de Dios. Se lee la Biblia, y se comenta. Esos son momentos que tienen que ver con la celebración de la fe. En algunas cárceles hay celebraciones semanales de la Eucaristía, por ejemplo en Cárcel Central; en otras son mensuales, y en otras en forma eventual. Esto se da por las condiciones de cada lugar, no es tan sencilla la cuestión como para poder celebrar la misa en todos lados.
¿Trabajan con menores infractores? No, todos son mayores de edad, aunque hay que dejar un dato asentado, y es que la mayor parte de los reclusos tienen entre 18 y 29 años. O sea que la mayor parte de la población carcelaria es gente joven. El otro elemento que está presente en las visitas, es el tema recreativo. En lo posible también se hace un momento recreativo con bizcochos, galletitas o lo que sea, porque también se busca un encuentro festivo y humano, más allá de la celebración litúrgica. Al mismo tiempo se está elaborando un itinerario evangelizador más sistemático, donde hay también preparación sacramental, puesto que algunos reclusos quieren bautizarse, iniciarse en la fe, o tomar la comunión. También los itinerarios que se están preparando, tienen que ver con el conocimiento de Jesús y la iniciación a la oración, el desarrollo de la Espiritualidad. Hay que tener también claro que muchos de los presos, no saben leer; no es una población plenamente alfabetizada, sino todo lo contrario.
¿Cómo se capacita al agente pastoral, que tiene deseos de visitar al hermano que está en la cárcel y sufre? ¿Cuáles son los contenidos del curso que realizan? Debo hacer una aclaración sobre lo que llamamos el Curso Introductorio: no es tanto un curso de formación (aunque tiene elementos de formación) sino que es un espacio de discernimiento en dos partes: una primera parte se hace en cuatro semanas, donde se hace una descripción de la realidad de las cárceles, del modo de trabajo de nuestra pastoral, las pautas y el perfil de un agente pastoral penitenciario. En este trabajo se utilizan como es lógico muchos testimonios de los propios agentes pastorales, que comunican su experiencia. Porque lo que se quiere es ayudar al que se siente llamado, a clarificar en qué consiste la tarea del agente pastoral. Esta primera etapa concluye con un retiro. Después, en la segunda parte se realiza una experiencia de visita a los penales, y luego de eso y de la evaluación posterior, recién ahí se puede calificar a los participantes y descubrir quienes tienen vocación y cualidades para ser agentes pastorales, y quienes no.
¿Eso lo hacen para ver si pueden aguantar la experiencia? No, ése no es el objetivo y no conozco a nadie que no aguante. En realidad hay muchos más miedos que son fruto de los prejuicios y las fantasías de lo que sucede en la realidad. No se trata de probar si resiste, sino si tiene vocación para esa tarea. Ahí, "en la cancha", se puede evaluar mejor. En el encuentro con la realidad, el aspirante a agente pastoral descubre si realmente el Señor lo llama a servir en esta tarea. Todos tenemos deseos de servir al Señor y a la Iglesia, el problema es descubrir dónde nos llama el Señor a hacerlo. Después la formación continua, consta de tres elementos básicos. Uno es el de los encuentros mensuales de Pastoral. En ellos se tratan temas, se comparten experiencias, algunas veces trabajamos juntos. En otros encuentros traemos expertos en diversos temas que nos ayudan a complementar nuestra formación, como psicólogos, asistentes sociales, etc.. Estos encuentros nos sirven para profundizar en el sentido de nuestra tarea y capacitarnos para la misma. El segundo elemento son los retiros y los Encuentros nacionales con los equipos de Pastoral Penitenciaria de las otras diócesis, que son formativos y de intercambio. El tercer elemento es el propio Equipo Pastoral, que lleva adelante la tarea pastoral, la evalúa, la prepara y la realiza, y entre los propios agentes se ayudan a vivirla y realizarla mejor.
¿Cuáles son los principales obstáculos que se les han presentado en la tarea de anunciar a Cristo en las cárceles? El más importante es la convocatoria que tratamos de realizar dentro de las cárceles. Esto depende de varios factores. Un primer factor es que estamos en un país netamente laicista, y por lo tanto, la inmensa mayoría de los presos no son creyentes, igual que la población de fuera de las cárceles. Por eso, mucha gente recluida ve con mucho recelo lo que puede ser la iniciativa de los agentes pastorales: "¿Éstos a qué vienen?", se preguntan. Como la convocatoria es voluntaria, no es fácil ni sencillo que los presos se acerquen cuando los vamos a visitar. La gente no tiene religión, no conoce nada sobre esto, no sabe rezar, y por tanto muchas veces esto le genera el temor de acercarse a lo que desconoce. La realidad tan dura de la cárcel, hace que muchas veces la gente esté deprimida, con una crisis sobre el sentido de su vida, y no siempre tiene la fuerza de voluntad suficiente para acercarse. Nuestras reuniones no se hacen en los celdarios, sino en otro lugar. El tercer elemento es que, por las propias características de la cárcel, muchas veces los presos están sancionados, ya sea individualmente o en colectivo (todo un módulo) y por supuesto no pueden acudir al encuentro, ya que no pueden recibir visitas. Aunque no estén sancionados, hay dificultades de la guardia, ya que a veces, no pueden traer a los presos, porque hay poco personal y no los pueden controlar, etc.. Eso hace que haya muchas veces poca participación. Otro problema es la falta de agentes pastorales, pues no son todavía suficientes para atender la cantidad de presos que hay. Otra dificultad que se nos presenta es que tenemos carencia total de fondos, en realidad la Pastoral Penitenciaria no tiene un solo peso. Los recursos que necesitamos se obtienen del propio bolsillo de los agentes pastorales, que se pagan desde el ómnibus, hasta los bizcochos que llevan, porque no tenemos un peso para eso. La Vicaría de la Solidaridad tampoco tiene fondos, lo que constituye todo un problema. El otro obstáculo que se nos presenta es la mentalidad de la sociedad, no pocas veces ocurre que la familia del agente pastoral no lo acompaña y le reprocha que ocupe su tiempo en la Pastoral Penitenciaria. Esto genera resistencias y temores. Respecto a la seguridad de los agentes pastorales, contrariamente a lo que se piensa, jamás le ha pasado nada a ninguno de nuestros agentes pastorales en su visita a las cárceles. Los miedos responden más a la ficción que a la realidad. Pero muchas veces en la imaginación de los familiares, esto pesa. También hay que decir que en general en las comunidades parroquiales de donde provienen los agentes, tampoco se valora mucho su tarea. Por eso las comunidades tampoco (salvo honrosas excepciones) le brindan apoyo. Generalmente en las comunidades parroquiales no se ven como esenciales y prioritarias las tareas que realiza la pastoral penitenciaria.
