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Partir
de lo pequeño, apoyados siempre en Jesús
A los 150 años de las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes, dentro de las actividades que a lo largo de este año jubilar se celebraron en el Santuario Nacional de La Gruta, de Montevideo, se realizó un Simposio con la participación de sacerdotes, religiosos y laicos. El lema propuesto para este año jubilar, y para este Simposio fue "Redescubrir el Evangelio". Estuvieron presentes los Superiores Provinciales de Canadá, Estados Unidos, Ecuador, Venezuela, Chile, Brasil y Argentina. En esta oportunidad, entrevistamos al p. Léo Heck, Superior de la Provincia brasilera meridional, que vive en la ciudad de Curitiba.
¿Cómo entiende este lema propuesto para este año: "Redescubrir el Evangelio en Lourdes 2008"? - Primeramente desea mostrar la importancia que siempre tuvieron los pequeños, los humildes, los simples como Bernardita, elegida por Nuestra Señora que se le apareció en Lourdes, trayendo este gran mensaje para la humanidad, acentuando el llamado hacia la oración y la conversión. Esta invitación es para toda la humanidad hoy, es un mensaje que permanece actual en nuestros días. Es Dios, junto con Nuestra Señora, que elige a los pobres, los simples y humildes, los que permiten que Él sea parte de su vida para revelar sus designios y misterios. Está escrito en la Biblia que Dios ocultó las cosas a los grandes y sabios y las mostró a los pobres y humildes, para confundir a los grandes sabios de este mundo. Esto quedó muy claro en estos días aquí en Uruguay, en la Gruta de Lourdes, donde tuvimos la oportunidad de rever y revivir este misterio a partir de lo pequeño, de lo pobre, del pueblo peregrino que viene a manifestar su fe, su confianza, con la simplicidad que le es característica. Por lo que percibí, veo que las personas tienen sed de Dios, de su amor, de su perdón, para entender su historia, para caminar hacia su liberación por este mundo que a veces es difícil, sufrido y sin mucha esperanza. A los sacerdotes, el Simposio nos mostró la mejor postura que debemos tener ante la gente que busca en nosotros personas que viven esta cercanía con Dios. Lo mejor que podemos hacer es no colocarnos como maestros de una doctrina de palabras, sino compartir nuestra búsqueda de Dios, que es nada más y nada menos que nuestra vida. Debemos encontrar en el otro los signos de la presencia de Dios. Así volvemos hacia el núcleo del Evangelio que Cristo predicó, la buena noticia de que Dios es Amor y ama a cada uno de nosotros.
Redescubrir, suena como hacer de nuevo el descubrimiento o volver nuevo lo que ya está descubierto. ¿Cómo suena para usted esta palabra? - Yo pienso que muchas veces nosotros complicamos las cosas. Esto queda evidente en la historia del mundo y pasó en la Iglesia también. A veces se complicó el anuncio de la fe porque se mezcló con influencias culturales, con imponer una cultura o una idea. A veces hasta la Palabra de Dios se confundió con cosas que no eran, se olvidó la Buena Noticia, y hasta se usó el Evangelio para intereses personales. En las palabras de San Pablo, encontramos que no se necesita anunciar nada más que el Evangelio, que Jesucristo mismo. Es un volver hacia las fuentes, donde brota el agua limpia, que no se mezcló con impurezas, para beber desde allí. El reciente documento de Aparecida hace justamente esta invitación, la de ser discípulos de Jesús, de anunciarlo a Él, como personas que tienen ganas de seguir sus huellas hoy. Anunciar la gran verdad de que el Dios que Jesús predicó es amor y nos ama a cada uno de nosotros. Él tiene ganas de que tengamos vida, y vida en abundancia.
Ya que entramos en este tema del documento de Aparecida; ¿cree que este documento tiene el potencial de dar herramientas a los más sencillos, los pobres y humildes de hoy? - Yo lo considero un documento muy feliz, de hecho inspirado por el Espíritu Santo. Además de la unidad literaria, trae en sus páginas lo que para mí es lo esencial en el seguimiento de Jesús, que es llevar a toda persona a hacer una experiencia de Jesucristo vivo. Esta Buena Noticia es preferencialmente dirigida a los pobres, para que se sientan amados por Dios en la situación difícil, dolorida en que viven. Eso no puede ser visto o
entendido como un castigo de Dios, ni un abandono por parte de Dios. El
pobre es un amado de Dios. Es desde allí que debe brotar la fuerza
para continuar luchando por días mejores, por la vida plena que somos
llamados a vivir. Éste es el marco esencial de este documento: encarar
la pastoral y las actividades de la Iglesia apoyados siempre en
Jesús, que se hizo pobre y pequeño por nosotros. Después viene el
rito, la liturgia, las grandes celebraciones...
Ésta es la primera vez que viene a Montevideo; ¿qué impresiones se lleva luego de estos días que pasó aquí entre la gente? - Una cosa es oír y otra ver en persona. Había oído que éste era un país secularizado, y hasta pensaba que por estos lados no se encontrarían muchos templos, santuarios, ni presencia de una Iglesia viva. Pero lo que he visto en estos pocos días me ha encantado. Personas sencillas, pobres y humildes, con problemas que en Brasil del sur casi no se notan más, pero que además de todo eso y siendo pocos, están presentes, están ahí. Eso es lo más importante. Problemas tenemos en todos lados, pobreza, pasta base, personas en la calle también. Me alegro de percibir que los Dehonianos, la congregación a la cual pertenezco, estén allí insertados en esta realidad, luchando para ser la sal y la luz del mundo, procurando ser una señal del amor de Dios por los que se sienten abandonados.
Para concluir, le pido unas palabras para los lectores de Umbrales... - El mensaje que quiero dar no puede ser otro que la esperanza. Nosotros que hicimos la experiencia de Jesús que nos ama, no nos podemos contentar con el mundo que tenemos, sino luchar para que vengan tiempos mejores para todos, con justicia social, con derechos para todos... es eso lo que nos anima a vivir y a crecer. Éste es mi deseo y mi oración, para que la bonita presencia dehoniana en esta realidad (también con esta revista) pueda llevar a las personas a confiar en días mejores para todos. Que además de todas las dificultades, puedan encontrar la felicidad a la que Dios nos llama.
Fernando Luiz dos Santos |
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