Ordenación sacerdotal de Genaro Abelino

 

 

Una parábola para toda la comunidad

 

El Boletín del Santuario Nacional de La Gruta dedicó el número de octubre a la ordenación sacerdotal del diácono Genaro Abelino. Reproducimos el testimonio allí recogido.

En el marco del comentario a las parábolas que acompañan la reflexión en este año jubilar de Lourdes, se eligió para esta ocasión la parábola de "Los obreros de la última hora".

Esta parábola es como un cuento del mundo al revés, donde nuestra lógica de poder, ganancia, recompensa, habilidad, esfuerzo, no vale y se sustituye por otra lógica, la de la gratuidad absoluta, del amor misericordioso y sobreabundante que hace que los últimos sean los primeros. Esta característica de la parábola, puede muy bien ser aplicada al testimonio del Padre Abelino. La comparación no vale sólo por el hecho de ser llamado "a la última hora"; sino sobre todo por esta actitud de disponibilidad humilde, que él siempre ha manifestado en su ministerio.

Abelino es un hombre ya de edad, que después de 45 años de trabajo como obrero metalúrgico, encontró el tiempo para ponerse al servicio de la comunidad y del barrio. Fue Responsable Laico de la Parroquia de El Salvador, y en estos últimos 16 años, fue Diácono permanente en la misma comunidad. Ahora el Arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, lo llama a ser sacerdote, haciendo una excepción en la práctica habitual en la Iglesia. ¿Qué puede significar este llamado "de última hora" para todos nosotros? Seguramente no es sólo un premio consuelo, o un título honorífico: es una parábola para toda la comunidad que debe seguir escuchando en todo tiempo y circunstancia el llamado del Señor, que invita a seguirlo. Por eso el Padre Abelino eligió como lema de su sacerdocio "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad". La parábola del Dueño de la viña, que llama a toda hora y no se cansa de darle a cada uno su lugar y su recompensa, se cumple hoy, aquí, entre nosotros.

 

Hace 16 años mons. José Gottardi te ordenó como diácono permanente y ahora serás sacerdote: ¿Cuál es el motivo de este nuevo gran acontecimiento?

Mi única aspiración es poder servir lo mejor posible al Pueblo de Dios, con humildad. Este paso empezó en mi Comunidad de El Salvador (Gruta de Lourdes) y en la Zona 9; la invitación para ser cura me vino del sr. Arzobispo, que hizo saber que era un paso posible, que me animara y que me preparara; tuve una primera entrevista con él y me declaré disponible a lo que él considerara conveniente.

Él quedó muy contento, muy alegre, por esta disponibilidad mía, y me dijo que consultaría a otras personas. Al mes, me mandó llamar y me comunicó que había unanimidad de criterio para que yo fuera ordenado sacerdote. A los 2 meses vino a mi casa a confirmarme este paso y a asegurarme que después de la preparación y de la ordenación seguiría viviendo y trabajando en mi comunidad de siempre.

 

¿Cambiará en algo tu servicio a la comunidad cristiana y al barrio?

Seguramente más responsabilidad, tendré más contacto con la gente, pero siempre en la comunidad de El Salvador, con los dehonianos; aquí me formé, con el p. Emilio Vanoni, y después con los sucesivos párrocos. Todos me animaron muchísimo.

 

¿Por qué elegiste como lema de ordenación la frase: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad"?

Porque estoy dispuesto a servir donde el Señor lo disponga, donde el Señor me indique que yo puedo, porque siempre digo que soy una persona limitada, porque a muchas situaciones no puedo llegar por mi

falta de cultura, de preparación… No estoy preparado como un sacerdote, evidentemente. Mi formación está toda en la comunidad, con la gente, prevalece en mí la disponibilidad al servicio. "Aquí estoy, Señor, para servir", un lema muy querido por el P. Dehon.

 

¿Habías pensado de chico llegar un día a ser ministro de Dios?

No, nunca lo había pensado. Pensé en una vida matrimonial, me casé con Nelly, tuve familia.

Mi mamá, doña Filomena, era muy creyente, muy católica. Ella se quedó viuda, con 7 hijos. Nos mandaba a una legua y media (allá en la campaña de Cerro Largo) para ir al catecismo. Para nosotros era una fiesta todos los domingos. Por toda la tarde, unas 3 o 4 horas, se daba el catecismo, en el medio hacíamos un recreo, nos daban un boniato asado y una taza de leche y jugábamos los juegos de la época.

Del Evangelio que nos enseñaban, recuerdo sobre todo el tema de la hermandad. El canto "Juntos como hermanos". Todavía hoy en mi ministerio, el mensaje principal es la hermandad y el compartir. Yo siempre digo que lo poquito que sé, lo he aprendido con la gente, especialmente los humildes, los pobres. Me encanta trabajar con los pobres, conversar y dialogar con ellos, y visitarlos. Encuentro una riqueza impresionante en ese entorno de la sociedad, gente que muchas veces no se tiene en cuenta… por distintas situaciones, por estar alejados de la Iglesia. Ese compartir con esta gente, es precioso.

 

¿Cómo nació tu vocación al servicio ministerial, en medio de los pobres?

Yo era un simple obrero, durante 45 años de mecánica y metalúrgica. Me abrí a los demás porque vivo en un barrio pobre, y soy de familia pobre, entonces estaba en un entorno barrial que es propio mío, como en mi niñez y mi adolescencia…

Luchando con fe se puede seguir adelante, se puede progresar…

El ministerio dentro de la Iglesia lo empecé con el p. Claudio (Capellaro) y el p. Franco (Festa); todos los sacerdotes me animaron, pero el que me propuso el ministerio diaconal fue el ya fallecido p. Luciano Micheli, que era el párroco de entonces.Me acuerdo siempre de una frase que le dije, cuando estábamos comentando esa posibilidad: "¿Qué dirá el Señor de esto? ¿Serviré pa’ algo? dije yo, y Luciano me contestó: "No. ¿Qué dirás tú, al Señor?"; me cambió la pregunta. Empezamos entonces con el Cuerpo Diaconal, el acompañamiento y el discernimiento. Gracias a los dehonianos, que me dieron todo, la formación y el acompañamiento. Gracias también a los diáconos y sacerdotes de la diócesis, que siempre me animaron.

 

Con esta ordenación sacerdotal podemos decir que fuiste llamado a un nuevo servicio en la viña del Señor, en las horas de la tarde. ¿Qué opinan tus familiares y amigos?

Están muy contentos, preguntando por la invitación, quieren estar presentes. Algunos, que viven lejos (en Argentina y en Estados Unidos) me dicen que no pueden venir, pero que igualmente estarán presentes. También desde el cielo me acompañarán: mi mamá, doña Filomena, seguramente me estará escuchando y me dirá lo que tantas veces me repitió: "portate bien". También mi esposa Nelly y mi hija Anita. Nelly era muy creyente, fue ella la que me hizo volver a la Iglesia todos los domingos… incluso cuando estaba trabajando durante los fines de semana en la construcción de nuestra casa. El p. Emilio, al verla llegar, junto a la vecina, a la eucaristía del domingo sin estar acompañadas por sus esposos, les decía en broma: "Ahí vienen las viudas".

 

¿Qué mensaje vocacional darías a los jóvenes?

Mi ordenación no es tanto un acontecimiento personal sino una celebración para toda la comunidad. Me parece una gran motivación para los jóvenes.

Los jóvenes pueden, son capaces, pero a veces tiene miedo; ¡que se animen, que no tengan miedo…! Ellos necesitan al Señor y el Señor los necesita a ellos.

 

Quinto Regazzoni