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El mensaje del Discípulo amado Junto con el Evangelio que lleva su nombre, a Juan se le atribuyen cuatro escritos más. Estos serían su primera, segunda y tercera carta, y el Apocalipsis. Respecto a las cartas, a pesar de las estrechas similitudes entre ellas en estilo literario y teología, muchos consideran que Juan no sería el autor de la segunda y la tercera. El "Presbítero" o Anciano que se presenta con este apelativo en la 2ª carta, sería un autor distinto. De todas formas, todas ellas habrían sido escritas hacia el final del siglo I entre el 80 y el 90.
La Primera Carta Es la más extensa y la más conocida de las tres. Más que carta es al igual que la de los Hebreos, una homilía, para prevenir a los cristianos de falsas doctrinas que venían circulando entre las comunidades cristianas. No parece haber una Iglesia local determinada como destinataria del escrito, sino más bien se cree que circulaba entre las comunidades de Asia Menor. La primera parte nos habla de Cristo como Verbo de Dios y luz del mundo, y presenta notables semejanzas con el Prólogo del Evangelio de Juan (Jn 1,1-18). En esta primera sección (1Jn 1,5 al 2,29) el autor presenta al Verbo de Dios, a Cristo y habla con emoción de que él y sus amigos han podido "tocar con sus manos y ver con sus ojos" al Verbo Eterno del Padre Dios. Lo que existía desde el principio,lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. (1Jn 1,1-3).Resulta conmovedora esta forma en la que el apóstol repitiendo algunos conceptos que ya manejara en su Evangelio vuelve a resaltar la corporeidad salvadora de la Palabra de Dios hecha carne, o sea hombre y hermano nuestro. De esto no ha de quedar duda y lo resalta. Por eso muchos piensan que esas falsas doctrinas que motivan la composición de esta carta son la primera manifestación del Gnosticismo. En esta primera sección el apóstol llama a aceptar a Cristo, porque negarlo y negar su existencia y encarnación es caminar en las tinieblas y no en la luz. No se trata solamente de sostener una doctrina teórica, para Juan, las verdades de fe de la cual es testigo no son doctrinas intelectuales, sino que tienen consecuencias directas en la vida de los que las aceptan, para que obren "de acuerdo a la luz". El Gnosticismo era una ideología espiritualista, que negaba que la materia y el cuerpo del hombre fueran algo bueno. Los gnósticos pensaban que la muerte no era un mal sino una liberación, ya que liberaba al alma del cuerpo que era algo malo e imperfecto, y no había sido creado por Dios sino por un demiurgo, un ser inferior al verdadero Dios. Por eso ellos negaban la encarnación del Verbo de Dios que Juan reafirma en sus cartas y que constituía la esencia del mensaje cristiano. Juan no duda en llamar "Anticristos" a los que niegan a Jesús hecho hombre y "venido en la carne" y no andan según la verdad. Son falsos profetas que no deben ser escuchados y que desvían de la verdad de Dios (1Jn 4,1-6). La segunda parte de la carta (3,1 al 4,6) habla de la necesidad de vivir una coherencia en la vida cristiana. Ya que quien dice que ama a Dios debe amar a su hermano y si no lo hace es un mentiroso y la Verdad no está en él. La tercera parte de la carta (4,7 y 5) nos habla de que la salvación no se encuentra en la observancia de la Ley, sino en el amor de Dios que es el que nos salva. Juan afirma que el hombre por si solo no puede alcanzar la salvación. Sólo puede salvarse si confía en el amor del Señor y se deja transformar por él. " El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero..." (1Jn 4,8-10).Por eso Juan exige de los cristianos una coherencia de vida. "Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijitos míos, no amemos con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad" (1Jn 3,17-18).Juan afirma que quien ama al Señor encuentra la libertad, el que cree de corazón a Jesús, supera el miedo y deja de ver a Dios como un juez castigador, dejándose transformar por el amor. No se trata de pasar por alto los mandamientos de Dios, pero para Juan, sin el amor estos son una letra muerta. Es el amor de Cristo el que le da sentido a todo, y por tanto la vida del cristiano debe estar centrada en el mandamiento del amor que Jesús nos dejó. "Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él. La señal de que el amor ha llegado a su plenitud en nosotros, está en que tenemos plena confianza ante el día del Juicio... En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor. Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: Amo a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?" (1Jn 4,16-20).Qué triste resulta comprobar que en el pasado, y aun hoy, se apela al "miedo al infierno" para llevar a la gente a la obediencia a los mandamientos, en lugar de anunciar la Buena Noticia del amor y la ternura de Dios, que nos desea salvar, sólo por pura gracia y misericordia.
La segunda Carta Con sólo trece versículos y un sólo capítulo, es el libro más breve de la Biblia. Está dirigida a una comunidad de Asia Menor y repite los conceptos principales de la primera en forma mucho más breve. Advierte que los portadores de una falsa doctrina no deben ser recibidos en la casa y ni siquiera saludados. El que aprueba sus conductas se hace cómplice del pecado y la mentira de estos falsos profetas. "Ellos son el Seductor y el Anticristo". Se trata de los mismos falsos profetas a los que se refiere su primera carta.
La tercera Carta Es también una carta muy breve de un solo capítulo y con sólo 15 versículos. Esta dirigida a un tal Gayo, posiblemente un presbítero responsable de alguna comunidad y que parece un buen referente de la Iglesia por sus virtudes y devoción. El motivo de la misma parece ser la conducta de otro Pastor llamado Diótrefes (3Jn 1,9) de vida ya no tan ejemplar. Al parecer "el Presbítero" que escribe esta carta, no es reconocido en su autoridad por Diótrefes. Éste ha tratado de cerrar la comunidad al autor de la carta y la ha tratado de aislar de las otras comunidades para apoderarse de ella "ansioso por presidirla". Este Pastor ha tomado lo que debía ser un servicio como un poder y un privilegio. Esto perjudica a la Iglesia. Es interesante descubrir cómo para el autor de la carta es un gran pecado el que las comunidades se aíslen unas de otras. Eso le quita credibilidad a la Iglesia y la aleja de Dios porque sólo en el amor fraterno pueden estas cumplir su misión. El autor elogia a Gayo porque en lugar de dividir ha tratado de unir a las comunidades y ha recibido a los enviados del apóstol en lugar de rechazarlos como ha hecho Diótrefes. Hay aquí un anuncio que nos hace descubrir las raíces evangélicas de la Pastoral de Conjunto, que enfrenta al individualismo pastoral o al clericalismo, todavía presente en las comunidades cristianas. Adueñarse de la pastoral y despreciar la colaboración activa de las otras comunidades resulta contrario a la Palabra de Dios. Eduardo Ojeda
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