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EL AÑO ´68
Un mundo en efervescencia
E l revolucionario año 1968 fue el resultado de una serie de hechos que pautaron un cambio de época: los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy en Estados Unidos, la llamada "Primavera de Praga" y la invasión de 200 mil soldados y 5 mil tanques rusos, la ofensiva del Tet en Vietnam y la masacre de My Lai, la revuelta con barricadas de 40 mil estudiantes en el barrio Latino de París contra 20 mil policías, la masacre de Tlatelolco (Ciudad de México) cuando se abrió fuego sobre 15 mil estudiantes y trabajadores, las reivindicaciones de los movimientos estudiantiles en las principales Universidades del mundo, desde Milán a Berlín, desde Bolonia a Río de Janeiro. En Argentina se dio el famoso "Cordobazo", que fue el comienzo de la caída del General Onganía.A nivel de Iglesia moría ese año en Tailandia Thomas Merton, monje trapense y escritor de 80 libros, defensor del movimiento pacifista y de los derechos civiles de los negros, promotor del diálogo con las religiones asiáticas. En Upsala (Suecia) se realizaba la histórica Asamblea del Consejo Ecuménico de las Iglesias donde por primera vez participaba una delegación de la Iglesia Católica. Pablo VI publicaba la encíclica "Humanae Vitae" (= de la vida humana) en la que hacía una apasionada defensa de la vida y condenaba el control artificial de la natalidad provocando fuertes debates dentro y fuera de la Iglesia. En Argentina surgía el Movimiento de los Curas para el Tercer Mundo, y 800 sacerdotes latinoamericanos enviaban una carta a los obispos de América Latina poco antes del encuentro de Medellín donde denunciaban la violencia del hambre, del desamparo, de la opresión y de las estructuras de poder. En Uruguay era asesinado el estudiante y militante comunista, Liber Arce, a cuyo sepelio concurrió el arzobispo Carlos Parteli... Pero el acontecimiento más relevante para la Iglesia en América Latina fue sin duda la Conferencia de Medellín (Colombia) donde concurrieron 145 obispos en representación de las Iglesias de todo el continente y que se realizó del 26 de agosto al 7 de setiembre. En América Latina se había recibido con entusiasmo la renovación teológica y pastoral del Concilio, pero se veía que había aquí otras urgencias pastorales. El obispo chileno Manuel Larrain, en aquel entonces presidente del Celam, y el obispo brasileño Helder Cámara, apoyados por Pablo VI que inauguró la Asamblea, fueron los que más impulsaron la idea de "aterrizar" el Concilio en América Latina.Querían construir una Iglesia de rostro latinoamericano y no seguir siendo una copia de las Iglesias europeas, encarando una respuesta conjunta a los grandes problemas del continente. Sobre la Asamblea de Medellín presentamos un extracto de un artículo del teólogo uruguayo Richard Arce (publicado en "Un lugar en el mundo", mayo de 2008).
