![]() |
||||||
|
Tema Central Lic. José Luis Morillo, sdb
Mundo adolescente rasgos en la posmodernidad
Somos terrícolas y también posmodernos, y ambas cualidades hemos de saber tenerlas en cuenta para cualquier emprendimiento. Nos guste o no, vivimos en un ambiente (quizá según algunos una nueva etapa histórica) que tiene características propias que condicionan nuestras vidas. Ya no sólo las de adolescentes y jóvenes, también los adultos y muchos ancianos tienen los pulmones llenos de este aire. Existe la hipótesis de que este ambiente, época, era o cultura que estamos viviendo y que se ha dado en llamar "posmodernidad" coincide con lo que algunos autores denominan "adolescentización de la cultura".
El propósito de este artículo es enumerar rasgos
que nos permitan reconocernos a nosotros mismos y a nuestros
adolescentes en este clima, con la intención de identificar los
elementos nocivos que debemos resistir con perspicacia espiritual, los
efectos buenos que debemos aprovechar y los códigos de esta generación
que debemos usar para dialogar con la juventud. Como decía el
sarcástico filósofo y literato francés Voltaire: "Si quieren
comunicarse conmigo tienen que entender mi idioma." Existe también
una perspectiva desde la cual miramos los fenómenos que analizaremos y
es el personalismo filosófico de inspiración cristiana. Comenzaré aclarando los términos en cuestión: adolescencia, posmodernidad, modernidad, ambiente cultural posmoderno, personalismo. En segundo lugar intentaré poner en paralelo los rasgos fundamentales de la adolescencia y de la posmodernidad para visualizar claramente el fenómeno de adolescentización cultural en que nos movemos. Es el momento de interpretación de la cultura. Finalmente, detectaré consecuencias que la posmodernidad abre y de las cuales depende la animación de nuestros adolescentes de hoy. Es un momento de valoración crítica.
I.- ¿QUÉ QUEREMOS DECIR CUANDO HABLAMOS DE…? I.1.- ADOLESCENCIA. El Diccionario de la Real Academia Española define la adolescencia como: f. "Edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo". Como se ve identifica la adolescencia y pubertad. Etimológicamente del lat. Adolescentia provienen los términos adolescencia y adolescente. (Nota extraída del libro: "Etimologías" para psicoanalistas y psicólogos. Lic. Rodolfo Valentini) Se hace derivar estos términos del verbo castellano "adolecer" que a su vez vendría del verbo latino adolescere que según los diccionarios significa: "...padecer alguna dolencia habitual; caer enfermo; fig. Tener o estar sujeto a vicios, pasiones o afectos, o tener malas cualidades, causar enfermedad o dolencia". En latín la palabra adolescentia, proviene del verbo adolezco, que no deriva de ad y doleo, sino de ad y oleo y su incoativo olesco. Este verbo expresa la idea de "el crepitar de los fuegos sagrados; los que llevan y transmiten el fuego; el crecer, desarrollarse, desenvolverse la razón, el ardor". Entre los romanos la adolescentia no era una edad donde se "adolecía de algo" o se sufriera. No es indiferente la manipulación lingüística por la cual se entiende esta etapa como un afligirse, dolerse, caer enfermo en vez de descubrirla como capacidades latentes en proceso de desarrollo. Pedagógicamente hablando se generan dos concepciones antagónicas de la educación: una centrada en la supuesta "carencia del adolescente", con el consecuente despliegue de estrategias tendientes a "llenar, cubrir, suplantar, etc." este vacío y otra centrada en el concepto (apoyado en la etimología) de "potencial, de crecimiento, de desarrollo hacia, de capacidad para ser desarrollada, etc." de la cual derivaría toda una estrategia pedagógica que pone énfasis en que el adolescente "alcance logros adultos" y no en "esperar que se le pase la enfermedad de la adolescencia para entrar al mundo del adulto". En este sentido, el tema vital más importante en la personalidad del adolescente es el desarrollo del yo y de la identidad personal. Si bien el concepto del yo y de la autoestima se desarrollan gradualmente durante toda la vida, es en la adolescencia cuando se comienza a tejer el propio relato personal y ese relato constituye el discurso fundamentador de la identidad personal. Saberse individuo distinto a los demás, conocer las propias posibilidades y talentos, y sentirse valioso como persona que avanza hacia un futuro son algunas de las notas características que deben lograrse en esta etapa. Conseguir esta identidad propia es una tarea ardua en la adolescencia, debido a los cambios psicofísicos y a la presión social (los amigos o la pandilla) que el adolescente