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Una cultura del Trabajo
Según el Génesis la obra central de la creación es el Ser Humano, hecho a imagen y semejanza de Dios: varón y mujer. Dios sopló dentro del barro aliento y vida, por eso podemos decir que salimos de los pulmones de Dios, desde el adentro de Él, al adentro nuestro. Luego Dios nos entregó la Creación para conservarla y transformarla con nuestro trabajo. El Dios creador nos hace creadores con Él. El Dios "trabajador" nos hace trabajadores de su creación. No hay ninguna maldición en esta corresponsabilidad creadora. El trabajo es pesado y deshumanizador sólo cuando está sujeto al egoísmo personal o colectivo; cuando es esclavo de la sed de poder y de tener, de la ambición desmedida y de la injusticia. Es por eso que nuestro compromiso con el mundo, con la realidad y con el sufrimiento de la humanidad, significa hoy un nuevo compromiso con un trabajo digno y dignificador. Desde la cultura del trabajo podemos vencer las desviaciones que el egoísmo y la arrogancia le han impuesto a la noble tarea creadora del ser humano. Desde el bien común, desde el compromiso solidario con los demás, nunca el trabajo podrá ser deshumanizador, por pesado y difícil que sea; al contrario, la tarea más dificultosa pasará a ser la más heroica y generosa. Este compromiso, basado en la preocupación por la suerte de nuestros semejantes, nos conduce a la meta que todos anhelamos: una vida plena y compartida. Llama la atención constatar cierto discurso rancio, que amparándose bajo la bandera de la reivindicación sindical, sólo busca salvar los intereses corporativistas de pocas personas, o de pequeños grupos. A menudo hemos visto trabajadores públicos o privados, que no dudan en perjudicar las necesidades de la población entera, con tal de defender sus propios privilegios. Esto no es sindicalismo, esto no es cultura de trabajo, sino mero egoísmo personal o de grupo, disfrazado de reivindicación. En la celebración de un nuevo 1º de mayo, "Día de los Trabajadores", además de denunciar la injusticia que sufren tantos trabajadores, desplazados
y oprimidos por las condiciones indignas a las que son sometidos en su
trabajo, tenemos que proponer positivamente una nueva cultura del
Trabajo, no hecha simplemente de reivindicaciones egoístas, Y al igual que cuando Dios sopló en las narices del primer ser humano, en el jardín, para darle vida, hoy Jesús Resucitado sopla sobre nosotros para renovar así su aliento creador.
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