Medellín, la recepción del Concilio en América Latina
Medellín nace entonces con un trasfondo histórico importante y es vivido como una continuación del Concilio en tierras latinoamericanas, tanto que algunos lo llamaron "el pequeño Concilio de Medellín". Sin embargo, el ambiente social y eclesial no era exactamente el mismo del Concilio. El clima previo a la Asamblea de obispos era de tensión (social y eclesialmente hablando), había sospechas de manipulación de documentos (un documento-base que, siendo de circulación interna, se "filtró" a la prensa antes de la conferencia), de manipulación de la presencia de Pablo VI en Colombia (ver recuadro). También hay que recordar la influencia del Mayo del ’68 en Francia, que, luego de Medellín, se fue traduciendo en nuestras tierras de diversos modos: hay crecimiento de la conciencia de opresión de las clases obreras y crecimiento de una conciencia latinoamericana cada vez más fuerte en los países de la región, por otra parte la violencia iba ganando terreno. Estaba instaurada la pregunta acerca de la postura de la fe ante la violencia.En medio de tantos desafíos, los obispos se preguntan sobre el cambio. Ya en el título que proponen para el conjunto de documentos se trasluce esta preocupación: "La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II".La Iglesia se pregunta acerca de su misión en esta coyuntura y responde haciéndose eco de reivindicaciones que sonaban parecidas a las que hacía un tiempo levantaba la izquierda latinoamericana. Agregando a "desarrollo" e "integración" el concepto de "liberación", optan por un lenguaje que propone a la Iglesia como parte de América Latina y a América Latina como zona del mundo subdesarrollado con una palabra de esperanza, justicia, paz y liberación traída del evangelio de Jesucristo. El Concilio había intentado una respuesta al hombre europeo moderno, que se preguntaba acerca del sentido de la vida y sus desafíos. En América Latina la pregunta no era sobre el sentido de la vida sino sobre algo anterior aún: la vida misma. Ella era la que estaba en juego y a la Iglesia le duelen tantas muertes tempranas ocasionadas por la pobreza, la explotación y la violencia. La pregunta de Medellín es acerca de la vida del hombre pobre latinoamericano. Por ahí pasará el aggiornamento que plantea Medellín. Por lo que luego se llamará "opción por los pobres" (expresión que, si bien puede poner su punto de partida en Medellín, no aparece nunca en el texto de sus documentos) y también por una nueva experiencia que comienza desde Brasil y se extiende con fuerza por toda América Latina: las Comunidades Eclesiales de Base. El Concilio se traduce desde estos dos fuertes acentos que, sin exagerar, aparecen como rasgos característicos de la Iglesia latinoamericana: los pobres y las CEBs. Opciones que en cada país de nuestro continente irán tomando diferentes formas, según las características culturales y los desafíos de cada región.
Un elemento más que no se puede dejar de mencionar en este resumen es el referido al método con que se estructuró la reunión de obispos y los dieciséis documentos resultantes: el ver-juzgar- actuar.Es un modo de entender la vida de fe y el sentido de esa fe para la vida. En el caminar de la Conferencia Episcopal, en Santo Domingo (1992) pareció adoptarse como método una propuesta diferente en la estructuración de su documento final. Muchos han visto con alegría y renovada esperanza la opción que Aparecida (2007) hizo al retomar el método propio de la pastoral y de la teología latinoamericana. Se restableció así el nexo histórico con las anteriores conferencias y, sobre todo, con su práctica teológica y pastoral. Desde esta experiencia renovada en Aparecida, podemos afirmar que Medellín nos sigue diciendo hoy que lo fundamental es seguir atentos a la realidad que nos circunda y llegar a ella buscando los signos de los tiempos. Eso es lo que el evangelio y la pastoralidad del Concilio nos exigen y lo que los obispos latinoamericanos nos confirmaron en su última reunión.
Carta al Hermano Pablo
En una carta al papa Pablo VI, los trabajadores colombianos expresaron la sensibilidad de los obreros en aquellos tiempos. Dice parte de la carta: "Hay ocultas fuerzas políticas, financieras, intelectuales, culturales y eclesiásticas que quieren aprovechar tu presencia y tu visita, para que les des un espaldarazo a todos sus abusos, sus privilegios, sus crímenes contra los pobres y contra los pueblos. (...) No esperamos que tú, en Bogotá, nos digas cómo tenemos que hacer la revolución, porque esto corresponde a nuestra responsabilidad e iniciativa. Pero sí, todos esperamos, hermano Pablo, que como en un nuevo Pentecostés, tú nos posesiones con el fuego del espíritu y del amor, tú nos alientes y nos animes. (...) Finalmente, hermano Pablo, nos quedamos con la gran duda: ¿la Iglesia dará el gran salto para cambiar de eje histórico? Hasta ahora el eje histórico y la "base social" sobre la cual se ha venido apoyando la Iglesia en América Latina han sido las clases poderosas". |
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