experimenta. La identidad del individuo resulta de la sedimentación de todas las pasadas identificaciones que con otras personas vivió el adolescente en su vida infantil, pero no se reduce sólo a eso, sino que dichas identificaciones no sólo quedan integradas, sino también trascendidas hacia un proyecto de vida. El concepto de sí mismo es quizás el elemento central de los que integran la identidad personal. Dicho concepto no es un concepto simple, es un conjunto de conceptos, juicios descriptivos y valorativos que el sujeto hace acerca de sí. Dicho conjunto se refiere a uno mismo bajo distintos aspectos: - el propio cuerpo: el sí mismo corporal. El adolescente percibe su cuerpo como extraño, cambiado y con nuevos impulsos y sensaciones. - el propio comportamiento y la propia situación: el sí mismo psíquico. El adolescente se percibe a sí mismo como diferente a lo que fue, nota cambiadas sus ideas, metas y pensamientos. - las relaciones sociales: el sí mismo social. Percibe que los demás no lo ven como antes y necesita hacer un esfuerzo más activo y diferente, para obtener respuestas que lo orienten. Ante esta situación, el adolescente necesita formar "la identidad del Yo adolescente" configurado por la integración del "Yo corporal", el "Yo psicológico" y el "Yo social", lo que le va a permitir expandirse como persona capaz de intimidades no ya grupales sino personales, en la pareja, en la tarea social y en su soledad. En esta tarea es fundamental la participación de la familia, los educadores, los grupos de pares y los modelos sociales propuestos. Son factores que a modo de espejo ayudan a formar la imagen de sí. El desarrollo armónico del sí mismo adolescente conduce a la autoestima que influye mucho sobre el comportamiento de la persona y si bien se desarrolla gradualmente durante toda la vida, es en la adolescencia cuando se comienza a formar nuestra visión de cuánto creemos que valemos. La adolescencia es un período que requiere aprecio por lo positivo de las capacidades latentes y la fecundidad que provocará para el resto de la vida.
I.2.- MODERNIDAD La modernidad es un concepto filosófico y sociológico, que puede definirse como el proyecto de imponer la razón como norma trascendental a la sociedad. (Cfr, L. González-Carvajal, Ideas y creencias del hombre actual, Ed. Sal Terrae, col. Presencia Social 2, Santander 1992). Desde ese punto de vista es similar al concepto kantiano de Ilustración (la mayoría de edad del individuo, que ejerce su razón de forma autónoma: el Sapere aude), y antes que éste al antropocentrismo humanista del Renacimiento. En la sociología de Michel Freitag, la modernidad es un modo de reproducción de la sociedad basada en la dimension política e institucional de sus mecanismos de regulación por oposición a la tradición. La modernidad es un cambio ontológico del modo de regulación de la reproducción social basado en una transformación del sentido temporal de la legitimidad. En la modernidad el porvenir reemplaza al pasado y racionaliza el juicio de la acción asociada a los hombres. La modernidad es la posibilidad política reflexiva de cambiar las reglas del juego de la vida social. La modernidad es también el conjunto de las condiciones históricas materiales que permiten pensar la emancipación conjunta de las tradiciones, las doctrinas o las ideologías heredadas, y no problematizadas por una cultura tradicional. En términos sociales e históricos, no se llega a la modernidad con el comienzo de la Edad Moderna en el siglo XV, sino tras la transformación de la sociedad preindustrial, rural tradicional en la sociedad industrial y urbana moderna; que se produce con la Revolución Industrial y el triunfo del capitalismo. La superación de la sociedad industrial por la sociedad postindustrial se ha dado en llamar posmodernidad. Distintos procesos se desarrollan en la modernidad muchos de los cuales aún mantienen plena vigencia. Enumeraremos los principales: - la secularización: es el proceso por el cual diversos ámbitos de la vida social son sustraídos a la dominación que la Iglesia venía ejerciendo sobre ellos reconociéndoseles una autonomía en su dominio particular por la cual éste se regula por leyes específicas. Una radicalización inadecuada de este proceso es el secularismo, que termina arrasando cualquier sentido de ultimidad y de trascendencia de la vida prescindiendo de Dios o reduciéndolo al ámbito privado. - La mentalidad científico-técnica: gracias al desarrollo de la ciencia y su aplicación en la técnica, el hombre moderno organiza una sociedad industrial en la cual la eficiencia de la máquina suplanta al hombre.