¿Cuáles son las cosas positivas y los logros que han tenido en esta tarea? El primer logro es que la Pastoral Penitenciaria existe y que a través de ella se da testimonio de Cristo, esto tiene una tarea de siembra enorme, y uno no puede pretender resultados medibles y numéricos (como en cualquier otro ámbito pastoral). El hecho de que todas las semanas se vaya, eso es algo que los presos agradecen mucho, y de por sí ya es un gran logro. Ocurre incluso, que si uno de los agentes pastorales no ha podido venir por alguna razón, los reclusos preguntan por él y lo reclaman. Por otra parte, los presos van tomándole confianza a los agentes pastorales, al ver que no buscan nada de ellos, que no van con una estrategia y un cálculo interesado, que su visita es fraterna y gratuita. Esto les permite descubrir la gratuidad y el valor del amor de Dios. Esto no se puede medir, pero pesa mucho, y muy positivamente, tanto en la vida de los agentes pastorales, como en la de los presos. Otro fruto es la constancia, la perseverancia y el enriquecimiento de los agentes pastorales. Ellos manifiestan que con estas visitas, crecen y se enriquecen como personas y como cristianos. El otro gran logro, es que en la Iglesia uruguaya la Pastoral Penitenciaria es un tema importante (ya que no sólo está organizada a nivel de Montevideo, sino en las otras diócesis del país). En todo el interior está organizada la Pastoral Penitenciaria, y en cada departamento del país, se visitan las cárceles. No sólo se ha realizado una efectiva coordinación con las otras diócesis, sino que incluso se han dado pasos para una coordinación regional. Se han hecho encuentros a nivel del Cono Sur. Recientemente, se realizó un encuentro nacional, en el cual participó gente de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. Esto fue muy positivo e importante, pues fortalece y enriquece nuestra tarea. Otro logro muy importante que no sólo es fruto de las actividades de la Iglesia Católica, sino que es compartido con otras Iglesias y otras religiones que visitan la cárcel, es que las actividades religiosas en las cárceles y la presencia de distintas Iglesias en ellas, contribuyen fuertemente a disminuir el nivel de agresividad entre los reclusos. Eso tiene que ver con el tema de sentirse valorado y contenido, el sentirse querido. El hecho de que haya gente que no son familiares, y que sin ninguna obligación para con ellos los van a visitar, les revela a los reclusos que son importantes para Dios. Esto ayuda incluso a los no creyentes que están presos, a valorarse de otra manera. No hay que olvidarse que muchas veces el que está preso ha sido abandonado. Los amigos le dan vuelta la cara, incluso su familia muchas veces no lo va a visitar. En algunos casos los presos pueden pasar años sin que nadie los visite nunca. Muchas veces tienen cortados todos sus vínculos con la sociedad. El hecho de saber que no están abandonados, sino que a alguien le importan, eso también los ayuda a valorarse a sí mismos y les hace mucho bien.
¿Cuáles son las Iglesias que van a las visitas? No es algo fácil de establecer, pero por ejemplo, al Comcar, que es donde más van, estaban yendo en el año 2005, 17 confesiones religiosas. Eso es un número muy importante y significativo. Van desde Iglesias cristianas muy grandes como la Católica, hasta Iglesias Evangélicas de muy pequeño número. En este momento estamos realizando un emprendimiento importante que es el Centro Interreligioso del Comcar. Constituye el primer centro físico interreligioso en el Uruguay. Se está construyendo dentro del Comcar y fue iniciado hace unos años y quedó paralizado, pero ahora con el aporte de católicos se está completando. Para coordinar esto se creó una comisión integrada por 12 credos religiosos: están los católicos, varias confesiones protestantes, congregaciones judías, hay grupos umbandistas, los bahais, etc.. Un sitio web donde se puede obtener información es: www.vicariadelasolidaridad.org.uy; dentro de ella hay un espacio que es de la Pastoral Penitenciaria donde hay fotos y variada información sobre nuestras actividades. Eduardo Ojeda
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