Buenas relaciones,

para vivir bien

 

 

El mundo está plagado de conflictos entre naciones y entre personas. 
El racismo creciente se expresa en la xenofobia y en las leyes 
que impiden que se circule por el mundo libremente.

Desde varios países llegan noticias de que la policía y el ejército 
salen a la caza de inmigrantes ilegales. 
Entre nosotros, la violencia imperante, expresada en ataques a la vivienda y a los comercios, 
en el deporte y hasta en los círculos de gobierno, nos habla de una situación difícil y dura.

La familia fracturada y desintegrada, es origen de la inestabilidad de sus componentes, 
especialmente de los niños y jóvenes que muchas veces se refugian en las drogas o el alcohol.

La mujer, jefa de familia deja a sus hijos solos para ir a trabajar...

Mientras tanto aumentan, los aberrantes hechos de violaciones a niños inocentes, 
por personas del ámbito familiar, y la sociedad cada día 
se enfrenta a estos hechos conmovedores.

Los trabajadores piden cambios en la política económica en muchos países 
y se amplían protestas, paros y huelgas.

Los medios informativos amplifican hechos 
que en décadas pasadas se conocían menos, pero existían: 
sin embargo puede surgir también la duda que todo esto sea el fruto de un proyecto perverso.

El antropólogo peruano Diego Irarrazával, en un artículo sobre la perspectiva indígena, escribe:

"la principal orientación ética es establecer relaciones para vivir bien".  
¿Qué significa vivir bien para el hombre y la mujer de hoy?

Para unos tener poder, dinero, trabajo, una familia, seguridad, etc.. Para otros tener capacidad para luchar en pos de un ideal, tener asegurados los mínimos vitales 
para construir un proyecto de vida 
y apostar a la esperanza en un futuro mejor.

En la historia del ser humano sobre la tierra y en todas las épocas 
se puede apreciar la continua creación de relaciones que conduzcan a una convivencia pacífica. 
Los cristianos se ubican en esta línea positiva: vivir y transmitir los valores del Evangelio  
como discípulos-misioneros de Jesucristo, es establecer relaciones positivas. 
Todos según su condición de vida:

sacerdotes, religiosos/as, laicos/as; en la parroquia, la familia, 
el trabajo, el sindicato, el partido político, 
la organización barrial: todos con el deber de reflexionar, estudiar, orar, haciendo gestos concretos, teniendo actitudes y compromisos que hagan presente el Reino en forma simple, coherente y entusiasta. 
La pertenencia a una comunidad (grupos de Biblia, de reflexión, de liturgia) 
nos ayuda a saber escuchar, cuestionar, educar, 
acompañar en los procesos individuales y grupales, 
en fin, a crecer en la fe y a confrontar nuestra vida con el Evangelio.

En este mes de la Biblia renovamos el compromiso de conocerla más, 
promoverla y difundirla, especialmente entre los jóvenes.

Gloria Aguerreberry

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