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QUITO: CAM 3 - COMLA 8
La
misión
continental está
en marcha
El caluroso entusiasmo de los delegados al Congreso Misionero Americano (CAM3) contrastó en los días del encuentro en Quito con una visión más tradicional, expresada en una excesiva preocupación por lo formal (mucho protocolo hacia la jerarquía eclesiástica, extensas homilías, poca presencia del laicado -y de la mujer en particular- en las mesas de presidencia, anacronismos en algún gesto litúrgico…). Sin embargo, el ardor de los participantes y justamente de los laicos, hacen pensar que esta Misión Continental podrá llevarse adelante sólo con su gran aporte, sin descuidar el apoyo de los obispos. Todos están invitados a emprender un nuevo camino para "escuchar, aprender y anunciar" a este mundo globalizado que es el interlocutor actual de la propuesta evangélica. Con la clausura del III Congreso Americano Misionero comienza oficialmente en todo el continente la misión continental evangelizadora, convocada por la Conferencia de Aparecida de 2007. En los trabajos del Congreso participaron delegaciones de 33 países, entre ellos 80 obispos, 465 sacerdotes, 250 religiosos y 664 laicos. Del Ecuador participaron 1300 delegados. En la eucaristía de Inauguración, que reunió a cerca de 15.000 personas en el Coliseo Rumiñahui de Quito, se leyó el mensaje de Benedicto XVI a los participantes, en el que exhorta a "proponer a Jesucristo con claridad y humildad" al mundo de hoy. Posteriormente, en la Eucaristía de clausura, que congregó a cerca de 30.000 personas en el Estadio Liga Deportiva Universitaria, tuvo lugar el solemne envío a la Misión continental. El objetivo del Congreso ha sido "poner al continente americano en ‘estado de misión’, porque en nuestro continente la misión se halla todavía en los comienzos... Esta opción permitirá hacer de cada Iglesia particular el ámbito y contexto de la nueva evangelización y la misión ad gentes". Con el lema "América con Cristo: Escucha, aprende y anuncia", los trabajos del Congreso giraron en torno a la necesidad de una nueva evangelización "en el contexto de materialismo y secularización que afrontan el hombre y la mujer actuales", según el documento síntesis del congreso.
Si dejaste a Cristo, fue que nunca te encontraste con
Él Con esta frase, y citando a San Pablo cuando dijo: ¡Ay de mí si no evangelizo!, el card. Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, finalizó su emotiva ponencia sobre el discipulado, tema que abrió los trabajos del CAM 3. "El discípulo, llamado por Cristo, se encuentra, se reviste de Él y asume su estilo de vida en un proceso de constante conversión". El discípulo es profeta generoso que, por la alegría de ser cristiano, testimonia la vida plena de Dios, y está dispuesto a dar su vida por el Maestro al servicio de la humanidad. Es así que el discípulo es llamado a formar una comunidad viva, y a testimoniar el Evangelio por medio de la caridad apostólica y por el amor a los más pobres y necesitados. Haciendo alusión a la celebración del año de san Pablo, recordó el encuentro del apóstol con el Señor, y cómo después de ser llamado dio toda su vida por la evangelización, citando la frase: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí", lo que le llevó a concluir que si una persona deja a Cristo, es porque nunca tuvo un verdadero encuentro con él. Rodríguez Maradiaga recordó que la Iglesia del continente necesita un "marcapaso misionero", porque tiene en este aspecto una deficiencia cardíaca.
Pentecostés: Comunidad "empujada" por el Espíritu Éste fue el tema de la ponencia de Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja, y presidente de la Conferencia Episcopal colombiana. El Espíritu Santo es el motor del ser humano, es la presencia de Dios en nuestras vidas que nos brinda la seguridad, serenidad y tranquilidad del alma. En su ponencia, Castro afirmó que el Espíritu Santo es el compañero de nuestras vidas, motivándonos a diario, en siete "empujones". Un empujón hacia fuera y uno hacia adentro, hacia el fondo y hacia el costado, hacia atrás (hacia la historia) y hacia todos, pero sobre todo hacia arriba, es la gracia de Dios que va dando vida y forma a la misión.