- La voluntad emancipatoria: es el tiempo de las
revoluciones (norteamericana, francesa, marxista) que - La fe en el progreso: la fuerza de la razón instrumental aplicada a la ciencia y la técnica crean una mística de un progreso feliz sin clases, sin enfermedades, sin necesidad de Dios. Un cielo en la tierra fruto de las conquistas de la razón todopoderosa. - La burguesía: es la clase emergente y emancipada que guía el espíritu de la modernidad suplantando a reyes y eclesiásticos en el gobierno de las naciones y Estados nacientes, unidos íntimamente al modelo capitalista de mercado. - La autonomía y el individuo: el sujeto humano que nace ha de regirse por las leyes dictadas por su razón autárquica y libre dando origen a un "ethos" burgués individualista.
I.3.- POSMODERNIDAD En términos coloquiales, la posmodernidad designa generalmente un amplio número de movimientos artísticos, culturales y filosóficos del siglo XX, definidos en diverso grado y manera por su oposición o superación del modernismo. En sociología en cambio, los términos posmoderno y posmodernización se refieren al proceso cultural observado en muchos países en las últimas dos décadas, identificado a principios de los 70; esta otra acepción de la palabra se explica bajo el término posmaterialismo. Las distintas corrientes del movimiento posmoderno aparecieron a lo largo del tercio central del siglo XX. Histórica, ideológica y metodológicamente diversos, comparten sin embargo la idea de que la renovación radical de las formas tradicionales en el arte, la cultura, el pensamiento y la vida social impulsada por el proyecto modernista fracasó en su intento de lograr la emancipación de la humanidad, y de que un proyecto semejante es imposible o inalcanzable en las condiciones actuales. Frente al compromiso riguroso con la innovación, el progreso y la crítica de las vanguardias artísticas, intelectuales y sociales, el posmodernismo defiende la hibridación, la cultura popular, el descentramiento de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes relatos. La identificación del concepto posmodernidad en filosofía y cultura como una entidad distinta del modernismo, y el esclarecimiento de los vínculos entre ambos, es una cuestión aún abierta en la teoría contemporánea. La idea de un pensamiento postmoderno ha sido fuente de arduas discusiones y aún lo continúa siendo. Una de las fuentes de esta discusión se encuentra en que no es capaz de definirse en términos precisos, pues es el resultado de diferentes ideas, pensamientos y percepciones en los distintos campos de la cultura occidental. Así en el campo científico, la teoría de la relatividad y posteriormente la física cuántica, revolucionaron la física gravitacional newtoniana y la forma de interpretar el universo. Del mismo modo lo han hecho en el campo filosófico. Lo mismo ha ocurrido en el área de la psicología y de la psiquiatría con el devenir del psicoanálisis. Si bien Freud ha sido siempre tratado como un autor moderno, aunque critica algunos aspectos de la cultura moderna -especialmente en El malestar de la cultura- algunos de sus seguidores como Laing y Lacan se han deslizado hacia planteamientos posmodernos. El filósofo italiano Gianni Vattimo define el pensamiento posmoderno con claridad: en él lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones. Así como el tiempo depende de la posición relativa del observador, la certeza de un hecho no es más que eso, una verdad relativamente interpretada y por lo mismo, incierta. En la literatura el posmodernismo -no confundir con posmodernidad- provocó la fusión del espacio y del tiempo en la narración y la percepción difusa de la realidad, así como los distintos puntos de vista del o de los narradores. Junto a la simultaneidad de los géneros, especialmente en la novela, llevó a la ruptura de las técnicas clásicas, abolidas por una absoluta libertad tanto en estilo, forma y fondo. La literatura de imágenes donde la realidad y la ficción comparten el mismo espacio-tiempo se asemeja a la cinematografía, donde los dibujos animados comparten los mismos lugares y la misma vida que los actores de carne y hueso. La posmodernidad, por más polifácetica que parezca, no significa una ética de carencia de valores en el sentido moral, pues precisamente su mayor influencia se manifiesta en el actual relativismo cultural y en la creencia de que nada es totalmente malo ni absolutamente bueno. La moral posmoderna es una moral que cuestiona el cinismo religioso predominante en la cultura occidental y hace énfasis en una ética basada en la intencionalidad de los actos y en la comprensión inter y transcultural de corte secular de los mismos.
Es una nueva forma de ver la estética, un nuevo
orden de interpretar valores, una nueva forma de relacionarse. Uno de
los síntomas sociales más significativos de la posmodernidad se
encuentra en la saga de las películas Matrix, donde el realce de la
estética y la ausencia de culpa causal, unidos a la percepción de un
futuro y una realidad inciertas, se hacen evidentes. Otros ejemplos más
relevantes los encontramos en Blade Runner, Irreversible y un ejemplo
español de culto, Smoking Room. En todos ellos observamos una
preeminencia de los fragmentos sobre la totalidad, ruptura de la
linealidad temporal, abandono de la estética de lo bello al estilo
kantiano, pérdida de la cohesión social y sobre todo la primacía de
un tono emocional melancólico y nostálgico. La posmodernidad es provocada en parte por diversos malestares en el seno de la modernidad: el fin de la idea de progreso, el final de la historia, el impacto de las guerras mundiales, la muerte de Dios y la muerte del hombre, la sospecha frente a toda forma de autoridad, el nihilismo, la crisis de la familia nuclear, la caída de la razón fuerte. A estos malestares suceden nuevos fenómenos que crean el clima posmoderno: el hedonismo o exaltación de lo sensible, el pluralismo ético y cultural, el individuo fragmentado, la indiferencia, la búsqueda de la identidad personal perdida, el imperio de lo débil y lo "light", la vida sin sentido y orientación, el vivir el momento ("carpe diem") el retorno de los brujos y de Dios. Mientras el sujeto moderno se cree fuerte y seguro de sus posibilidades, el sujeto posmoderno se sabe frágil y carente de referencias firmes. El moderno grita con Descartes "pienso, luego existo", el posmoderno "siento, luego existo". La ética es sustituida por la estética. El esfuerzo personal y social hacia el progreso, por el espectáculo instantáneo de imagen y sonidos.
