El mensaje de Lourdes, a los 150 años de las Apariciones:

Re-descubrir

el Evangelio, hoy

 

Hoy la secularización ha alcanzado no sólo a la vida pública, sino también a la vida privada. Muchos se construyen su religión "a la carta", distanciándose de las instituciones tradicionales y buscando en el supermercado de la abundante oferta religiosa. La religiosidad popular, que se expresa en los santuarios, y en las manifestaciones masivas de la fe, suscita un nuevo interés. El 150 aniversario de las Apariciones en Lourdes, nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre su Mensaje, que nos revela algunas pistas para "re-descubrir el Evangelio" hoy.

 

La pastoral de re-encuentro

El Mensaje de Lourdes ofrece las pistas para estas nuevas búsquedas de espiritualidad.

El reencuentro con la fe es un proceso del que no somos dueños. La transmisión de la fe es una oportunidad que Dios mismo ofrece, gracias a mediaciones humanas, muchas veces parciales y provisorias. En los santuarios se percibe mayormente esta gratuidad de la fe, como un evento sorpresivo, un don inesperado y no el fruto de esfuerzos humanos.

Aunque la fe no se transmite sin nuestra colaboración, sin embargo nosotros no tenemos el poder de darla. La fe es obra de la gracia de Dios y de la libertad plena del que la recibe. En el marco jubilar de los 150 años de las Apariciones de la Virgen María en Lourdes, desde el Santuario Nacional de "La Gruta" de Montevideo (Uruguay) nos hemos propuesto el lema "Re-descubrir el Evangelio" para buscar junto a los numerosos peregrinos caminos nuevos para estas situaciones de re-encuentro con la fe.

Hay signos en la vivencia de todo santuario, y en especial en el Mensaje de Lourdes, que nos ayudan a encontrar respuestas y pasos para este re-encuentro.

 

1. El signo de la Peregrinación

Multitudes de peregrinos acuden diariamente a los santuarios marianos dispersos por todo el mundo. Desde la Gruta de Lourdes, María nos invita a la peregrinación: "Vengan aquí en procesión...". La peregrinación nos ayuda a vivir la fe y la confianza en el Padre, dueño de los caminos de nuestra vida. El cristiano no puede quedarse cómodo y egoísta; no puede encerrarse en sí mismo, tiene que caminar con sus hermanos. Como el pueblo de Dios en la Biblia, como María, como Jesús, como la Iglesia de todos los tiempos, estamos invitados a ser peregrinos, pueblo de hermanos en camino...

Toda nuestra vida es un caminar hacia la plenitud. Tenemos sed de amor y de paz; buscamos una vida feliz. El Evangelio nos invita a prepararnos y a ponernos en camino. Para redescubrir el Evangelio hoy, tenemos que asumir la actitud de discípulos, no de maestros. Tenemos que ponernos en la búsqueda constante y estar dispuestos a descubrir nuevos rumbos.

 

2. La Conversión

La propuesta del Evangelio nos llama a empezar de nuevo, a reorientarnos (convertirnos).

La conversión no es simplemente un cambio de conducta o de actitudes; es sobre todo poner nuestro corazón en Jesús, que es el "Tesoro maravilloso" (Mt 13,44) que si lo descubrimos, estaremos dispuestos a perderlo todo, con tal de ganarlo a Él. Creer en el Evangelio significa conocer y abrazar a Jesús. Conocer a Jesús significa amarlo. La invitación de la Virgen de Lourdes a beber y lavarse en el agua de la fuente, nos hace renovar nuestro deseo de conversión. El agua que nos recuerda el bautismo y nos ayuda a renovarlo, para aceptar a Jesús como la Vida verdadera, que vive en nosotros. El agua es un signo sencillo y claro, de vida y de fecundidad. El agua común y corriente es de por sí un prodigio de vida... pero para los cristianos es también símbolo del Bautismo y de la vida nueva en Cristo.

 

3. La Oración

Todos los encuentros de la Virgen María con Bernardita se dan en un clima de oración: la señal de la cruz; el rezo del Rosario que la Señora sólo desgrana sin pronunciar palabra; la insistencia de la Virgen para rezar por los pecadores...

Jesús en el Evangelio nos invita a orar al Padre como hijos que confían totalmente en Él.

La oración no es algo mágico para comprar los favores de Dios, porque Él es un Padre y ya sabe lo que necesitamos. La oración tampoco es un refugio que nos aleja de nuestros deberes, sino que es justamente un compromiso para que venga su Reino y la fuerza para cambiar el mundo.

Cuando un peregrino en su peregrinación, deja una vela encendida, es para simbolizar que deja su corazón delante del Señor y de la Virgen. Esa pequeña luz quiere simbolizar la esperanza de encontrar una luz plena en su vida, como nos recuerda la liturgia en el símbolo de las velas encendidas, que tiene su pleno significado si lo relacionamos con el Cirio pascual, signo de Cristo Resucitado, que es la "Luz del mundo" (Jn 8,12).

 

4. Los enfermos

Bernardita fue una niña pobre y enferma. Por estas características, todos los niños, los pobres y los enfermos pueden considerar al santuario de Lourdes como su casa, porque allí se hace evidente el amor de Jesús a los enfermos y necesitados.

