Las Epístolas Católicas (Parte 2)

Las cartas de Pedro

y de Judas

Hay dos cartas que son atribuidas a Simón Pedro. La primera parece haber sido dictada por el apóstol Pedro, ya casi al final de su vida en el año 64 y el lugar es claramente Roma.

 

La 1a. carta de Pedro

La carta fue dictada a Silvano, en la ciudad a la que Pedro llama "Babilonia". Así llamaban los cristianos a la capital del Imperio Romano, que se comportaba con ellos, igual que Babilonia había hecho con los israelitas. También la alusión a Babilonia se refiere a la idolatría y a las costumbres licenciosas que se practicaban en Roma. También en el saludo final nos queda claro que este Silvano es el mismo que había sido junto con Lino, Tito y Timoteo, un frecuente colaborador de Pablo. Eso revela que también Pablo se encontraría en Roma en esos días, en los que se desarrollaba la persecución de Nerón, que acabaría con la vida de ambos apóstoles, en el año 66.

Esta carta transmite un mensaje de consuelo y esperanza a los cristianos que ya están soportando la persecución y están desanimados, con su fe en crisis.

Pedro no es un teólogo tan elaborado como Pablo y su estilo es distinto. Él es un pastor que busca animar y consolar y dar sanos consejos de vida a los cristianos ante la crisis. Las comunidades destinatarias son mencionadas al comienzo y son las situadas en Asia Menor y parte de Europa, donde tanto Pedro como Pablo habrían estado predicando.

Estructura de la carta

La carta busca hacer tomar conciencia a los oyentes, acerca de su condición de bautizados y la forma de vivir que deben asumir, dando testimonio de Cristo. Hace hincapié en el estilo de vida de los que siguen a Cristo y compara a los cristianos a unas piedras vivas del nuevo Templo de Dios.

Para Pedro, el Templo de Dios no es de piedra, sino que es el mismo Pueblo del Señor, del cual cada cristiano es una piedra viva. Pero la Piedra fundamental es Cristo Jesús (2,2-10). No es sólo cada cristiano en particular sino toda la comunidad signo del Señor y Pueblo de Dios. Sin embargo, Pedro insiste en que cada cristiano debe caminar en la verdad, la sencillez, el amor y la pureza. Así se lo plantea a los esposos (3,1-7), a todos los cristianos (3,8-12) y a los presbíteros, a los que pide que respeten al Pueblo de Dios, y que no se consideren dueños de la gente sino sus servidores (5,1-5). También exhorta a los jóvenes a la humildad y a la obediencia a sus padres y a sus pastores (5,5-6). Pero fundamentalmente Pedro alienta a los que son perseguidos, para que recuerden que si han padecido y padecen por causa de Cristo les espera una gran bendición, ya que el mismo Jesús ha sufrido con paciencia y confianza en el Padre Dios (4,1-2.12-19).

 

La 2a. carta de Pedro

Esta carta es el libro más reciente del Nuevo Testamento, y se sabe hoy que no fue escrita ni dictada por Pedro. Se escribió alrededor del año 100 y no se sabe quien es el autor. Su atribución a Pedro se debe a una costumbre de la antigüedad para dar más relevancia al texto; como por ejemplo sucedió con el libro de los Proverbios, que se atribuye a Salomón, aunque sabemos que él no lo escribió.

Objetivo de la carta

Los objetivos del autor de la carta son básicamente tres:

1) Mantener viva la fe de los cristianos y sobre todo reafirmar la doctrina enseñada por los apóstoles.

2) Refutar los errores de falsos maestros que negaban la segunda venida de Cristo.

3) Explicar por qué la tan esperada venida de Jesús, que los primeros cristianos creían inminente, aún no se había producido.

Lo primero que afirma el autor es que los cristianos deben mantenerse firmes en su fe, porque han sido llamados por el Señor y sobre bases reales, porque el mensaje de Cristo es sólido y su promesa es verdadera. Los cristianos están destinados a compartir la gloria de Cristo, y por más dificultades que tengan, deben mantenerse firmes en la fe (1,1-14).