Comunidad Misionera para la Humanidad El obispo brasilero Erwin Kräutler se preguntó cuál es la contribución de la comunidad misionera para la solución de los graves problemas que afectan a la humanidad. Los cristianos, como ya afirmaba la carta a Diogneto, en el siglo II, no habitan en ciudades separadas, no usan un idioma distinto... Viven en la propia patria, pero como peregrinos. Como ciudadanos participan de todo, pero todo lo soportan como extranjeros. En el mundo globalizado, es imposible cerrar los ojos ante aspectos como la pobreza, la exclusión, la violencia y la persecución. Según Erwin, el estado permanente de misión (A 213) ha sido olvidado, en varias épocas y regiones, cuando la Iglesia estuvo cercana al poder, lo que neutralizó su presencia junto a los pobres. El obispo de Xingú insistió en la opción preferencial por los pobres, que significa derrumbar los muros que a lo largo de la historia hemos construido. Citando la parábola del Buen Samaritano, recordó que Jesús propone demoler no sólo el muro étnico entre samaritanos y judíos, entre mestizos y judíos puros, el muro clerical entre sacerdotes y laicos, sino también el muro entre secta marginalizada y religión oficial, entre justos y pecadores, entre discurso y praxis, entre verdad y amor. Subrayó: Jesús no ha sido albañil. No construyó muros. Él fue carpintero, hizo puertas y ventanas. Debemos pedir a Dios oídos abiertos, manos extendidas, una vida que se dona y una voz profética. La cruz no pertenece a la prehistoria de las luchas por la liberación. Pertenece a su historia permanente. Y en esta historia definimos etapas, prioridades y metas de "otro mundo posible", para intervenir con señales de justicia en el mundo injusto y lanzar las semillas del Reino. La Iglesia de Aparecida asumió esa intervención y ruptura como servicio a los pobres. Prometió no ser sólo abogada de los pobres, sino su casa. Como casa de los pobres, la Iglesia será casa de esperanza.
Los foros
y el aporte de los delegados Además de estas tres brillantes ponencias de los obispos, hubo por las tardes trabajos de todos los delegados, divididos en 16 foros que enfrentaron distintos aspectos de la misión. El mensaje final declara: "La Misión Ad Gentes es Misión para la Humanidad, es servicio al futuro de la Humanidad… Asumimos con entusiasmo y corresponsabilidad eclesial la Misión Ad Gentes que implica una conversión personal y el cambio de estructuras... Reconocemos que el fenómeno de la globalización acarrea consecuencias positivas y negativas para la humanidad. Favorece la expresión plena de la Iglesia, que no pertenece a ninguna cultura y es de todas. Asumimos una nueva manera de ser Iglesia que alimenta su vida desde la escucha de la Palabra y de la realidad, para ser signo del Reino desde cada cultura y cada pueblo. Asumimos que la migración y exclusión son un desafío de primera categoría... La Iglesia, con valentía, debe promover proféticamente la cultura de la dignidad humana". De forma especial, el Congreso insistió en la revitalización de la "parroquia como comunidad de comunidades y de los movimientos laicales, para que todo el pueblo de Dios asuma su responsabilidad con la Nueva Evangelización y la Misión Ad Gentes". "La Iglesia, ‘lugar de encuentro’... aviva la esperanza de que otro mundo es posible, aun en situaciones difíciles. Se necesitan profetas y peregrinos que denuncien las situaciones de pecado y las estructuras injustas, y anuncien los valores de la vida plena realizada en Cristo". Ahora le toca a las Iglesias locales concretar estas propuestas entusiasmantes en proyectos concretos que las hagan "escuchar, aprender y anunciar" el Evangelio de Cristo en sus realidades. No es una simple invitación, es cuestión de vida o muerte de la Iglesia latinoamericana en nuestro tiempo.
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