I.4.- PERSONALISMO Algunas líneas esenciales del personalismo filosófico ayudan a construir una antropología o visión del adolescente centrada sobre la persona humana. (Emmanuel MOUNIER (1905-1950) es quien funda esta corriente de pensamiento. Crf. El personalismo, Buenos Aires, Universitaria, Cuadernos 64, 1974). No reducir al hombre ni al individuo a lo impersonal es el objeto de la filosofía personalista de Mounier; las estructuras de la existencia personal proporcionan un análisis exhaustivo del ser persona, sin olvidar el papel central de la comunidad de personas. El personalismo, es definido por Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía como "toda doctrina que sostiene el valor superior de la persona frente al individuo, a la cosa, a lo impersonal". Como esquema para la exposición del personalismo de Mounier utilizamos lo que él denomina "Las estructuras del universo personal":
II.- RASGOS ADOLESCENTES DE LA POSMODERNIDAD La cultura posmoderna propone a la adolescencia como modelo social, y a partir de esto se "adolescentiza" la sociedad misma. La adolescencia ha dejado de ser una etapa del ciclo vital para convertirse en un modo de ser que amenaza con envolver la totalidad del cuerpo social. Para la cultura posmoderna, la adolescencia tiende a prolongarse y no necesariamente es vivida como etapa crítica; parece un modelo donde instalarse para siempre. Define una estética donde es hermoso lo muy joven y hay que hacerlo perdurar mientras se pueda y como se pueda. El adulto deja de existir como modelo físico, y se pasaría casi sin solución de continuidad de la adolescencia a la vejez. Ser y parecer viejo parecería algo avergonzante, una muestra de fracaso personal. Y la posición de los padres ante el adolescente ya no sería la de enseñar, transmitir experiencia, sino, por el contrario, aprender una especie de sabiduría que los adolescentes tendrían, y sobre todo, el secreto de la eterna juventud. Este clima ambiental influye decididamente en la formación de la identidad personal y la imagen que el adolescente se forma de sí. El filósofo fundador del positivismo, Augusto Comte, identificó tres etapas en la evolución de la humanidad hacia el progreso total: el estado teológico, el estado metafísico, el estado positivo. (Nota: Estado Teológico: El espíritu se dirige a conocimientos absolutos, a indagar las causas primeras y finales de los efectos, es decir, la naturaleza íntima de los seres. Representan los fenómenos como producidos por la acción directa y continua de agentes sobrenaturales, cuya intervención arbitraria explica las anomalías aparentes del universo. Estado Metafísico: Es una modificación del estado teológico, porque los agentes sobrenaturales son reemplazados por fuerzas abstractas, verdaderas entidades inherentes a los diversos seres del mundo. La explicación consiste en asignar a cada uno de los fenómenos la entidad correspondiente. La diferencia con el primer estado es que proporciona una explicación inmanente, no trascendente, del objeto. Estado Positivo: El espíritu humano aceptando la imposibilidad de reconocer nociones absolutas que trasciendan el orden fenoménico, renuncia a buscar el origen y destino del universo y a conocer las causas últimas de los fenómenos. Su conocer es posible sólo por el uso combinado del razonamiento y la observación. El único objeto de nuestro conocimiento es el "hecho" de experiencia y sus "leyes"). Los rasgos de la posmodernidad que hemos descrito podrían identificarse perfectamente con un estado adolescente de la humanidad en el cual ella misma asiste a la perplejidad de su poder tecnológico y a la incapacidad de ponerlo al servicio suyo; a la sabiduría acumulada durante milenios y a la tentación de comenzarlo todo de nuevo; a las posibilidades inéditas de lanzarse hacia un futuro promisorio y estancarse en un narcisista encantamiento de sí misma; a una globalización económica y a la fragmentación de culturas y personas; a una exaltación de los pluralismos y a la dificultad de hallar cómo entendernos; al estar cada vez más informados al mismo tiempo que incomunicados y aislados; a una proclama constante de los derechos humanos, a la vez que a una incapacidad por comprometerse en los destinos de la sociedad; a una exaltación de la libertad personal y a una venta de ella ante los medios masivos y el consumo; a un deseo de ser estimado como persona junto a la tentación constante de cosificar e instrumentalizar al otro. Como todo fenómeno humano, estos también son ambivalentes. Nunca la humanidad tuvo tanta riqueza y posibilidades de desarrollo, y nunca, quizá, haya destruido tanto la naturaleza y explotado las naciones