RAOUL FOLLERAU:

"Si Cristo mañana

golpeara a tu puerta"

El año pasado se celebraron los 30 años de la muerte de Raoul Follerau, un cristiano que ha sido definido como "una de las personalidades más significativas y fascinantes de nuestra época". Fue un apóstol laico que recorrió el mundo decenas de veces para combatir la lepra y "todas las lepras"(el hambre, la miseria, la injusticia y la ausencia de Dios).

Francés de nacimiento, brillante abogado, periodista y escritor, casado con Madeleine Boudou, inseparable compañera de su vida, se encontraba en 1935 en Argentina en el marco de sus numerosos viajes profesionales a América Latina. El director del diario "La Nación" de Buenos Aires le pidió a Follerau ir al desierto del Sahara para hacer unos reportajes recorriendo las huellas del p. de Foucauld del que se iba a celebrar el vigésimo aniversario de su muerte. Follerau hizo a tal fin distintos viajes al Sahara y en una de esas oportunidades llegó al Níger donde encontró por primera vez a los leprosos. Escribió en esa ocasión una página memorable: "Ese día comprendí que existía un crimen imperdonable, susceptible de no sé qué castigo, un crimen sin recurso y sin amnistía: la lepra". La declaración de guerra lo sorprendió en 1940; inscripto en las listas negras de la Gestapo, buscó refugio en un convento cerca de Lyon. Allí la madre Eugenia, superiora de las Religiosas de Nuestra Señora de los Apóstoles, acababa de volver de Abidjan (Costa de Marfil) y llorando contaba el triste espectáculo de los leprosos deambulando por los basurales y muriéndose abandonados por todos. Ella concibió con sus hermanas el proyecto de construir para ellos en plena selva un poblado donde cada familia pudiera tener su pequeña casa y su jardín; pero no tenía dinero. Además en aquel tiempo no había ningún tratamiento médico para la lepra y muchos misioneros seguían las huellas del p. Damián de Veuster que vivió y murió con ellos infectado de lepra. Follerau, católico y practicante sincero, se sintió como tocado por Dios y le dijo a la hermana: "De los fondos me encargo yo".

Conferencias, teatros, emisiones radiofónicas, libros, artículos..., fueron el púlpito de su voz y su mensaje a lo largo de 10 años. "La hora de los pobres" es el título que Follerau dio a su primera emisión, en la que pedía a los oyentes para los pobres una hora al año de su propio salario. Fundó después la "Orden de la caridad"(que luego se transformó en la Fundación Raoul Follerau) y recogió así una extraordinaria cantidad de donativos como para construir la colonia de Adzope para los leprosos en Costa de Marfil. Se construyeron las casas, la escuela para los niños, las clínicas, la casa-cuna, etc.. A esta altura de su vida, Follerau empezó a recorrer el mundo moviendo la conciencia de los hombres ante el panorama desolador de 15 millones de víctimas inocentes afectadas por la enfermedad incurable de la lepra. Fue la obsesión de toda su vida: "No podemos vivir en paz mientras ellos existan". Al finalizar la Segunda Guerra Mundial dio 35 veces la vuelta del mundo para ayudar a resolver el problema de la lepra, visitando 102 países. Follerau no dudaba en acercarse a los leprosos, besarlos y abrazarlos como hermanos. En 1949 Raoul Follerau publica el libro: "Bomba atómica o caridad", con millones de copias vendidas y traducido a decenas de idiomas. En 1954 promueve la Jornada Mundial de los Leprosos para el último domingo de enero. El mismo año escribe una carta "a los señores de la guerra y de la paz"; se trata de una carta abierta al general Eisenhower presidente de los Estados Unidos y a Malenkov presidente de la URSS, donde les pide tan solo el dinero correspondiente al precio de un bombardero para que la lepra fuera derrotada para siempre en el mundo. "Un avión menos para cada una de las dos potencias no modificaría mínimamente la relación de fuerzas", escribió. El mismo pedido lo renovará cinco años después sin que nadie jamás se digne contestarle, pero sí con el apoyo de firmas de todo el mundo. En 1962 escribe una carta a todos los jefes de estado y pide a cada país cien francos por cada millón que se gaste en armamentos. Otra vez queda desilusionado con los políticos. Exige a la ONU un estatuto para los leprosos, la supresión de los leprosarios y que se considere la lepra como una enfermedad que puede ser curada en el domicilio del enfermo. Su preocupación máxima es que también los leprosos sean considerados personas como todos los demás y con los mismos derechos. Condena la indiferencia como la peor de las lepras. "Ella es la madre de todas las lepras; si hay algo peor que la maldad, es la indiferencia", escribió.