La fe de los cristianos no es una ilusión, y el autor habla poniéndose en la piel del apóstol Pedro, acerca de la experiencia de la Transfiguración de Jesús. Sabemos por los Evangelios (que ya se habían escrito cuando se compuso esta carta) que el apóstol fue testigo de la gloria de Jesús, que apareció entre Moisés y Elías, como Mesías y Salvador. El autor se apoya en esta experiencia para tranquilizar a sus lectores y confirmar la veracidad de una fe que no se basa en cuentos ni ilusiones sino en manifestaciones auténticas de la gloria de Dios (1,16-20).

Los falsos maestros

Luego el autor habla de los detractores de las verdades de fe enseñadas por los apóstoles: los que niegan la segunda venida del Señor y su Resurrección gloriosa.

Podrían ser grupos gnósticos, que no eran grupos cristianos pero utilizaban la figura de Jesús y de los apóstoles para difundir sus doctrinas. Sin embargo, los gnósticos no creían en la resurrección, sino que influidos por Platón creían que la muerte era un bien porque liberaba al alma del cuerpo en el cual estaba prisionera; por eso, para ellos la Resurrección era un contrasentido. También negaban la encarnación de Jesús, y llegaban a afirmar que Jesús era el Verbo de Dios, que se presentó con apariencia humana, pero en realidad no tenía cuerpo.

La segunda venida del Señor

Al parecer los cristianos del siglo I estaban convencidos de que verían en vida la llegada de Jesús en su segunda venida. Ésta es la impresión que nos deja Pablo en sus cartas, que, aunque nunca afirma que él sería testigo de la segunda venida, lo insinúa. Ya había pasado el tiempo y algunos se desanimaban puesto que no se había producido.

Esto hacía peligrar la fe de los apóstoles. El autor recuerda en una famosa frase que, para Dios "mil años son como un día", y que no podemos medir sus tiempos con la miope visión de fe que tenemos. Él autor esgrime dos argumentos. El primero es lo que el mismo Jesús dice: que vendrá como un ladrón y no avisará cuando. El segundo es la paciencia de Dios, que le da a los pecadores un tiempo de conversión. De ahí la necesidad de los cristianos de mantenerse alertas y en estado de conversión (Cap. 3).

 

La carta de Judas

Es difícil fechar esta carta, pero lo que sabemos es que fue atribuida al apóstol Judas Tadeo (no el Iscariote, que fue el que traicionó a Jesús). Ya habían muerto los apóstoles cuando se escribió, posiblemente entre el 70 y el 90.

Como la segunda carta de Pedro, intenta prevenir contra los falsos maestros, los mismos contra los que Pedro lanza sus advertencias.

De hecho parece que esta carta fue la que inspiró a la anterior.

Por esta carta nos llegan noticias de dos libros judíos anteriores a los escritos del Nuevo Testamento, en los cuales se inspira.

Ellos son el Libro de Enoc y el Libro de la Asunción de Moisés, en el que aparecen el diablo y el ángel Miguel disputándose el cuerpo de Moisés.

La carta recuerda también que los apóstoles habían prevenido a los cristianos de que, en los últimos tiempos, habría hombres que se apartarían de la verdad y tratarían de causar divisiones en el Pueblo de Dios, enseñando falsas doctrinas (18 y 19). Esta afirmación está tomada de Hechos 20 y de la segunda carta de Pablo a Timoteo.

Es el escrito más corto del Nuevo Testamento y no tiene más que un capítulo. Llama la atención que se base en argumentos de dos libros considerados "apócrifos" (no inspirados por Dios) tanto para los judíos como para los cristianos. Pero esto no es extraño, ya que en la época en que se escribió esta carta, ni los cristianos ni los judíos habían fijado el canon, o sea el conjunto de libros inspirados.

Los cristianos los fijan en el siglo IV, con el papa Dámaso, y lo reafirmarán en el Concilio de Trento.

Mientras que los judíos fijaron su canon en el Concilio de Yamnia, en el año 100.

 

 

Eduardo Ojeda