9. THERESIA Y PAULINO (s. iv)

 

Una pareja consagrada a Cristo

Teresa (Theresia) y Paulino fueron muy unidos en su vínculo matrimonial, juntos llegaron a tomar decisiones muy importantes, como la de vender todos sus bienes para darlos a los pobres, y salir de sus países para vivir una vida totalmente consagrada a Dios. Paulino, que era gobernador y poeta, deja su cargo civil pero no su arte, que pasará a ser iluminado por su experiencia de fe: "Cristo es mi música". Teresa estará a su lado, aun cuando fue nombrado obispo de Nola, y su figura queda inmortalizada en uno de sus poemas.

En la segunda mitad del siglo IV la religión cristiana se encontraba ya reconciliada con la sociedad civil y las autoridades del Imperio Romano, estaban ya en decadencia. En el territorio de Aquitania, el sur de la Galia romana, la aristocracia local ya estaba integrada a las estructuras romanas. Poncio Merodio Paulino, un joven de esta aristocracia, nacido en Burdeos en el año 343, cumple sus estudios y sus servicios como gobernador, primero en Italia y luego en España. Allí conoce a Teresa (Theresia), una mujer noble de Barcelona, que lo convence de hacerse bautizar. Luego de su casamiento, Teresa y Paulino tienen un hijo, que muere a los pocos días de nacido. A raiz de este triste acontecimiento, los esposos deciden de común acuerdo, vender todos sus bienes para socorrer a los pobres. La vida que llevan desde entonces parece tan admirable (aunque Ausonio, su maestro, le escriba que es una locura) que en la Navidad del 394 el pueblo de Barcelona aclama a Paulino como sacerdote, y el obispo lo ordena.

El matrimonio de Teresa y Paulino era propietario de tierras en Aquitania, España y la Italia meridional, y era inmensamente rico. Por eso causó gran sensación cuando los dos empezaron a liquidar sus bienes para entregarlos a los pobres, decían: "Con todos estos bienes terrenos compramos la esperanza del cielo".

La pareja abandona entonces España y se refugia en Italia, para vivir una vida retirada y austera. Teresa y Paulino se sintieron llamados a entregarse totalmente a Cristo. En el año 395 llegan a Nola (cerca de Nápoles). Aquí Paulino se dedica a la oración, al estudio y a componer poemas.

En cuanto a su capacidad literaria, Paulino no había abandonado el talento poético, que seguiría cultivando. Las fórmulas poéticas inspiradas en la mitología y en los ideales paganos, fueron reemplazadas por una nueva ascética que regía su sensibilidad: era la belleza del Dios encarnado, crucificado y resucitado de quien ahora se había convertido en trovador. En realidad, no había dejado la poesía, sino que pasaba a buscar inspiración en el Evangelio, como dice en este verso: "Para nosotros, el único arte es la fe, y Cristo es la música" ("At nobis ars una fides, et musica Christus").

Teresa recibe como regalo de él un poema, en el que se habla de la bendición matrimonial de los esposos cristianos. En otro poema de boda, dedicado a dos jóvenes novios, Julián y Ya, hijos respectivamente del obispo de Benevento y del obispo de Capua, Paulino habla de la celebración nupcial cristiana. Se dice que el padre del esposo conducía a la pareja delante del altar rezando, y que el padre de la esposa tendía un velo sobre sus cabezas y pronunciaba la bendición con un rito parecido al del matrimonio judío.

El poema aclara que es Cristo en persona que está presente en la boda y "transforma el agua en vino dulcísimo". Los esposos comparten el yugo (son cón-yuges) de Cristo y la esposa es llamada "hermana, no súbdita; porque la Escritura dice que ya no hay varón o mujer, en efecto hay un solo cuerpo y una sola fe, y todos nosotros somos un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo".

El matrimonio de Teresa y Paulino vivía entonces austeramente y en castidad, pero apreciaba enormemente el valor de la vida matrimonial cristiana (a diferencia de otros ascetas y teólogos de la época).

Paulino, con sus actitudes de equilibrio y sabiduría atrajo la simpatía y la confianza de la comunidad cristiana que, al morir el obispo, hacia el año 409, lo eligió como su sucesor en la cátedra de Nola.

Su acción pastoral se intensificó, caracterizándose por una atención especial por los pobres. Dejó la imagen de un auténtico "pastor de la caridad", como lo describió san Gregorio Magno en el capítulo III de sus Diálogos, en donde Paulino es retratado en el heroico gesto de ofrecerse como prisionero en lugar del hijo de una viuda.

Fue un obispo de gran corazón, que supo estar junto a su pueblo en las tristes contingencias de las invasiones de los bárbaros.

Sus poemas son cantos de fe y de amor, en los que la historia diaria de los pequeños y grandes acontecimientos es vista como historia de salvación, como historia de Dios con nosotros.

Paulino y Teresa amaban el arte. El Papa Benedicto XVI, en una reciente catequesis sobre los Padres de la Iglesia (diciembre de 2007) nos recuerda que el obispo Paulino construyó una nueva basílica, que decoró de manera que las pinturas, ilustradas con explicaciones adecuadas, se convirtieran para los peregrinos en una catequesis visual. De este modo explicaba su proyecto en un poema o carmen, mientras acompañaba una visita a su basílica: "Ahora quiero que contemples la larga serie de pinturas de las paredes de los pórticos... Nos ha parecido útil representar con la pintura argumentos sagrados, con la esperanza de que, al ver estas imágenes, la figura dibujada suscite el interés de las mentes sorprendidas de los campesinos" (Carmen 27).

Todavía hoy se pueden admirar aquellos vestigios que hacen del santo de Nola una de las figuras de referencia de la arqueología cristiana. Teresa no desapareció de la vida de Paulino al pasar éste a ser obispo. Continuó dirigiendo su casa y con frecuencia los corresponsales del obispo le mandaban a éste saludos para ella.

El obispo Paulino murió el 431, mientras que de Teresa, no sabemos exactamente cuando murió. La figura de esta mujer queda un poco escondida en la historia, pero a lo largo de toda su vida, fue la gran compañera de este singular artista de Cristo.

 

 

Las antorchas de san Paulino

 

En el año 410 la ciudad de Nola es invadida por los godos de Alarico, que después de saquear Roma, habían bajado a la región de la campaña. Los bárbaros toman a los jóvenes de la ciudad para venderlos como esclavos en África. La ciudad se reune alrededor del obispo Paulino (nombrado el año anterior). Una viuda le suplica que interceda por su único hijo, raptado por los invasores. La leyenda narra que estos, en lugar de escuchar las súplicas del obispo, lo raptaron a él también junto a todos los hombres de la ciudad, y los llevaron a África. Allí el obispo sorprendió a sus raptores con su calidad humana, ya sea con los deportados, como con los bárbaros godos. A raiz de esto, fue liberado con todos los esclavos y devuelto a Nola.

La noticia de su regreso causó una enorme alegría y toda la población aclamó al santo obispo como mediador de paz. Desde entonces, todos los años la vuelta de Paulino y de los esclavos es festejada con un cortejo de antorchas (en el dialecto local "gigli"), cada vez más grandes, hasta que hoy son construcciones altísimas llevadas en competencia por la población.

 

 

Quinto Regazzoni