En el mensaje de Lourdes es clara la predilección y la cercanía con todas las personas enfermas en el cuerpo o en el alma. Es por eso que el papa Juan Pablo II proclamó el Día Mundial del Enfermo justamente en la fiesta de las apariciones en Lourdes, el 11 de febrero. También en el Santuario de La Gruta en Montevideo, se manifiesta este amor preferencial por los enfermos.

Se reza y se intercede por los que no pueden venir y se recibe y bendice a los que pueden acercarse. Todos buscan el milagro más importante, que es el milagro de la vida (salud, trabajo, paz familiar). No pocas veces ese milagro se realiza, no por arte de magia, sino por la fuerza de la fe, la misma que encontramos en el Evangelio.

Jesús no vino para los sanos, sino para los enfermos, los necesitados, los pecadores.

La confianza en la Providencia de Dios nos abre el corazón a la solidaridad con los hermanos más necesitados. Es por eso que los santuarios se transforman en lugares de esperanza. Las promesas y ofrendas de los peregrinos toman un carácter de agradecimiento a Dios y a la Virgen, pero también de solidaridad con los más pobres.

 

5. Las celebraciones como signos de Comunión

Como en Lourdes de Francia, también en el Santuario de La Gruta de Montevideo, se construye la comunidad con la celebración de los sacramentos: en especial la Reconciliación y la Eucaristía.

A la invitación de la Virgen María que muchas veces pide "Penitencia", nosotros podemos responder con una verdadera conversión de vida y de corazón. El sacramento de la Reconciliación, donde confesamos nuestras faltas, es una buena oportunidad para emprender este camino de conversión. La Eucaristía, que algunas veces es presidida por el obispo diocesano, es el signo más grande de la comunión con Cristo y de la comunión eclesial. Además de las celebraciones de la Misa, hay también un espacio para la adoración eucarística.

Una propuesta fundamental que emerge del Evangelio, es que estamos llamados a formar comunidad. Como hijos de Dios somos parte de la gran comunidad de la familia humana: pero como discípulos de Cristo formamos parte de la comunidad de la Iglesia (la Asamblea de pastores y fieles), todos guiados por el gran Pastor de nuestras almas que es Jesús. En Lourdes, María invita a Bernardita a que transmita su mensaje a la comunidad, las autoridades eclesiásticas y todo el pueblo fiel: "Vengan en peregrinación y procesión... construyan un templo... y celebren comunitariamente la fe".

 

6. La Cruz de Cristo

La Virgen María en sus apariciones a Bernardita hace la señal de la cruz. Ella participó y sigue participando de la obra de redención de su Hijo Jesús. La imagen de Cristo, con sus brazos clavados, la cabeza inclinada, el Corazón abierto por la lanza; todo nos confirma que: "No hay Amor más grande que dar la vida". En La Gruta de Lourdes, los peregrinos pasan unos instantes frente a la Cruz del Calvario para recobrar fuerza en su camino de fe y de amor. Al pie de la Cruz, como María, expresan su compromiso de querer participar con Cristo en la redención del mundo. En el centro de la fe cristiana está el gran acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús, entrega de vida que responde al proyecto de un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso la señal que caracteriza a los cristianos es la señal de la Cruz, de muerte y de resurrección; cruz que es la más clara manifestación del amor de la Santa Trinidad por toda la humanidad. El mensaje de Lourdes apunta también a reconocer ese centro (Kerigma) de nuestra fe.

La Fiesta celebrada el pasado 11 de febrero en La Gruta de Lourdes de Montevideo, reafirmó en la predicación, en la oración y en los compromisos, los cinco pasos para re-descubrir el Evangelio (ver recuadro), que quedaron como una síntesis de la propuesta del Año Jubilar.

Quinto Regazzoni

 

Cinco pasos, para re-descubrir el Evangelio hoy:

 

1. Permanecer siempre como destinatarios del Evangelio

Como evangelizadores, no somos maestros del Evangelio, sino servidores y testigos de la Buena Noticia. No debemos preguntarnos "cómo" anunciar el Evangelio, sino más bien interrogarnos sobre ¿qué me dice a mí hoy el Evangelio, y de qué forma lo testimonio?

 

2. Desplazarse allá donde está el Resucitado

Los ángeles de la Resurrección dicen: "No está aquí. Los precede en Galilea" (Mc 16,7). Allá donde alguien llega, siempre nos precede el Espíritu del Resucitado. No estamos llevando a los demás algo que no tienen, sino que los alcanzamos, para re-descubrir con ellos las huellas del Resucitado. El arte de la evangelización consiste en re-descubrir el Reino, allá donde menos lo esperamos.

 

3. Hospedar y dejarse hospedar

Para re-descubrir el Evangelio, hay que ser huésped en el doble sentido de la palabra. Jesús mismo se dejó hospedar. Dijo a Zaqueo: "Hoy quiero hospedarme en tu casa" (Lc 19,5) y en el Apocalipsis dice: "Estoy a la puerta y llamo… entraré y cenaré con él" (Ap 3,20).

 

4. Humanización recíproca 

Nuestro Dios es un Dios humano. El tema de la Encarnación es fundamental para poder "redimir" la realidad que nos rodea.

 

5. Dejarse ayudar por los otros

No desanimarse frente a los rechazos. La resistencia al Evangelio siempre fue un camino que llevó a la inculturación y a la renovación.