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VATICANO
Relevante viaje del Papa a Estados Unidos
Los cinco días pasados entre Washington y Nueva York y los 11 discursos pronunciados por el Papa Benedicto XVI parecen haber dejado una marca en la sociedad norteamericana y sobre todo en la Iglesia de aquel país.
El presidente estadounidense le reservó al Papa honores nunca antes dispensados a un jefe de Estado extranjero. Trascendió que, más allá de coincidencias de tipo político-religioso, el Papa reivindicó mejores tratos para con los inmigrantes que en su mayoría son hispanos y católicos. Hubo sintonía sobre los temas de la vida, la familia, la religión pero también sobre un concepto positivo de laicidad; en este sentido, cabe destacar que la nueva embajadora en el Vaticano es Mary Ann Glendon que en 1995 lideró la representación vaticana en la Conferencia de la ONU sobre la mujer, en Pekín. El objetivo primordial del Papa era alentar a la Iglesia de Estados Unidos en un momento de crisis. En este sentido el éxito fue relevante. Los momentos más importantes fueron el encuentro con los 400 cardenales y obispos de las 194 diócesis del país (17 de abril), el encuentro con miles de jóvenes que aspiran al sacerdocio y a la vida religiosa (20 de abril), con los sacerdotes y después con los feligreses en el Yankee Stadium. Otros encuentros muy significativos fueron con las Iglesias Cristianas y también con las cinco grandes religiones presentes en Estados Unidos (judíos, musulmanes, budistas, hinduístas, jainistas); el Papa les habló de luchar juntos por la paz en el mundo, y de "mantener despiertas en el corazón del hombre contemporáneo las preguntas más profundas y esenciales". El Papa también tuvo gestos significativos, como la oración, de rodillas y en silencio en el Ground Zero (el lugar donde fueron derribadas las Torres Gemelas) y el encuentro con cinco de las víctimas de los abusos sexuales. En este último encuentro, el Papa oró con ellos, escuchó sus relatos, y les dio palabras de aliento y esperanza. La visita y el discurso en la ONU el 18 de abril en ocasión de los sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se refirieron al apoyo de la Iglesia a dicha Declaración que se dio en un momento clave de la historia como convergencia de tendencias religiosas y culturales, sobre la base de una concepción trascendente de la persona humana. El Papa insistió en que estos derechos son universales y se fundamentan en la ley natural que el Creador puso en el corazón del hombre. El Papa en la ONU subrayó que los objetivos propuestos por las Naciones Unidas, "aunque no coincidan con el bien común total de la familia humana, representan sin duda una parte fundamental de este mismo bien: ...el deseo de la paz, la búsqueda de la justicia, el respeto de la dignidad de la persona, la cooperación y la asistencia humanitaria- expresan las justas aspiraciones del espíritu humano". En la ONU el Vaticano es "observador permanente" (no vota pero tiene derecho de palabra y de réplica); en 2004 la Asamblea General aprobó por unanimidad la presencia del Vaticano. |
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