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El papa de la sonrisa, y algo más
El 6 de agosto de 1978 el Papa Pablo VI moría plácidamente rezando el Padre Nuestro. En el cónclave entre los cardenales italianos los nombres que más corrían eran los de Siri y Benelli y entre los no italianos König, Pironio, Willebrands. La clara contraposición entre Siri y Benelli hizo que los votos, también gracias al apoyo de Benelli, se volcaran sobre la personalidad sencilla, humilde y bondadosa de Albino Luciani, que les recordaba a todos la figura del Papa Juan XXIII. Justamente en honor al Papa Bueno, y a su inolvidable predecesor, tomó como papa el doble nombre de Juan Pablo I. Al hablar por primera vez a la muchedumbre en la plaza San Pedro, el Papa salió con una amplia sonrisa y lo mismo sucedió en todas sus audiencias. Los diarios y la gente lo llamaron: "El Papa de la sonrisa". El card. Luciani fue elegido 20 días después de la muerte de Pablo VI, el 26 de agosto de 1978, hace 30 años. Después de una visita a la hna. Lucía de Fátima, que lo había dejado muy turbado, solía repetir siendo ya Papa que su pontificado duraría poco y que después de él vendría un Papa no italiano. Desde el comienzo de su pontificado prometió firmeza doctrinal y a la vez seguir el camino del Concilio promoviendo una renovación profunda al interior de la Iglesia. Su padre había sido obrero y socialista; su madre lavaba platos en un asilo. Según contó su hermano Eduardo, siendo chicos andaban descalzos todo el verano para no gastar los zapatos. Albino Luciani conservó ese estilo de pobreza y austeridad durante toda su vida. En el Sínodo de obispos de 1971 propuso que las Iglesias locales de Europa y América del Norte se pusieran un autoimpuesto del 1% de sus ingresos para ayudar a los pobres del mundo. En 1976 vendió muebles y cosas de gran valor para crear un fondo en favor de los niños minusválidos y una vez llegado al Vaticano, también quería que allí se hiciera una obra de caridad, donde poder hospedar en la noche a todos aquellos que dormían en la calle. Rechazó el trono y la tiara, no quiso la silla gestatoria. Enfrentó con coraje una reforma radical del IOR, el banco del Vaticano que se había mezclado en turbios negocios. Le confió al card. Villot: "Hay hombres aquí en el Vaticano que parecen haber olvidado la verdadera finalidad de la Iglesia y la han convertido en una especie de mercado". Solía repetir: "La Iglesia no debe tener poder ni poseer riquezas". Luciani no era tan solo el Papa de la sonrisa; demostró también firmeza en sus decisiones. Al teólogo Germano Pattaro le dijo: "Yo no quiero escoltas ni soldados. No quiero que los guardias suizos se arrodillen a mi paso y que ningún otro lo haga". Decía también: "Tengo la impresión de que la figura del Papa es demasiado alabada. Hay un cierto riesgo de caer en el culto de la personalidad, que yo no quiero en modo alguno. La Iglesia es de Cristo y no del Papa". Deseaba
que un pequeño Sínodo permanente de obispos lo acompañara con
sugerencias y consejos para practicar realmente la colegialidad. Pensaba
viajar a los países pobres donde había hambre y guerra, sin ninguna
pompa. Quería rescatar las figuras de sacerdotes que habían sido
sancionados en su tiempo, como Antonio Rosmini, Lorenzo Milani, Primo
Mazzolari. Pensaba realizar una celebración oficial en la que, en
nombre de la Iglesia, pediría perdón "por el maltrato a los
judíos, por la tolerancia frente a las masacres de los indios, al
racismo y a la deportación de los pueblos africanos, por la tristísima
Inquisición y los tristísimos tiempos del poder temporal de los Papas.
Se dice que no se puede juzgar los hechos del pasado con la sensibilidad
de hoy. En este caso no es un hecho de sensibilidad, es un hecho de
verdad; la Iglesia es la conciencia crítica y profética tanto de hoy
como de ayer". El Papa Juan Pablo I se hizo famoso por sus
catequesis populares. Él mismo afirmaba: "He empleado gran
parte de mi vida buscando decir las cosas consideradas difíciles, con
palabras claras, breves y comprensibles para todos". Recordaba
cómo en las barracas de las favelas brasileñas había visto el retrato
del Papa Juan XXIII y cómo la gente memorizaba sus frases. Fue el
primero que habló de Dios como padre y madre al mismo tiempo para
manifestar la ternura de Dios. Había hecho muchos viajes a América
Latina y era amigo del obispo Helder Cámara. En el cónclave había dado su voto como futuro Papa al cardenal brasileño Aloisio Lorscheider. Pensaba escribir cartas encíclicas sobre la unidad de la Iglesia, la colegialidad de los obispos con el Papa, la mujer en la sociedad civil y en la vida eclesial, los pobres y la pobreza en el mundo". Todas estas revelaciones se deben a declaraciones papales recogidas por sus más inmediatos colaboradores. El Papa Luciani murió el 28 de setiembre, a los 33 días de su pontificado; tenía tan solo 65 años. De su muerte se hicieron muchas conjeturas y no faltaron sospechas de todo tipo. Pero hay que recordar que él sufría de hipertensión arterial y tenía predisposición al colapso y a la trombosis. La hermana que entró en su apartamento en la mañana del fallecimiento (29 de setiembre) asegura haberle visto sobre la cama un libro abierto que citaba un párrafo del evangelio (Mt 11,18-19) y una estampita con una oración suya: "Señor, deseo mucho agradarte. Acéptame como soy, con mis límites, defectos y pecados; hazme llegar a ser como tú deseas". Primo Corbelli
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