más pobres. La figura de esta humanidad adolescente no está del todo alejada de la caracterizada en la adolescencia como etapa evolutiva de la persona. Los medios masivos colaboran no poco en este estado de situación que el filósofo Roberto Pérez llama la "adolescentización de la cultura". Se refuerza así nuestra hipótesis inicial. Los medios proyectan a la adolescencia como la edad de la virtud desprejuiciada. Los medios contribuyeron a construir un hedonismo superlativo en torno a la imagen. Las atletas, las heroínas de televisión son adolescentes y sobre todo las llamadas "lolitas", modelos que, en su mayoría, tienen menos de 16 años. Éste es el paradigma de la imagen femenina vendida desde los medios. Se exalta la delgadez. Las revistas están plagadas con fotos de mujeres con cuerpo adolescente y recomendaciones de dietas para tener la cintura ideal. La apariencia es un valor supremo. Hasta en la arquitectura, una de las tendencias posmodernistas es el predominio de lo ornamental y de lo escenográfico: columnas de plástico que nada sostienen, arcos que nada dividen,etc.. Las tecnologías audiovisuales tienen un papel principal en la comunicación y causan efectos irreales. Lo que la televisión transmite, no acontecería de igual manera si ella no estuviera allí. Los sucesos son "fabricados" por la televisión. Las agencias de publicidad aconsejan: "No lo diga, muéstrelo", "Para muestra basta una imagen". Un signo, a manera de ejemplo, de que la modernidad aún vive en la posmodernidad es la tecnocratización. Esta realidad fabril y mercantil ha forzado a la humanidad a especializarse de tal manera que funcionar es un valor superlativo. Los valores han sido afectados por esta realidad. Si preguntamos a cualquier desprevenido: ¿Qué es usted?, nos dirá: Mecánico, constructor, médico. ¿Qué quiere decir esto? No definimos a la persona por lo que es sino por lo que hace. A medida que funciona mejor para algo específico, es más premiado por la sociedad. La tecnocratización de la sociedad se hace evidente en los modelos educativos. Cada vez más la educación se hace más específica y especializada; contiene menos cultura general, y más conocimientos útiles para algo concreto. La información es vital para maximizar los resultados; por eso se requieren obreros especializados, personas entrenadas específicamente para una única y particular tarea. La preparación profesional se ha hecho cada vez más exhaustiva y específica.
III.- algunas consecuencias para nuestro actuar La corrupción, el vértigo de información, la sospecha de que todo es mera apariencia no pueden producir otra cosa que vacío (en la capacidad afectiva), desinterés (en la capacidad volitiva) y fragmentación (en las capacidades intelectuales, emocionales y espirituales). El hastío, consecuencia del fracaso por alcanzar los ideales, ha producido un círculo vicioso de descreimiento y aislamiento. La confianza es un valor perdido. La urbanidad se ha convertido en rodearse de desconocidos con intereses de consumo que compiten con los propios. (Cfr. Lucas Leys: "Adolescentes..." Ed. Certeza, 1998). Ha cambiado nuestra constelación de palabras. Poco tiempo atrás, se hablaba de futuro, ideal, proyecto, progreso... Ahora, el léxico popular incluye expresiones como relax, light, diet, imagen, consumo, fin de la historia.., y la lista puede seguir. El cambio de connotación es claro: las primeras hablan de objetivos sociales mediatos; las últimas corresponden a la satisfacción inmediata de los sentidos. Según reconocidos pensadores de la posmodernidad, y sintetizando lo ya dicho, el individuo de inicios del siglo XXI no cree en: - Una razón fundamentadora (llámese Dios, moral, etc.) que pueda proporcionar cimientos a una visión universal de la realidad (Nietzsche). - Grandes ideales que den sentido a la historia y legitimen proyectos políticos, económicos, y sociales como ocurría en la modernidad (Lyotard). - Un proyecto de vida con expectativas de desarrollo y prosecución de ideales personales que no sean económicos (Mardones). La posmodernidad presenta la posibilidad de vivir de las apariencias, de abandonarse al momento y no prestar atención a nada que lleve al dolor, al esfuerzo o a la profundidad. Ni siquiera queda lugar para el análisis de por qué fracasaron los sueños de la modernidad. Muchos quieren soluciones instantáneas para sus adolescentes. También eso es parte de nuestra cultura. Pero antes de elaborar propuestas es imprescindible reflexionar sobre la cultura que nos condiciona a todos. Junto a esto creo con Víctor Cárdenas que son necesarios al menos siete requisitos para quienes quieran compartir su vida con los adolescentes de hoy.