Desahuciado por los "grandes", Follerau confió en los jóvenes. Ya en 1948 en su libro "Propuestas para hacer del hombre un ser humano", proponía la creación de un servicio civil en sustitución del servicio militar e invitaba a los jóvenes a enrolarse en "la batalla contra la lepra". Invitaba a transformar los programas educativos de la escuela para que los jóvenes entendieran que pertenecían a una única raza, la humana y que se sintieran responsables del futuro de la entera humanidad. Decía a los jóvenes: "¿Buscan una profesión? En el mundo faltan tres millones de médicos. Casi mil millones de personas son analfabetos...". Su testamento espiritual fue para los jóvenes: "Nombro mi heredera universal a toda la juventud del mundo, la que recibió el don de la Fe, la que vive como si creyese, la que piensa que no cree..., la de derecha, la de izquierda, la de centro, para que rompan todas las barreras y aprendan a amar. La más grande desgracia que le puede suceder a los jóvenes es la de no ser útiles a nadie y que su vida no sirva para nada".

Animado por su profunda fe en Jesús y en el Evangelio escribió en 1954 un libro que sacudió los ambientes eclesiales: "Si Cristo mañana golpeara a tu puerta..., ¿lo reconocerías?".

Su idea fundamental fue: "Nadie tiene el derecho de ser feliz él solo". Su batalla contra la lepra era en realidad una batalla por la dignidad de toda persona humana y contra el egoísmo. Por eso el lema de su movimiento internacional fue y sigue siendo aún ahora que la enfermedad ha sido vencida: "Contra la lepra y todas las lepras". A una señora que le enviaba dinero pero que se quejaba de ciertas fotos de leprosos que no la dejaban dormir por su repugnancia, le devolvió el dinero augurándole que "perdiera totalmente el sueño hasta superar esa repugnancia y que aprendiera a amar de veras a las personas con lepra, y no a deshacerse de ellas con una limosna". En 1966 publica su obra principal: "La única verdad es amarse". En 1970 fue propuesto como Premio Nobel de la Paz por 19 jefes de Estado. En 1975 pudo celebrar sus bodas de oro con Madeleine, su esposa, que lo acompañó en todos sus viajes por el mundo y en todas sus luchas. La imagen de este hombre sonriente y combativo, apoyándose con una mano en su inseparable bastón de viajero (había quedado cojo por un incidente) y enlazando la otra con la de su esposa, ya era conocida en todo el mundo. Raoul Follerau murió el 6 de diciembre de 1977 en París y ya se ha iniciado su causa de su beatificación.

El grito incisivo de Follerau sigue plenamente vigente: "A mí me duele sentarme a la mesa, comer con buen apetito y dormir sin pesadillas después de haber visto el espectáculo atroz de tantos hambrientos y de tantas miserias humanas. Por eso grito con voz en cuello para los que prefieren cerrar los ojos, los voluntarios de la sordera, los que visten esmoquin para arreglar el mundo y les pido justicia. Grito para que me oigan; se lo pido en nombre de Dios". También su mensaje para los cristianos es provocador: "La caridad es la proyección del rostro de Cristo en el rostro del pobre, del que sufre. Si Cristo mañana volviera a golpear a tu puerta..., ¿qué harías? El sería como en aquel entonces un pobre, un hombre solo, seguramente un trabajador, quizás desocupado...".

 

 

Primo Corbelli