VENEZUELA:

 

 

Obispos proponen reconciliación

Una nueva etapa de reconciliación nacional propusieron los obispos al finalizar su última Asamblea Ordinaria el 11 de enero pasado, después de graves desencuentros con las autoridades del gobierno, en un documento que se titula: "Caminos de reconciliación y esperanzas".

El proyecto de una nueva Constitución pretendía no sólo la reelección indefinida del presidente, sino también instaurar un Estado socialista. Los obispos cuestionaron esa propuesta, porque identificaron el "socialismo del siglo XXI", como "un modelo estatista, contrario al pensamiento de Simón Bolívar y a la Doctrina Social de la Iglesia". El rechazo del 2 de diciembre a la Constitución proyectada, por un estrecho margen (50,7% contra el 49,3%), marcó más todavía la polarización y la división en el país. Muchos se han plegado a la abstención debido a que, a pesar de varias medidas en favor de los pobres, sigue en el país la corrupción, la burocracia, la inseguridad social, etc..

A nivel de Iglesia, un grupo de religiosos jesuitas y de presbíteros han hecho un llamado "a la concordia y al respeto de las diferencias, pidiendo que se eviten los excesos verbales sea por parte de las autoridades públicas como eclesiales".

El jesuita p. Numa Molina, que trabaja en un barrio marginal, dice que "hay que entender la realidad del país desde los pobres". Afirma que "todo lo que se dice a nivel internacional sobre Venezuela sale de los medios de comunicación locales, que están en manos de pocas familias, las que han manipulado al país sin dificultad por 45 años..." Este jesuita cuestiona fuertemente a las autoridades eclesiásticas, porque según él, "han apoyado el golpe de Estado de 2002, y no hacen otra cosa que atacar al gobierno, sin ver nada positivo. Frente al pueblo parecen en general, salvo excepciones, haberse puesto del lado de los ricos y poderosos".

Por su parte, el p. Bruno Renaud, director de una escuela de formación popular, dice que "los obispos están obsesionados por el demonio del socialismo e incapaces de discernir entre el pasado y la esperanza de algo nuevo". El jesuita Miguel Matos lamenta en ciertos obispos "un lenguaje macartista y anacrónico, generalizaciones, condenas desproporcionadas y una gran carga de prejuicios, olvidando que este proceso es la única oportunidad en mucho tiempo de una política que favorezca a los más humildes". Para evitar una polarización también dentro de la Iglesia, el obispo Mario del Valle Moronta, de San Cristóbal, propuso a los demás obispos reunirse con estos sacerdotes "para encontrarnos, escucharnos y evaluar juntos la situación, dando así un ejemplo de servicio a la unidad".

La preocupación de los obispos es por otra parte comprensible debido al clima de confrontación que se vive en el país y a la progresiva concentración del poder en manos del oficialismo. Se llegó hasta a amenazar con enviar a prisión al cardenal de Caracas Jorge Urosa y al rector de la Universidad Católica por apoyar, supuestamente, un complot para sabotear el referéndum. El 7 de diciembre el cardenal fue víctima de un ataque verbal y físico por parte de un grupo chavista, ante la pasividad de los agentes de policía.

El clima se serenó cuando el 31 de diciembre se promulgó una amnistía para personas procesadas por el golpe de estado de 2002. El cardenal afirmó: "Es un paso hacia la reconciliación del país". Pero en la noche del 3 de enero se encontró en la Nunciatura un artefacto explosivo programado para estallar, que se pudo desactivar.

El nuncio Giacinto Berloco fue acusado de ocultar a un "delincuente" (un líder estudiantil de las protestas de hace dos años, Nixon Moreno). Los obispos han pedido amnistía también para este refugiado que solicitó asilo diplomático.

Al término de su asamblea ordinaria, el 11 de enero, los obispos han llamado a todos a ingresar a una nueva etapa de reconciliación nacional. Han destacado algunos aspectos en los que se ha avanzado como la concientización sobre los derechos y la participación política.