1. Tienes que tener un llamado: Muchas veces estamos como líderes porque no había alguien más que pudiera llevar este título. Si no están en tu corazón los adolescentes, quizás no es el mejor lugar donde debes estar. Para mí los adolescentes son mi pasión y mi carga. Quiero mucho a los jóvenes, pero mi sueño es ver el ejercito de adolescentes que encuentro en (Ezequiel 37,2-10). Yo veo a mis adolescentes como un ejército poderoso y les profetizo que serán un ejército victorioso.
2. Visión: Tienes que escribir la visión, tener metas para los adolescentes y vivir en la certeza de que se cumplirá la visión aunque tarde un poco. (Habacuc 2, 2-3). La visión y la dirección son necesarias para no perecer (Prov 11,14). Los animadores tienen que empaparse de ella. Si no tienen claro el camino, ellos no podrán llegar a la meta. Tu comunidad de animación tiene que estar de acuerdo con la visión y orar por ella.
3. Plan: Cada guerra tiene una estrategia. ¿Cuál será tu estrategia? (Prov 24,1). No podemos ir a la guerra con las armas del pasado, tenemos que usar armas actualizadas que puedan derribar a nuestro enemigo del presente. Organízate en comunidad, no seas una persona que llega a la reunión sin preparación. Los adolescentes saben cuándo te preparas o sólo les das algo de última hora. Nuestras actividades tienen que llamarles la atención y que sea algo que les sirva y les guste. Recuerda que dos cosas son esenciales para el adolescente por más que no lo manifiesten fácilmente: sentirse estimado y reconocido, y encontrar amigos con quienes crecer en ideales nobles.
4. Persistencia: No te desesperes, ya que no a todos los adolescentes les gusta trabajar. Dales palabras de aliento en lugar de quejas. El tiempo llegará cuando ellos sean los animadores. ¿Cuánto oras por ellos? Diles que ellos tienen mucho valor.
5. Paciencia: Tienes que entender que estás trabajando con diferentes caracteres y que cada uno de los adolescentes es un mundo diferente. Ellos están pasando por una de las etapas más difíciles en la vida y están experimentando muchos cambios hormonales y psicológicos.
6. Espiritual: Dales de comer y no sólo tiempos de juegos. Los juegos son muy importantes para los adolescentes, y les damos juegos, pero la palabra proclamada adecuadamente a su nivel, para la mentalidad de los adolescentes, nunca debe faltar. Preséntales a Jesús como su principal ayuda en este tiempo difícil. Diles que él los entiende y los ama a pesar de sus imperfecciones y fallas. Los adolescentes nunca serán más espirituales que sus animadores. ¿Cuánto tiempo pasas con el Señor y estudias la Palabra?
7. Ten la certeza de que Dios está contigo. Cree en los cambios de cada adolescente. La fe sin obras es muerta. Por ello, es importante pasar tiempo con ellos y conocerlos. Espera lo mejor de tu grupo. Recuerda que Dios diariamente está perfeccionando la buena obra que ha comenzado en tu vida y la de cada adolescente.
José Luis Morillo, sdb
. |
||||||