¿No habrá que cambiar el lenguaje?

 

El Documento de Aparecida afirma:

"Son muchos los que se dicen descontentos,

no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia,

sino con la forma con la que ésta es presentada" (n. 497).

Si bien se ha hecho mucho camino en estas últimas décadas,

el lenguaje de la Iglesia ha de seguir renovándose.

La dificultad en comunicarse se manifiesta sobre todo

cuando se usa un lenguaje preceptivo, doctrinal y moralista.

Ya no se tolera un lenguaje de frases remanidas que no dicen nada 

o cierto estilo que da la impresión de señalar siempre errores y pecados.

El Papa Benedicto XVI ha pedido a todos los agentes pastorales

un lenguaje más positivo, inspirador, que aliente la esperanza.

El mismo documento de Aparecida afirma claramente:

"Es necesario comunicar los valores evangélicos

de manera positiva y propositiva" (n. 497).

Habría que proponer los testimonios de entrega y servicio

de los santos, que no son conocidos por la gente humilde.

Los documentos de la Iglesia deberían ser fruto de una mayor consultación 

y redactarse en forma sencilla, popular, inteligible.

El magisterio de la Iglesia, por el lenguaje complicado que a menudo emplea, 

llega sólo a una minoría selecta, o si llega al gran público,

llega muchas veces deformado. El card. Goodfried Danneels pedía inclusive 

una moratoria de los documentos oficiales, por su gran

cantidad, a los que ya nadie alcanza a leer,

hasta que por otra parte aumente realmente la comunicación

al interior de la Iglesia, en todos sus niveles.

La mentalidad general se va formando a través de los medios

de comunicación. Da la impresión que a muchos cristianos

no les importa lo que publican los diarios y las revistas, 

o lo que digan la radio y la televisión, mientras puedan trabajar tranquilos

en su ministerio ordinario. Parecen ignorar que hoy los medios

enseñan, mentalizan, crean opinión; y mantienen frente a ellos

una actitud defensiva, desconfiada, lejana.

Este repliegue hace que la Iglesia no tenga voz pública,

más allá de la voz del Papa o de pronunciamientos de tipo oficial.

El documento de Aparecida pide

"favorecer la formación de un laicado capaz de actuar como sujeto

eclesial y a la vez competente interlocutor entre Iglesia y sociedad

y entre sociedad e Iglesia" (n. 497).

Benedicto XVI, en su reciente viaje a Estados Unidos,

ha dado ejemplo de humildad y transparencia, tratando temas

delicados y difíciles. Evangelizar es comunicar.

La comunicación incluye el doble movimiento de escucha

y de transmisión: sin escucha no habrá transmisión eficaz.

Escucha de la Palabra, escucha de los humildes, escucha del mundo

a quien Dios amó hasta el punto de entregar a su Hijo,

escucha de Dios que habla en los signos de los tiempos.

Primo Corbelli.