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Una invitación a la esperanza y la alegría
Esta carta de Pablo es tal vez una de las más hermosas y fáciles de comprender. El que habla ahora no es como en la Carta de los Romanos un teólogo que desea aclarar la doctrina cristiana sino un pastor, que está tiernamente preocupado por los hermanos a los que ha visto nacer a la fe. La historia de la llegada de Pablo a esta ciudad de Macedonia (actual Yugoslavia) está narrada en Hechos 16,13-40. P or lo que sabemos de este texto, no le fue fácil a Pablo evangelizar allí; no había una colonia judía importante, y al principio su prédica fue aparentemente poco exitosa. Pero tras la conversión de Lidia, una mujer que vendía púrpura, aumentó el número de conversiones, y aunque tuvo que soportar el maltrato y la cárcel, al final se fue de allí dejando una comunidad cristiana fervorosa y entusiasta.No se sabe bien cuándo fue que Pablo se dirigió a esta comunidad, formada en su mayoría por cristianos de origen pagano, aunque también estaba integrada por judeo-cristianos. Pablo se maravilló del entusiasmo con que esta gente había recibido el mensaje del Señor (Fil 1,1-11). Lo que se sabe es que Pablo escribió esta carta estando preso. Algunos creen que la escribió cuando estaba preso en Roma, poco después de su llegada desde Jerusalén, cuando tras apelar al tribunal del César como ciudadano romano, logró que le llevaran a Roma para tener la posibilidad de dar allí testimonio de Jesús. De ser así, sería el año 62 d.C. (He 28). Pero muchos comentaristas piensan que es mucho más probable que lo hiciera durante su prisión en Éfeso. De ser así, esta carta fue compuesta hacia el año 59.
Contenido de esta carta Los objetivos de esta carta son los siguientes: 1. Consolar y alentar a la comunidad, preocupada por la prisión de Pablo, y que teme por su futuro. 2. Ayudarlos a mantener fortalecida su fe, ya que el apóstol no ignora que la comunidad puede enfrentar en breve tiempo persecuciones y desea darle fuerza. 3. Preservar a la comunidad de las falsas doctrinas de los cristianos judaizantes, que sostenían que la Ley de Moisés seguía plenamente vigente y que Cristo no la había cambiado. Sostenían además que había que circuncidarse para ser cristiano y seguir las leyes alimenticias con todos sus detalles (He 10,14-16).
Ánimo y consuelo del apóstol El apóstol comparte su alegría con la comunidad, y les habla de que su prisión, lejos de ser un obstáculo para la predicación del Evangelio, ha llevado a muchos, incluso a algunos de sus carceleros, a abrazar la fe en Jesús (Fil 1,12-14). Les plantea además que lejos de preocuparse por su suerte personal, ve a la muerte martirial más como una ganancia y una oportunidad de ir al encuentro con el Señor. Pablo reafirma su fe en la Resurrección y les da a los filipenses una noticia muy clara. El cristiano no debe ver la muerte como una tragedia, ya que el Señor nos llama a compartir su Gloria, y el encuentro con Él no se hará esperar. Será inmediato. Sin embargo, Pablo manifiesta su deseo de estar con ellos, ayudándolos a seguir a Jesús. Este pasaje es muy importante porque está claro en él que Pablo cree que inmediatamente después de nuestra muerte física gozaremos de la presencia del Señor, sin aguardar en la inconsciencia del sepulcro el día de la Resurrección de los muertos y la instauración definitiva del Reino de Dios, como creen los Adventistas y los Testigos de Jehová (Fil 1,19-26).
La fe cristiana no es una doctrina, sino el seguimiento del Señor Jesús Esto el apóstol lo dice muy claramente, en un hermoso himno cristológico. En él Pablo resalta la humildad de Jesús, que renunció a sus privilegios divinos para asumir nuestra carne mortal y liberarnos del pecado y de la muerte. "Les aconsejo que tengan unos con otros, los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, e igual a Dios por propio derecho, sin embargo se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, se hizo semejante a los hombres, y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por eso Dios le engrandeció, y le dio el Nombre que está sobre todo otro Nombre. Para que al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en los cielos, la tierra, y entre los muertos, y toda lengua proclame que Jesús es el Señor, para Gloria de Dios Padre". (Fil 2,5-11). Pablo establece un concepto teológico clave en la Cristología: es el tema de la Kénosis de Jesús, o sea, de su abajamiento, de su hacerse nada, de tomar la condición de Servidor y sufrir la más tremenda humillación de aquella época, o sea morir en la cruz como un criminal o un esclavo rebelde. Este gesto de amor le valdrá su Resurrección y su Exaltación. Y a su Nombre toda criatura se arrodilla ya que se ha transformado en el Salvador del Mundo, digno de veneración y adoración. Pero para compartir esta gloria del Señor, el cristiano debe seguir sus pasos, viviendo en la humildad y en la comunión con sus hermanos. Esta fe en Cristo es la fuente de toda alegría y tiene importantes consecuencias para la fe de los cristianos: no deben temer ni por la suerte del apóstol, y su probable muerte; ni deben temer a la represión y persecuciones del Imperio. La muerte ha sido vencida por el Señor y por lo tanto ni ella ni los peores dolores pueden apartar al cristiano de su herencia eterna y del llamado del Señor a compartir su Gloria. Esto exige a los cristianos vivir en la alegría. Pero es importante aclarar que esta alegría no es la alegría del inconsciente y frívolo que se ríe de cualquier tontería. Esta alegría nace de la comunión con Dios y con los hermanos, que el Señor Jesús nos ha regalado. Es la alegría que tiene Pablo aun en medio de las cadenas con que carga en la cárcel, alegría que permanece en las más tremendas situaciones límites, pues nace de la confianza que el creyente tiene en la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado (Fil 3,20-21).
Problemas con los judaizantes Ellos eran cristianos que sostenían una doctrina que ya había sido rechazada por el Concilio de Jerusalén (año 40 d.C.). Ellos, que eran judeocristianos, querían imponer a los cristianos que provenían del paganismo las leyes y las costumbres del judaísmo. La Iglesia se negó, afirmando que el Bautismo valía más para la salvación que la Ley de Moisés y la circuncisión, y que no se podía imponer estas tradiciones a los que no eran judíos. Pablo reafirma lo mismo y recomienda a los cristianos que se mantengan firmes en su fe, para no malograr la salvación que Cristo ha realizado ya en ellos (Fil 3,1-18). Pero esto no significa que Pablo los condene; el apóstol sabe distinguir entre doctrina y personas. No es partidario de condenas y persecuciones religiosas al que piensa distinto, sino que por el contrario, al enterarse de que ellos anuncian a Cristo tratando de contradecirlo para manchar su prestigio como apóstol, él se alegra porque no le importa su fama personal, sino que desea que se anuncie al Señor. Así, aunque lo hacen para desautorizarlo, se alegra porque para él lo más importante es que se anuncie a Cristo. Pablo está ciertamente muy lejos de la actitud dogmática que algunos han querido endilgarle. Él tiene confianza en que la verdad del Evangelio del Señor prevalecerá por encima de la mentira (Fil 1,15). Hay un pasaje que resume muy bien el mensaje de esta carta tan hermosa: "Estén siempre alegres en el Señor. Se los repito ¡Alégrense! y tengan un buen trato con todos. El Señor está cerca, no se inquieten por nada... Y la paz de Dios, que es mayor de lo que se puede imaginar, les guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, fíjense en todo lo que encuentren de noble, justo, y limpio; en todo lo que es fraternal y hermoso, en todo lo que merece alabanza" (Fil 4,4-7).
Eduardo Ojeda
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